Saijojo Zen

 

Existencialismo Budismo: Vía Suprema del Saijojo Zen

El entendimiento y la vivencia del Existencialismo Budista se pueden realizar en cualquier lugar y época, sin verse condicionados por el pasado, pues se trata de una Vía oscura y antisistemática. Así, los grandes precursores del Maitriyana fueron Gautama y Laozi, dilucidando un Discurso práctico y teórico con una estructura capaz de penetrar en las artes, ciencias y movimientos sociales del mundo. Esto se debe a que es un Camino Espiritual con muchas puertas posibles, basándose en una visión de convivencia y unión dialéctica. Esta indispensable cooperación implica una comprensión profunda y un conocimiento cumbre (satori) de lo Real. Por ello, los pioneros de las fuerzas constructoras de la humanidad abogan a favor de una integración de los pueblos, por lo que el conocimiento del Existencialismo Budista es un paso importante hacia el proyecto principal de una paz duradera, proporcionando un invaluable instrumento de enlace tan universal como el lenguaje matemático. El Maitriyana se une lícitamente a toda manifestación auténtica y plena de la Espiritualidad metafilosófica en cualquier parte del mundo, lo cual permite entrelazarse con otras búsquedas similares del Ser Real. De esta manera, la Vía del Existencialismo Budista constituye un extraordinario puente de enlace que unifica finalmente la Verdad de Oriente y Occidente al mostrar su recíproca identidad subyacente.[1] Mientras que en el Discurso académico las filosofías de Oriente y Occidente se excluyen mutuamente a través de la lógica aristotélica, en la filosofía perenne del Maitriyana la dialéctica paradojal conforma una doctrina lógica coherente donde todo está interrelacionado de forma universal, considerando todas las posibilidades que pueden acontecer. En definitiva, la realidad última del Existencialismo Budista es una identidad recíproca suprema en la que todos los polos opuestos se encuentran superados,[2] comprendiendo que cada visión del mundo es un nivel de referencia simbólico que puede ser realizable como un estado de consciencia del sujeto.

El Maitriyana enseña a experimentar la trascendencia de la lógica dualista y el raciocinio materialista, abordando la incertidumbre de la vida con un estado mental supraconsciente que entrelaza materia y energía, tiempo y espacio, razón e intuición, orden y caos. Así, el Existencialismo Budista proporciona un instrumento valioso de síntesis dialéctica de Oriente y Occidente, siendo una sabiduría práctica de aplicación universal frente a la imperfección, impermanencia e insustancialidad de lo Real. En los grandes maestros espirituales, como Gautama y Laozi, se encuentran ampliamente las ideas esenciales de la Espiritualidad Perenne, que es la magnífica florescencia del Maitriyana como campo del Camino Espiritual (Dao). Sin embargo, las enseñanzas del Existencialismo Budista están llenas de paradoja y desconcierto profundo, siendo accesibles únicamente a una consciencia capaz de trascender el dualismo y simultáneamente disfrutar silenciosamente del fluir de cada momento y lugar. Por lo tanto, las ideas y los hechos del Maitriyana no habrían podido subsistir sin la transmisión de Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) capaces de cuidar este notable pensamiento renovador y revolucionario. De cualquier modo, doctrinas contemplativas como el concepto de la no-mente o mente vacía tienen fuertes reminiscencias en las corrientes contemporáneas del pensamiento filosófico,[3] demostrando la validez del Existencialismo Budista.

Los maestros espirituales desarrollan una disciplina perfectamente adecuada a la relatividad y a la incertidumbre, dando sin temor un salto hacia el abismo de la Vacuidad (Sunyata), mientras se avanza con paso seguro sobre ese puente que es el ser humano en su Camino hacia el ultrasujeto o superhumano. La expresividad poética y espontánea del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) establece los lineamientos filosóficos fundamentales del Maitriyana, cuya disciplina metafilosófica de la vida tiene efectos eminentemente prácticos sobre la realidad inefable. Efectivamente, la vía poética del Existencialismo Budista condensa cabalmente el núcleo de la práctica de la meditación existencial, para la cual es esencial relacionarse con los deseos y pasiones del Ser.

En concordancia con el Maestro Hui-Neng, el Maitriyana encarna el conocimiento cumbre (satori) y no deja que se pose el polvo del Yo y del dualismo, expresando una rebelde concepción de Espiritualidad existencialista.[4] El Existencialismo Budista ha llevado el sello de lo revolucionario, estando predestinado a imprimir un rumbo dinámico a la proyección de la filosofía del futuro, pues se rebela contra el estancado y formalista conocimiento académico mientras redescubre y revive la experiencia contemplativa de la Nada-en-Ser. La experiencia de meditación existencial se traduce en una conducta de vida diaria que sublima las pasiones y deseos del Ser a través del vacío, siendo así una experiencia existencial de Desapego y Liberación de la imagen del Yo. En este sentido, al igual que el Maestro Hui-Neng, el Maitriyana enseña a no obstruir el Camino de la propia naturaleza original que es la pureza del Ser, la cual no tiene forma ni figura, pues el Despertar (Bodhi) del Sí-Mismo Vacío no respeta ninguna convención o atadura simbólica. El metapensamiento del Existencialismo Budista demuestra entonces el estrecho enlace entre el Maestro Hui-Neng con Heidegger y Sartre.[5]

La experiencia contemplativa de la Nada-en-Ser no conduce en el Maitriyana a ideas de índole nihilista, sino más bien a una actitud de Liberación, conciencia y responsabilidad en toda acción cotidiana. De esta manera, el aprendiz que practica arte por medio de la meditación existencial se vuelve uno con su obra presente. El Existencialismo Budista es entonces un modo de Ser y un estilo de vida de Atención Plena y reconciliación con lo inconsciente reprimido, transfigurando en arte al quehacer de la vida cotidiana. Según el maestro espiritual, la contemplación (zen) es la vida misma, por lo que vivir por la meditación existencial implica tomar consciencia de esto.[6]

El Maitriyana busca una vida de serenidad, enseñando la experiencia contemplativa (zen) como Camino (Do) hacia la Cura (Nirvana), por lo que sus grandes lecciones son la paciencia, el aniquilamiento de toda vanidad personal, la generación de armonía interior, la producción de una percepción lúcida y clara de la vida, y relaciones sanas y equilibradas con otros. Esto forma un clima de gran refinamiento y profunda penetración en la mente despierta (bodhicitta) a lo Real, consistiendo en un sabio apartamiento de las preocupaciones neuróticas y materialistas. Este Camino Espiritual (Do) se ha propagado por India, China, Japón y Occidente, concluyendo con el florecimiento de la meditación existencial, la cual se encuentra y reúne con vías similares como la psicoanalítica, la surrealista y la relativista.[7] La senda del Existencialismo Budista desafía a la lógica racional y a la consciencia ordinaria, aceptando la revelación de la lógica paradojal y de lo inconsciente, lo cual supera el dualismo del Ego que suele disociar al Ser y la Nada o al sujeto y objeto. Esta Verdad última de Vacuidad e Interexistencia es un metapensamiento que el aprendiz debe ejercitar en la vida cotidiana a través de la práctica contemplativa (zen). El Maitriyana aspira natural y espontáneamente a lograr un equilibrio en la vida mediante esa aplicación de la meditación existencial. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), vacío de todo estereotipo y apego, ayuda al prójimo por medio de la enseñanza inefable de un conocimiento cumbre (satori) capaz de superar el problema de la vida, a pesar de que sea incómodo definir apropiadamente lo espiritual.[8] Gracias al fabuloso instrumento contemplativo, el maestro espiritual realiza este logro a través de la síntesis dialéctica entre Ser y No-Ser, razón e irracionalidad y consciente e inconsciente. En esta metafilosofía espiritual, el Despertar (Bodhi) se produce con un arte y una ciencia mística que encuentra luz en las tinieblas de la existencia.

La visión profunda del Existencialismo Budista señala que el dualismo es una ilusión que únicamente existe en la consciencia neurótica, por lo que el conocimiento cumbre (satori) es realmente una Cura (Nirvana), siendo la experiencia de claridad que percibe lo Real tal cual es. Al igual que D.T. Suzuki, el Maitriyana define al conocimiento cumbre (satori) como la revelación de una nueva perspectiva mental, un estado de consciencia ampliada y superior (ECAS), que penetra intuitivamente en lo Real sin recurrir al entendimiento intelectual, la lógica dualista o la consciencia neurótica. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) define al conocimiento cumbre (satori) como un aprendizaje existencial que acontece súbitamente como la luz de un rayo, cambiando totalmente la vida del sujeto. Por ello, el método principal del maestro espiritual es su propio ejemplo, que es su actitud y presencia en el mundo, teniendo una profunda empatía con la vida del aprendiz mientras lo guía hacia la transformación interior, la trascendencia del dualismo y el abandono del Yo posesivo que constituye la principal barrera en el Camino del Despertar (Bodhi). El conocimiento cumbre (satori) es el Propósito (Dharma) de la meditación existencial, pues sin esta finalidad la práctica contemplativa (zen) no es más que una mera relajación. Sin embargo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) reconoce que el conocimiento cumbre (satori) no es un estado anormal, sino que es una nueva forma de pensamiento cotidiano.

En el Existencialismo Budista la Cura (Nirvana) puede alcanzarse mediante un tipo de aprendizaje especial que ha sido probado durante dos mil seiscientos años. El eje central de los distintos sistemas, métodos y ejercicios de este Camino Espiritual (Do) es la utilización de la paradoja como instrumento de comprensión intuitiva, pues al desentrañarse el significado lógico suprarracional de los contrasentidos el sujeto comprende la Verdad última de la vida. Por lo tanto, la meditación existencial del aprendiz debe durar semanas enteras, incubando la concentración profunda y la Atención Plena al examinar los problemas de la vida desde todas sus múltiples posibilidades. Evidentemente, esta práctica contemplativa (zen) conduce a la superación del pensamiento dualista y discriminador, desempeñando el papel decisivo en la transmutación del sujeto en un maestro espiritual. Así, el abandono del Yo y de la Dualidad es una tarea primordial para la meditación existencial y su meta de alcanzar la experiencia auténtica del Despertar (Bodhi) de un saber olvidado, el cual es un nuevo ojo espiritual que permite ver las cosas tal como son realmente.[9] Esta vivencia contemplativa (zen) tiene una extraordinaria intensidad, vislumbrándose una lúcida comprensión de la ilusión del Ego y de los polos opuestos. Cuando acontece esta trascendencia dialéctica paradojal, el aprendiz deja de ser egoísta, pues se ha convertido en un recipiente de la Verdad. De este modo, el sujeto se transforma en un ser sabio y noble con una actitud receptiva y perseverante hacia el influjo supraindividual de la vida, el cual sólo puede ser captado por la meditación existencial y su estado de consciencia ampliada y superior (ECAS).

El aprendiz que practica contemplación (zen) deja de estar demasiado compenetrado en la reflexión intelectual que juzga la experiencia de la vida, por lo que se aparta del Ego y del dualismo para penetrar dentro de la existencia, comprendiendo entonces que la realidad es una interconexión entre sujeto y objeto. Por ello, los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) enseñan al aprendiz a tener Atención Plena tanto hacia lo interno como hacia lo externo.[10]

El maestro espiritual, en su función de portador de cultura (kulturbärer), cree que no puede haber manifestación creadora que siendo auténtica carezca del sentido de la Espiritualidad, aunque no lleve necesariamente ese nombre. Esto se debe a que el Propósito (Dharma) del Maitriyana es el impulso liberador que disuelve los antagonismos dualistas, como el mundo interno y externo, percibiendo la coexistencia y complementación de los polos opuestos tales como consciente-inconsciente, razón-intuición y yo-otro. En el Existencialismo Budista predomina el valor intrínseco del espacio abierto de la Libertad, que es el vacío viviente y pleno de lo Real donde naturaleza y arte se interrelacionan. De esta manera, para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) la poesía está en todas partes, pues la vida cotidiana misma es un acto poético y bello.

El Maitriyana propone un estilo de vida basado en la meditación existencial, lo cual implica ausencia de pensamientos egoístas pero simultáneamente también significa la presencia de ideales que vayan acordes con los procesos de la naturaleza, como las hojas que caen en el otoño.[11] El maestro espiritual entra en los más intrincados laberintos del mundo, acometiendo a cada paso la búsqueda de lo imposible, mientras intenta vencer todos los obstáculos del Camino Espiritual (Do) a través de los verdaderos ejercicios místicos. En este sentido, el Existencialismo Budista es una Vía artística de autorrealización y conocimiento cumbre (satori) que constituye un lazo de unión y comprensión del Ser con lo Real.

En concordancia con Vogelman, el Maitriyana afirma que la experiencia del auténtico conocimiento cumbre (satori), aunque es una Cura Liberadora (Nirvana) del Sí-Mismo imposible de ser definida académicamente, su sentido inefable puede ser comprendido y vivenciado por todo ser humano, pues no es un logro de Oriente, ya que también se encuentra presente en las enseñanzas de Meister Eckart y otros grandes sabios de todos los pueblos del mundo. De hecho, las corrientes postmodernas del pensamiento psicoanalítico, existencial, relativista, cuántico y transpersonal son emparentadas, anticipadas y explicadas por la contemplación (zen).[12]

 

 

 

[1] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

[2] Ananda K. Coomaraswamy, El Vedanta y la tradición occidental.

[3] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

[4] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

[5] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

[6] D. T. Suzuki, Living by Zen.

[7] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

[8] Guy Lardreau, Discurso filosófico y discurso espiritual.

[9] Eugen Herrigel, El Camino del Zen.

[10] D. T. Suzuki, La doctrina zen de la no-mente.

[11] R. H. Blyth, El zen en la literatura inglesa y en clásicos orientales.

[12] D. J. Vogelman, El Zen y la crisis del hombre.

 

 

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