Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista

  • EL PRINCIPIO DE LA SUPERVISIÓN: ¿UNA CUARTA JOYA?
  • EL IMPASSE DE LA GARANTÍA
  • LA UNIDAD EN EL CONCILIO

 

 

EL PRINCIPIO DE LA SUPERVISIÓN: ¿UNA CUARTA JOYA?

Documento elaborado por el Comité de Acción del Concilio Budista

21 de diciembre de 2012

Este Documento quiere lanzar y participar en un debate político en el seno de la comunidad internacional que el Concilio Budista constituye. Tiene un marco conceptual preciso, la formación del maestro espiritual en las Escuelas Miembro de la AMB, y un marco político definido: el diagnóstico del Presidente sobre los efectos de la lógica desegregativa introducida por la desregulación de la práctica de meditación analítica, y la decisión de llevar adelante una política que la contrarreste.

1 – Política versus regulación

Entre los principios que sostienen la fundación del Concilio Budista, y en los que éste se apoya para ponerse en regla con sus fines éticos, debe situarse el principio de la supervisión analítica. Buda Maitreya, al igual que Siddharta Gautama, incluye la supervisión en el ámbito de la praxis meditativa y en la doctrina del Budismo puro. Por otra parte, el anudamiento entre la Escuela budista y la formación del maestro espiritual no es sólo una cuestión formal, pues se trata de abordar la estructura que articula al maestro espiritual con su formación (iluminación, enseñanzas y supervisión de la Sangha) y con las garantías de la formación (títulos de Ser Iluminado) que la Escuela budista dispensa. Desde hace muchos años, Buda Maitreya considera que la responsabilidad de la Escuela budista está vinculada por la entrada de un sujeto sufriente al análisis meditativo y por las consecuencias que esta entrada comporta para lo largo de su vida, pues pone en juego la responsabilidad que tiene sobre su existir. Concordantemente, dado que se estima una diferenciación con respecto a la regulación existente en las instituciones religiosas, se propone una supervisión que prescinda de prejuicios y factores burocráticos. Del mismo modo, el Buda Maitreya no propone al marco del Concilio Budista como una nueva regulación, mostrando así una diferencia entre regulación y política. La Asociación Mundial de Budismo no formula una regulación, sin embargo, tiene una política de la supervisión analítica-existencial-libertaria. Esta política incluye el deber no solamente de evaluar la práctica de la supervisión del maestro espiritual en formación sino, y sobre todo, la evaluación de los efectos y de los resultados de esa práctica meditativa entre los miembros de la comuna del Sangha. El Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista considera que esta política constituye un deber ético de la Asociación Mundial de Budismo. En la actualidad, en las Escuelas budistas de la AMB la regulación de la supervisión no es susceptible de violación, por la sencilla razón de que no existe ninguna regla estatutaria al respecto. El desafío consiste en definir una política de la supervisión que sea estructuralmente distinta de una regulación; tal es la apuesta que propone la Asociación Mundial de Budismo a las Escuelas budistas. En el Acta de Fundación de la AMB, la Supervisión de los aprendices en formación es una de las tres subsecciones de la Sección de Budismo puro. Esto funciona como balance contra el uso desviado que se hace del principio analítico fundamental del Buda Maitreya: “el maestro espiritual se autoriza de sí mismo”. En el contexto mundial contemporáneo, que es el del Séptimo Concilio Budista, pero también el de un mundo capitalista y neoliberal en el que la desregulación es sinónimo de libertinaje, se debe plantear una nueva relación con la supervisión. Para ello, la AMB propone una política que permanezca fiel a la ética del Budismo, para no desconocer -como sucede con la regulación al estilo de la religión-, no sólo esa Ética de la Liberación que postulamos, sino los principios analíticos-existenciales con los que operamos en nuestra práctica meditativa. Es una posición primaria el plantear la reubicación de la supervisión en las Escuelas budistas como uno de los instrumentos a utilizar para contrarrestar la pendiente hacia la religiosidad y para la preservación del Budismo puro.

2 – La formación y su garantía

La Asociación Mundial de Budismo, por las mejores razones esgrimidas por Siddharta Gautama en la fundación del Camino Budista, no reglamenta la práctica de la supervisión sobre sus miembros, no estableciendo ningún tipo de lista de direcciones a seguir. Pero, sin volverlo obligatorio, la Asociación Mundial de Budismo debe ofrecer la posibilidad de una supervisión calificada a cualquier miembro -institución, profesional o aprendiz- que lo demande. La supervisión como parte de la formación meditativa es una responsabilidad que cada uno debe asumir por su propia cuenta y riesgo en la medida en que participa en el Budismo y que ha comprometido su propia práctica con la experiencia de la Escuela budista. Para poder ser guiado hacia el Despertar, no se puede prescindir de la supervisión, pues se debe aprender a servirse de él. Resaltando entonces la prudencia institucional del lado de un deber ético y no del de la reglamentación, la práctica de la supervisión del aprendiz en formación queda anudada a la Escuela budista y, en definitiva, con la Asociación Mundial de Budismo, la cual puede y debe garantizar la relación del aprendiz con la formación que ella dispensa. Garantizando formaciones aptas, la Comisión de Garantía de la AMB vela por la práctica de la supervisión, considerándola seriamente como criterio para otorgar el título de Maestro o Ser Iluminado. En el momento de la admisión como miembro de la Asociación Mundial de Budismo, la Comisión de Garantía pone énfasis en el tema de la supervisión, evaluando profundamente el estado de la formación del nuevo miembro que quiere entrar en la AMB, pues éste es un punto crucial a la hora de guiarlo hacia el Despertar y el correcto ejercicio del Budismo. Esto implica que el miembro de la Asociación Mundial de Budismo debe desprenderse necesariamente de todo preconcepto acerca de la Espiritualidad. Así, la Comisión de Garantía considera a la función de la supervisión como una parte más de las enseñanzas, aunque sus advertencias críticas se asemejen más a la experiencia traumática de la Nada. Por tal motivo, la Asociación Mundial de Budismo también genera un profundo debate y cambios en las instituciones, pues la praxis de la supervisión tampoco escapa a las Escuelas miembro, a las cuales se les muestra la interrelación dialéctica del Budismo con el Psicoanálisis y el Transpersonalismo.

  1. a) La supervisión mantiene con el análisis meditativo una relación necesaria con fines de formación, y su ejercicio no escapa a esa regularidad cuasi ritualista que sostiene la meditación analítica.
  2. b) A diferencia de la meditación analítica, que es terminable cuando el sujeto alcanza la Iluminación, la formación del maestro espiritual puede plantearse como interminable, en resonancia con el sublimatorio Deseo de saber que lo anima, siendo sostenida por enseñanzas existenciales que también hacen perseverar en la causa común de las prácticas libertarias.
  3. c) La práctica de la supervisión forma parte de las garantías que la Asociación Mundial de Budismo ofrece con fines de formación. Los títulos de la AMB garantizan por sí mismos que el ejercicio de la supervisión se impulse desde ese deseo nunca en reposo inherente a la práctica analítica meditativa.
  4. d) La supervisión es un modo de Desapego del deseo, en su doble vertiente: el deseo del aprendiz en formación y la formación del deseo del maestro espiritual.
  5. e) La Asociación Mundial de Budismo, al ofrecer la posibilidad de que sus miembros declaren su práctica, no realiza un ofrecimiento neutro, pues impulsa a un Compromiso. Sin realizar prejuicios ni calificaciones, se garantiza una práctica que libera al miembro de todo conocimiento ilusorio, aproximándolo a la dimensión ética implicada en su declaración de sumarse al Camino búdico.
  6. f) La supervisión no tiene ningún valor si se limita a pautar las relaciones del aprendiz meditativo con los demás. La supervisión no vale nada si no apunta más allá de lo personal, esto significa que apunta a las relaciones con el Budismo.
  7. g) El principio según el cual el maestro espiritual se autoriza de sí mismo no implica que los efectos analíticos, constantes en nuestra práctica meditativa, queden fuera de la supervisión. Que la cuestión de la supervisión ejercida por la Asociación Mundial de Budismo produzca impasses institucionales requiere que se lo debata en el momento presente y que se evalúen sus resultados con la experiencia de las Escuelas budistas a la vista. Es preciso actualizar su doctrina, su práctica y su ética por medio de una síntesis dialéctica con el Psicoanálisis y el Transpersonalismo.

3 – El estado de cosas sobre la Supervisión

Es muy diferente supervisar un caso de un sujeto miembro que el de una institución miembro, pues mientras el sujeto revela su Ser en los actos, las escuelas lo revelan en sus enseñanzas. El panorama en las Escuelas de la AMB muestra un uso difundido y discreto de la supervisión, el cual funciona con regularidad a lo largo de muchos años, con uno o varios supervisiones en los que se tratan tanto las dificultades del día a día de la práctica meditativa, como el seguimiento a largo plazo de un mismo caso. Sin embargo, existe cierto consenso en admitir que en gran medida esta práctica es irregular para la mayoría de las Escuelas budistas del mundo, las cuales no están acostumbradas a ser supervisadas o más bien guiadas por una política integral. La supervisión suele estar más propiciado por las urgencias subjetivas del caso, que por la convicción de la relación necesaria con la formación del aprendiz, con el deseo de saber y con aquello que en cada uno debería llevar a querer verificar la orientación de su práctica espiritual. La supervisión permite constatar muchas veces una confusión frecuente en quienes comienzan su formación meditativa, los cuales asemejan el Budismo con la religiosidad. También se puede verificar por medio de la supervisión, el deslizamiento al ejercicio religioso en quiénes afirman practicar el Budismo. Este desfasaje parece indicar una dificultad cuyo resultado más inmediato es que el aprendiz opera conforme a reglas que no comprende, reduciendo la supervisión al nivel de un ejercicio técnico, en lugar de considerarlo como una supervisión propiamente analítica-existencial-libertaria. La práctica de la supervisión no es la búsqueda de una solución técnica, como tampoco es un mero ajuste de la táctica, sino que más bien se trata de la verificación de la estrategia y de la posición del aprendiz respecto de la transferencia con su maestro y con la política de la disciplina, permitiendo extraer la lógica de esa cura iluminativa que promete el Camino Espiritual. Se podría decir entonces que existe el riesgo de un deslizamiento de la supervisión espiritual en un control religioso; riesgo que debe ser entendido para evitar caer en esta vía incorrecta. Se verifica también, en los miembros de mayor recorrido meditativo, una supervisión muy esporádica o directamente el hecho de que se deja de supervisar a partir de un momento de la formación espiritual. Se presenta allí un problema de estructura respecto de la posición del maestro espiritual y el deseo de saber, que ha sido oportunamente estudiado en el pasado y que merece ser retomado con suficiente atención. A partir del deslizamiento a lo religioso, se busca resolver la coyuntura dramática de la cura iluminativa por medio de supervisaciones superficiales que únicamente suponen el obtener ventajas institucionales.

4 – Una nueva dinámica

El debate sobre el ejercicio de la supervisión, puesto en primer plano en el trabajo iniciado en el marco del Séptimo Concilio Budista, está en la vía -como lo señaló Buda Maitreya- de la necesidad de formular una teoría de la formación que tome en cuenta la iniciación y la transmisión del Propósito, pero que no unilateralice la formación sólo del lado de la relación maestro-aprendiz. Para reubicar la práctica de la supervisión en nuestra vasta comunidad budista y dentro del mencionado marco analítico-existencial-libertario de la Asociación Mundial de Budismo, no se trata de formalizar una vigilancia sobre los aprendices o las escuelas miembro, sino de propiciar a la supervisión como lo que es verdaderamente: el comentario continuo del acto meditativo por el maestro espiritual. Un instrumento que el aprendiz tiene para verificar el particular abordaje de lo Real que se obtiene por la operación meditativa, así como un lugar de constatación posible de la eficacia analítica del Budismo. Se trata de imprimir una nueva dinámica a la formación del aprendiz y del maestro en las Escuelas de la AMB. Más que crear nuevas reglas se trata de organizar la contingencia, comprometiendo a las Escuelas en la práctica generalizada y razonada del encuentro dialéctico del Budismo con el Psicoanálisis y el Transpersonalismo. La cura iluminativa, la enseñanza existencial y la misma supervisión libertaria son artificios dispuestos a recibir la chispa de la causa revolucionaria que el Budismo postula. Se trata de poner al Budismo en la apropiada relación de Desapego de lo religioso, asegurando las garantías que se deducen de dicha Liberación. Hacer uso de la Vacuidad para renovar la estructura de la práctica en su conjunto. Se trata de producir activamente los medios para sublimar la vida hacia la práctica de la supervisión y correlativamente de no admitir ningún aligeramiento de las exigencias que deben recaer sobre los practicantes del Budismo en tanto la Espiritualidad los compromete con la Verdad. Es incidir para encausar en cada uno la disciplina meditativa a la que obliga estar en el Budismo, preservando simultáneamente el hecho de que la supervisión da lugar a un efecto sorpresa que ningún estándar como tal debería estereotipar. En la vía de asegurar y mantener intacta la fuerza constante pulsional de la que el Discurso Espiritual Budista se hace agente, procediendo al examen y reactualización de la función de la supervisión, se contribuye a cimentar la solidaridad de las garantías de la que forma parte el Séptimo Concilio Budista.

Director del Comité de Acción: Buda Maitreya (Necochea, Argentina). Diciembre de 2012

 

 

 

 

EL IMPASSE DE LA GARANTÍA

Después del Documento sobre la Supervisión, el Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista quiere ampliar el debate a la cuestión de la garantía. La Asociación Mundial de Budismo dispone de dos tipos de garantías:

1) La primera es aquella demandada por el aprendiz y acordada por su maestro espiritual, después de su deliberación y tras el informe hecho por la comunidad budista. El título de Ser Iluminado puede entonces ser otorgado. Esta nominación está fundada sobre una performance, cuando a partir del testimonio del candidato y habiendo convencido a la comuna del Sangha, se ha logrado dar cuenta del pasaje de la posición de aprendiz a la del maestro, resultado sobre lo Real, que indica el final de un análisis meditativo que ha llegado a su término. Aquí, la validación la otorga el maestro y la Escuela budista.

2) La segunda es aquella que la Asociación Mundial de Budismo otorga al maestro espiritual que ha finalizado sus pruebas. En principio, nombrándolo Ser Iluminado, el maestro y la Escuela budista reconocen que ese practicante surge de su formación meditativa, y más aún: que ha dado pruebas de una formación suficiente. Sin embargo, el Buda Maitreya afirma que la Comisión de Garantía debe evaluar las mencionadas pruebas de dicho Despertar a fin de reconocerlo o de completar correctamente con su formación analítica-existencial-libertaria. La Asociación Mundial de Budismo ofrece a las Escuelas budistas una política de la garantía, a partir de los fundamentos legados por Siddharta Gautama, frente a un mundo cada vez más religioso y materialista, con el fin de mejorar su uso para la experiencia del Budismo.

I – LA GARANTÍA DEL SER ILUMINADO Y SU CAMPO

La garantía del Ser Iluminado se presenta a partir de ello como el campo de acción de la Comisión de Garantía de la Asociación Mundial de Budismo, la cual está encargada de seleccionar a los miembros para nominar bajo ese título, es decir, a los maestros espirituales que han declarado que surgen de la formación meditativa de la Escuela budista. Por debajo de esta garantía de formación, existe la primera garantía, que es la de la Escuela, la cual surge del proceso de iniciación y transmisión del Propósito y que alberga el procedimiento en el seno de la relación maestro-aprendiz. Esas dos garantías se distinguen entre sí. La primera garantía del Ser Iluminado parte de una demanda, suponiendo una performance efectuada por el sujeto en un procedimiento evolutivo preciso que es confirmado momentáneamente por la Escuela. La segunda garantía no se solicita, pues no se funda sobre una performance específica en una Escuela, sino en el campo total de la vida, lo cual significa que el título de Ser Iluminado otorgado por la Comisión de Garantía de la Asociación Mundial de Budismo es una titulación permanente, subrayando la práctica verificable de la Espiritualidad. Pero la nominación de Ser Iluminado en el marco de la AMB implica una apuesta problemática, pues el maestro espiritual se autoriza por sí mismo, lo cual es el principio analítico decisivo de la posición de la Escuela budista. La Asociación Mundial de Budismo no interviene en absoluto en esa autorización, la cual debe ser distinguida radicalmente de la garantía. El Ser Iluminado, en efecto, no se garantiza por sí mismo, tal como lo recuerda Buda Maitreya, siendo necesario entonces la Garantía tanto de la Escuela como de la AMB, las cuales analizan fundamentalmente la relación del maestro con el Budismo. El Ser Iluminado le permite a la Escuela budista poder verificar qué tipo de Budismo produce, mientras que para la Asociación Mundial de Budismo le permite verificar qué tipo de formación produce la Escuela. Por lo tanto, la cuestión de la garantía es algo fundamental para supervisar la transmisión y el avance de la Espiritualidad. En este sentido, el Ser Iluminado no son de ellos mismos, lo son de la Escuela y de la AMB. Así, existe sólo una sola autorización, que surge del propio Despertar, mientras que existen dos tipos de garantías, heterogéneas y asimétricas, inclusive si ambas están articuladas entre sí, como sucede con las Escuelas miembro de la AMB. La iniciación y transmisión del Propósito verifica la producción del maestro como conclusión del recorrido del aprendiz en el procedimiento de la meditación. El Ser Iluminado garantizado por la Escuela es el testimonio del fin del acto analítico meditativo. Para que haya un maestro espiritual es preciso que éste sea producido, y es producido por el acto de la meditación analítica. Pero ese producto de la Escuela, el maestro espiritual, no implica que esté formado completamente en enseñanzas existenciales y libertarias, por lo que es fundamental que la instancia post-iluminativa esté garantizada por la Asociación Mundial de Budismo. La producción del maestro espiritual y su formación no son equivalentes, incluso si no existe la formación del maestro sin su producción, por el hecho de que la formación del maestro no es pensable sin implicarlo como practicante, es decir, sin poner en juego la práctica misma del Budismo. En la Garantía de Escuela, la única práctica en juego en la producción de un Ser Iluminado es la práctica de los maestros que lo precedieron, es decir, la propia práctica como aprendiz ya cumplida por los formadores. En la Garantía de la AMB, en cambio, ocurre que el Ser Iluminado ya tiene su propia práctica analítica como maestro, siendo a partir de ésta que será nominado para tal distinción. El hecho es que un maestro espiritual que pase por tal procedimiento de garantía atestiguará la importancia que tiene sobre él esta nominación, además de la incidencia singular sobre su práctica. Vale la pena, pues, señalar la diferencia entre el maestro graduado y el maestro practicante. Ellos no emergen de la misma selección y su heterogeneidad corresponde a los dos títulos de Ser Iluminado: uno el que otorga la Escuela, y el otro el que otorga la Asociación Mundial de Budismo; es decir, las dos vertientes asimétricas de la garantía. Su distinción apunta a la producción y a la formación del maestro espiritual. ¿No valdría la pena señalar la necesidad para el producido analíticamente maestro graduado, preocupado con razón por su formación, el no omitir su relación con las enseñanzas existenciales y libertarias? ¿No valdría la pena señalar la necesidad para el producido analíticamente maestro graduado, preocupado con razón por su formación, el no omitir su relación con las enseñanzas existenciales y libertarias? El Buda Maitreya considera la nominación de Ser Iluminado otorgada por la AMB como una invitación a presentarse a la refundación de la transmisión espiritual. En el presente, el acento debe estar puesto sobre la formación analítica-existencial y libertaria. Pero, lo que permanece, es la pertinencia renovada de las dos vertientes, sin olvidar ninguna, y con su heterogeneidad de principio.

II – El SER ILUMINADO EN LA ESCUELA CONTEMPORÁNEA

La Asociación Mundial de Budismo constata que las elaboraciones sobre la producción analítica del maestro espiritual son mucho más numerosas y precisas que sobre su formación existencial y libertaria. La iniciación y transmisión del Propósito, o pase analítico, los datos suministrados por su procedimiento, así como el testimonio de los maestros, están en un primer plano en la Escuela. Siddharta Gautama lo quiso así, para levantar el velo sobre el final del análisis meditativo y sobre lo que es el maestro graduado, allí donde la religión había puesto el acento únicamente sobre la fe en lo metafísico. Múltiples consecuencias han resultado de la experiencia de la transmisión analítica meditativa, entre ellas, una transmisión viva del Budismo, que pone en un primer plano lo inédito y la novedad del deseo del maestro espiritual. Mientras tanto, el Ser Iluminado nominado por la AMB y la garantía de formación del practicante del Budismo, quedaron más bien, en la sombra, al menos hasta la fundación de la Asociación Mundial de Budismo. Para dar un fundamento real a esta nominación, ningún procedimiento original fue inventado, tampoco hay que formular ninguna demanda para acceder al título de Ser Iluminado –o maestro practicante- de la AMB. Siddharta Gautama dejó entender que esperaba mucho del maestro graduado –o Ser Iluminado garantizado por la Escuela-, pero nunca mencionó nada acerca del maestro practicante reconocido por una Asociación a nivel mundial, lo cual no responde sino a una necesidad de cara al mundo contemporáneo. El Ser Iluminado garantizado por la AMB debe ser elegido, según el Buda Maitreya, en función de un sentido común que evoca el peso espiritual de la persona, allí donde el humor, las relaciones personales y las influencias en el mundo tienen una incidencia profunda. La máxima que el maestro espiritual se autoriza por él mismo no excluye, de ninguna manera, el hecho de que la selección que garantiza la evolución, permitiendo un discernimiento analítico meditativo al menos tan riguroso como nunca lo había sido. Entonces deberá tenerse en cuenta la puesta en cuestión permanente de la formación existencial-libertaria que constituye el pase por la Asociación Mundial de Budismo para la delegación del título de Ser Iluminado, por cuanto que la AMB garantiza no solamente la competencia, sino también, la regularidad de la práctica meditativa de sus tres jurisdicciones, en el nombre de aquello que la especifica: la cualidad analítica libertaria. Para tal fin: Pide su acuerdo al maestro tutor del sujeto; Recoge el testimonio de sus pares; Informa de la calidad meditativa del trabajo del que el sujeto ha hecho prueba en una actividad de grupo o en un escrito; Si las informaciones recogidas no parecen suficientes, la AMB convoca al sujeto para recoger todas las informaciones concernientes a la cualidad analítica-existencial-libertaria de su trabajo. Podemos observar que no hay precisiones que contradicen la tesis según la cual el AMB representa, en el plan de la formación analítica-existencial-libertaria, lo que queda de la Espiritualidad contemporánea en el Séptimo Concilio Budista. En los hechos, estos datos son recogidos en el curso de las deliberaciones de la Comisión de Garantía de la AMB. Ciertamente, los Seres Iluminados son nominados tras haber dado cuenta verdaderamente de las enseñanzas a las cuales está constreñida formalmente su existencia. De este modo, la nominación del Ser Iluminado por parte del AMB va más allá del análisis de la experiencia subjetiva propia del nominado, e incluso trasciende a la transmisión epistémica que ha recibido éste. Lo que se busca son entonces pruebas suficientes de una formación meditativa recogida de los hechos. Así, el Ser Iluminado puede ser definido, en este ámbito, como simplemente un miembro de la Asociación Mundial de Budismo nominado por la Comisión de Garantía. Siddharta Gautama, indudablemente, lo quiso así, haciendo que el título no fuera ni el objeto de una demanda, ni algo deseable ni tampoco brillante. Como cualquier titulación, es un semblante, pero sobre presencia de una performance que lo fundaría en lo Real, acercándolo a una pertinencia analítica precisa. Las ventajas que de allí se desprenden son patentes. La competencia profesional que se supone que el título de maestro espiritual sanciona debe estar suficientemente documentada, quedando abierta a nuevas oportunidades de perfeccionamiento y, al mismo tiempo, debe quedar cerrada ante las influencias políticas del Poder estatal y religioso, en el sentido más peyorativo del término. La oscuridad en la que se ha mantenido el rango de Ser Iluminado atenúa los efectos de cualquier tipo de dominación, aunque no se debe contentar con esta situación, pues en la actualidad este título debería encontrar una mejor pertinencia teniendo en cuenta su función en la extensión del Budismo, sea en su crecimiento interno como en su relación con el mundo. Evidentemente, la situación del Budismo ha cambiado en el mundo; y esta situación es muy diferente de aquella que Siddharta Gautama conoció, cuando estableció las condiciones que le parecían necesarias para la obtención del título de Ser Iluminado. La nueva atención dirigida a la formación del maestro espiritual, a lo que la práctica del Budismo tiene de específico en la era de las religiones superficiales, impone una renovación del tratamiento del título de Ser Iluminado, el cual debe ser un maestro espiritual que se autoriza por sí mismo pero que simultáneamente es garantizado por una Escuela y una Asociación Mundial. Incluso exige al Séptimo Concilio Budista hacer un mejor uso de sus Seres Iluminados participantes, más allá de su inscripción en una lista de oradores o exponentes. El cuestionamiento permanente sobre la formación del maestro espiritual es lo que podría hacer de contrapartida a la permanencia del título de Ser Iluminado. Para explorar otros caminos que permitan atravesar el umbral del impasse de la garantía es indispensable entonces que la formación se expanda a través de la relación dialéctica del Budismo con el Existencialismo y el Relativismo.

III – CAMINOS DIVERSOS

Es necesario formular una teoría de la formación que tome en cuenta la transmisión del Propósito, pero que no unilateralice la formación sólo del lado del pase analítico. Para el Budismo, es de suma importancia la puesta en juego de las relaciones que mantienen con él los maestros espirituales. La cuestión se presenta en cada cura iluminativa y concierne al principio de la supervisión que no cesa de relanzar la presencia de esa relación. Ésta es tan primordial como las relaciones que los maestros espirituales mantienen entre ellos en la Escuela o Comuna, que es su lugar electivo, pero también como las relaciones que los maestros espirituales mantienen con la AMB, que es donde la Escuela está implicada igualmente. La fundación del Séptimo Concilio Budista, en su posición de extimidad con relación a todas las Escuelas budistas, podría abrir nuevas vías, y especialmente un nuevo abordaje para el título de Ser Iluminado –o maestro practicante- de AMB. Se puede deducir de la política budista que es necesario un equilibrio dinámico entre el semblante y lo Real en la institución meditativa para tratar ese vínculo de los maestros espirituales con el Budismo. La cuestión de la formación existencial plantea paradojas, como la que Buda Maitreya mismo llamó la atención cuando afirmó que no hay formación del maestro, sino formaciones del No-saber. Sin embargo, Siddharta Gautama planteó en la fundación del Budismo que la Escuela o Comuna puede dispensar una formación que se debe garantizar para cada caso. Por otra parte, la Asociación Mundial de Budismo, cada vez que nomina un Ser Iluminado hace una suposición de saber-hacer en la experiencia del maestro practicante que orienta la cura iluminativa más allá de lo terapéutico, es decir, hacia el campo de lo Espiritual. Esa nominación garantiza los resultados de la práctica analítica meditativa del Ser Iluminado, a pesar de que priorice su foco sobre la cuestión de la formación existencial. Es un título que provee una garantía a quien recurra a él como maestro espiritual, formulando su demanda a un maestro miembro de la Asociación Mundial de Budismo, formado existencialmente, maestro que intentará responder a esa demanda produciendo el efecto del Despertar en el sujeto, por el que se precipita la decisión por entrar no sólo en un lazo social inédito sino también en el Discurso analítico-existencial-libertario de la Espiritualidad Budista. Esta garantía dada por la AMB puede ser verificada en su fundamento dinámico puesto que su ser de semblante está apoyado en lo Real. Se plantea la cuestión de una performance para el Ser Iluminado, aunque es difícil encontrarla cuando no se pida el título de Ser Iluminado. Para ello hay una propuesta firme: un maestro practicante será nominado Ser Iluminado por la AMB cuando uno de sus aprendices sea nominado como Ser Iluminado por la Escuela budista. Si el maestro espiritual es ya Ser Iluminado de la AMB, entonces, sus aprendices tendrán mayor reconocimiento para alcanzar tal nominación en la Escuela budista. Ciertamente, haber conducido la cura iluminativa de uno de sus aprendices hasta su nominación como Ser Iluminado por la Escuela es una garantía sobre la práctica del maestro de cualquier aprendiz. La performance de un maestro practicante es indiscutible, aún si sólo se lo puede hacer valer en casos excepcionales. Ciertamente, esta proposición del Buda Maitreya es una solución general al problema de los soportes para la nominación del Ser Iluminado garantizado por la Escuela y por la AMB. El número de maestros espirituales susceptibles de devenir por esta vía es muy significativo estadísticamente. No obstantes, la Asociación Mundial de Budismo está abierta a reconocer casos excepcionales y muy raros, sobre todo a aquellos Seres que han Despertado sin ningún tipo de linaje o incluso también a aquellos sujetos Libres que pertenecen a otras tradiciones espirituales. Recordemos aquí el relieve dado por Buda Maitreya a la Unidad de la Espiritualidad analítica-existencial-libertaria. Ante todo, la disposición de la AMB para nominar como Seres Iluminados o maestros practicantes podría corregir aquella situación perversa que presupone pensar que un maestro graduado es perenne, lo cual anula el carácter práctico del Camino budista. Si la Espiritualidad es una praxis, por lo tanto, no hay nada sustancial en adquirir tal logro. Esto obviamente implica una difícil tensión entre los dos títulos de Ser Iluminado: uno garantizado por la Escuela (maestro graduado) y otro garantizado por la AMB (maestro practicante). Así, en el marco del Séptimo Concilio Budista se formaliza la estructura del grado y de la jerarquía de los maestros espirituales. Ante la AMB, demostrando su pase analítico y su formación existencial libertaria, el maestro espiritual puede convertirse de maestro graduado a maestro practicante. Anteriormente, el estatuto permanente de los Seres Iluminados nominados por la Escuela había conducido a los maestros espirituales a encastrarse en su casta o linaje. Ahora, por su estatuto integral, el maestro espiritual debe estar abocado a encasillarse en representación de todo el Budismo eterno. Sin embargo, el maestro practicante nominado por la AMB, debe ser cuidadoso de estar apegado a la investidura de saber ligado a su antigua función de maestro graduado de Escuela, no debiendo convertirse en Maestro espiritual Amo de la Escuela. El buen uso del título de maestro practicante –o Ser Iluminado de la AMB- sería conservar su estatuto de semblante de saber siempre en referencia a lo Real, es decir, fundándose en el ejercicio de un semblante de Vacuidad, permitiendo así no sólo la orientación de los aprendices hacia la cura iluminativa sino también el deseo de saber que es el soporte del maestro espiritual. Se trata de un saber articulado por los tres pilares del Discurso analítico-existencial-libertaria (BuddhaDharmaSangha), el cual tiene el poder de dirigir las garantías al lugar de lo público.

IV – ¿HACIA UN NUEVO SER ILUMINADO?

Se trata de encontrar una nueva utilidad al título de Ser Iluminado a partir de sus pertinencias, particularmente en la perspectiva de un abordaje renovado de la formación meditativa del maestro practicante del Budismo. Pero también, podría ocurrir que en el marco de la Asociación Mundial de Budismo hubiera lugar para reflexionar sobre posibles modificaciones de los procedimientos meditativos que conducen a la sanción de este título, a partir del Concilio Budista y de su posición superior con relación a las Escuelas budistas. Buda Maitreya evocó el deseo de ver perfeccionado el procedimiento de nominación de los Seres Iluminados. La reformulación de los principios para el establecimiento de la garantía podría contribuir a reinventar la Escuela budistas a la hora de franquear el siglo XXI, sintetizando al Budismo no sólo con el Psicoanálisis y el Transpersonalismo sino también con el Existencialismo y el Relativismo. El maestro espiritual se define por su deseo sublimado a lo largo del curso de su práctica analítica existencial libertaria. El ser maestro graduado nominado por la Escuela certifica que es un maestro espiritual, pero posteriormente debe poner en juego en el caso por caso de la práctica meditativa una formación existenciaria capaz de analizar lo Real en la contemporaneidad. Así, se hace uso del Budismo aplicado tal como es definido en el Acta de fundación de la AMB distinguiéndolo del Budismo puro, dado que el Budismo aplicado se caracteriza por el ejercicio del acto analítico meditativo que, sin desplegar todos sus efectos, evita por lo menos que la Espiritualidad Budista sea degradada por su reducción a la simple religiosidad. Estas cuestiones y otras que puedan surgir nos ayudarán a cernir los contornos de la nominación del Ser Iluminado por parte de la AMB. Por sobretodo, hará falta sostener la apuesta sobre la necesidad del principio de la supervisión como la principal prueba de capacidad, según los principios enunciados en el Documento precedente del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista. Estos debates a suscitar son los que pueden reanimar el interés que presenta la cuestión de la garantía en el momento del Concilio Budista, otorgándoles la palabra tanto a maestros graduados como a maestros practicantes. En definitiva, el Buda Maitreya señala que, o bien nos mantenemos aquí, es decir, en la práctica meditativa cuyo nombre es Budismo, o bien vamos más allá, haciéndola evolucionar hacia nuevas fronteras. Mantenernos aquí, es estancarnos en un lago, no es hacer olas, lo cual reniega de la historia de la Espiritualidad Budista, la cual ha mutado en múltiples ocasiones, creciendo y desarrollándose a partir del contacto con otras tradiciones espirituales. Como mucho se hará saber discretamente que lo más auténtico de la Espiritualidad es la evolución, por lo que ir más allá sería definir al Budismo en términos del Psicoanálisis, el Transpersonalismo, el Existencialismo y el Relativismo. Ergo, hay con qué lanzar un verdadero debate en el Séptimo Concilio Budista.

 

 

 

 

 

 

LA UNIDAD EN EL CONCILIO

Introducción

El Séptimo Concilio Budista es una experiencia inédita. Es una experiencia existencial producto de la transferencia analítica entre maestro y aprendiz; una experiencia de trabajo libertario inseparable del mundo, que debe ponerse a disposición de todos los pueblos de acuerdo a la propuesta de Siddharta Gautama para ser interpretada a la manera de una cura iluminativa, la cual dirige a la sociedad hacia la Liberación. La Asociación Mundial de Budismo, por este hecho, puede pretender legítimamente la condición de experiencia libertaria. Para que la operación de la AMB sea pensable como Libertad es preciso preservar el estado de interdependencia e interexistencia en el conjunto de sus miembros. Y el Séptimo Concilio Budista es creado para estar en la posición de Interser, es decir, para mantener vivo el fundamento dinámico de la sabiduría y como un medio de mantener un vínculo de trabajo entre todas las comunidades de experiencia meditativa, en tanto las mismas son un lugar de posibilidad especial de recibir las condiciones de producción espiritual del Discurso analítico-existencial-libertario. Como superior de las Escuelas budistas, la AMB tiene la vocación de erigirse como un Guía de las Escuelas y comunas miembro. El Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista, que concluirá su función después de años de experiencia y debate translingüístico, antes de que se proceda a su finalización, desea someter a la reflexión de la comunidad budista internacional algunos puntos del análisis sobre el entrelazamiento de la experiencia del Séptimo Concilio Budista entendida como posibilidad de aprendizaje, cura y evolución. Para ello tomará como punto de orientación el trabajo interno realizado por el Buda Maitreya, para intentar cernir la experiencia inaugural de la Asociación Mundial de Budismo.

1 – El balance de la propuesta del Séptimo Concilio Budista que hace el Comité de Acción.

Las dificultades de funcionamiento que encontramos en nuestro trabajo de Reconciliación y Síntesis de la gran familia budista no son simplemente dificultades internas de este humilde organismo que es la AMB (como distribución del trabajo, organización o energías disponibles), sino que más bien esta dificultad de existencia es inherente a las Escuelas, reflejando la impermanencia e insustancialidad de sus estructuras, las cuales deben ser interpretadas analíticamente para así poder extraer de ello una enseñanza existencial posible para la transmisión libertaria del Budismo en el conjunto de nuestra comunidad budista. Las enseñanzas que podemos extraer de las dificultades que el Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista ha encontrado son múltiples.

2 – La AMB: del concepto a la praxis

Con la presentación del Discurso analítico-existencial-libertario, como refundación del Buddha-Dharma-Sangha, Buda Maitreya hizo su presentación formal en el mundo. A partir de aquí, la posibilidad inédita de una Asociación Mundial de Budismo pasó a ser de un concepto a ser una práctica. La teorización de la AMB como concepto tenía como objetivo demostrar la pertenencia de la Escuela -esto es, de la comuna o institución meditativa- al campo de los conceptos fundamentales del Budismo. La Asociación Mundial de Budismo no es un cuerpo institucional separado del campo conceptual de la Espiritualidad Budista. Sólo la existencia institucional de la AMB puede efectivamente exigir que, de modo permanente, se mantenga la tensión entre el plano de lo particular subjetivo y el plano universal de la transmisión del Propósito. Esta es la finalidad fundamental de la práctica de la AMB: hacer de Guía a las Escuelas budistas. La Asociación Mundial de Budismo es elevada de concepto a práctica en virtud de que su existencia no puede separarse de la Espiritualidad Budista, ya que la praxis de la AMB es el operador que posibilita la propia transmisión de los conceptos budistas de cara al Futuro. Sin embargo, el pasaje del concepto a la praxis, efectuado por Buda Maitreya con el Discurso analítico-existencial-libertario, pone en primer plano la contingencia de lo singular que, como tal, agujerea y reorienta estructuralmente la función espiritual de la Asociación Mundial de Budismo. La AMB no se sostiene sólo sobre la trascendencia del discurso religioso y del discurso académico, porque la AMB como práctica meditativa se pone en posición de una sabiduría espiritual sostenida sobre la Vacuidad entendida como apertura y Libertad.

3 – Lo que importa en la AMB: el deseo de saber

La Asociación Mundial de Budismo como práctica espiritual es una nueva experiencia meditativa del lazo social. Si la AMB como concepto ponía en primer plano la exigencia de la formación existencial, la AMB como praxis pone en primer plano la condición preliminar de lo libertario. Para que haya concepto tiene que haber encuentro subjetivo con lo Real, mientras que la AMB-práctica pone de relieve la idea de un lugar de encuentro posible con lo Real, allí donde la AMB-concepto ilustraba precisamente la operación de purificación ascética de lo Real del apego en la academización del saber. Por eso, lo que importa en la Asociación Mundial de Budismo como praxis no es tanto el saber acumulado, ni en el fondo tampoco la transmisión del saber, sino el movimiento dinámico propio del deseo-de-saber que encarnan los maestros espirituales, es decir, el efecto de Vacío que la experiencia de lo Real de la AMB introduce en el sujeto practicante. Este Real que el sujeto encuentra a través de la AMB lo convierte en sujeto vacuo. Éste es un potente núcleo de la formación analítica del maestro espiritual que no se detecta en lo religioso o en lo académico. La transmisión no se efectúa simplemente con la Asociación Mundial de Budismo como trámite institucional, porque la AMB-praxis es el lugar donde cada uno, de un modo personal, encuentra lo Real inasimilable a lo simbólico, es decir la Vacuidad entendida como apertura del Ser. En este sentido, hay un encuentro con lo Real en las dificultades de funcionamiento del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista. Estas dificultades surgirán en el curso de los primeros años de su actividad. En los primeros dos documentos precedentes, uno sobre la Supervisión y otro sobre la Garantía, se logró hacer hincapié en lo Real particular de las Escuelas de la AMB, ya que la materia sobre la que se interviene implica como tal lo Real en juego en la formación del maestro espiritual. En esos dos casos el Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista ha llevado correctamente a cabo su función libertaria: no ha pronunciado enunciados doctrinales sino que, con ánimo provocador y renovador, ha incitado a la discusión profunda de una problemática demasiado tácita aún dentro de la AMB. Durante un importante período de tiempo la intensidad de los intercambios y la capacidad de producción del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista se ampliarán. Hay que tener en cuenta que los dos primeros documentos han nacido en el estimulante contexto de la fundación de la Asociación Mundial de Budismo (AMB), pero el empuje de aquella favorable circunstancia no se ha ido agotando con el paso del tiempo, pues también se abre la puerta hacia el Proyecto del Séptimo Concilio Budista. ¿Se trata sólo de un logro interno del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista o de un logro de la Unidad que subyace al Budismo en tanto Espiritualidad analítica-existencial-libertaria? Lo que se constata no es un puro y simple desarrollo, sino más bien una sublimación libidinal, es decir, el hecho de que cada uno de los miembros del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista no se absorbe en el trabajo referente a las realidades particulares de las Escuelas miembro de la AMB que le atañen directamente. Ello produce un efecto de apertura en la Unidad por los miembros del Comité de Acción, tratándose de un efecto que también se puede verificar en las Escuelas budistas de la AMB que no se replegaron sobre sí mismas y se abrieron a la Evolución de la Espiritualidad. Más que desarrollo, el avance del Comité de Acción indica también -y quizá como símbolo- la evolución de la Unidad del Séptimo Concilio Budista. El símbolo del Comité de Acción, el Buda Maitreya, puede ser interpretado como un símbolo del Séptimo Concilio Budista que indica la síntesis estructural en la Unidad dialéctica y la multiplicidad de disciplinas que convoca a la AMB-práctica a responder con su responsabilidad universal. Más que una ampliación de las capacidades de trabajo y de producción, lo que encontramos es una fuerte conexión entre dinamismo, investimento libidinal, interrelación de trabajo y la realidad del Propósito. Ese fuerte punto cumbre del Comité de Acción puede, pues, enseñar algo acerca de la exigencia de lo particular respecto a la Unidad de lo universal. El actual desmigajamiento de la gran familia budista en un conjunto de escuelas y linajes separados indica acaso lo importante que está en juego en la exigencia de una Asociación Mundial de Budismo. El funcionamiento exitoso del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista no es únicamente un problema que le compete a tal organización, pues afecta también al ser de la AMB-práctica.

4 – El riesgo de cuando el Ideal ocupa el lugar de la Vacuidad

El Séptimo Concilio Budista, sin embargo, quiere poner el acento sobre el carácter vacío de la Unidad. La experiencia de nuestros predecesores muestra la tendencia a que este vacío, más que encarnar el lugar de la falta de lo religioso –un lugar fundamental en el Discurso analítico existencial libertario-, se nubla en un Ideal sin cuerpo. No debe realizarse un Desapego de la Unidad del Séptimo Concilio Budista, sino sólo un abandono de cualquier perspectiva de Ideal. El riesgo es entonces que la Unidad del Séptimo Concilio Budista no sea demasiada vacía, es decir, que sea demasiado Ideal y, por esta razón, corra el riesgo de verse reducido al rango de la bella imagen metafísica del Discurso religioso que, como tal, no esté en condiciones de guiar a los pueblos por la senda de la Libertad Real. El proyecto y la realización del Séptimo Concilio Budista la responden a la circunstancia política del 2012 y del siglo XXI en general. Se trata de un proyecto de reunificación sin totalización. Sus años de funcionamiento darán como resultado, en un cierto sentido, a una reunificación que contrarreste la inclinación a la mudanza de los intereses religiosos, a una especie de Unidad pública. A partir de Diciembre de 2012, Buda Maitreya introduce a la comunidad budista en una nueva circunstancia: la puesta en juego de la Unidad no inviste sólo a las Escuelas del Campo budista, la Unidad de la Espiritualidad como tal. Esto implica no sólo una síntesis dialéctica del Budismo con el Cristianismo, en tanto máxima religión mundial, sino también una interrelación con el Socialismo y el Anarquismo, siempre y cuando la Espiritualidad Budista desee iluminar y liberar a todos los seres.

5 – La Unidad y la Totalidad

En la época de la globalización capitalista, en la época de la religiosidad del Imperio, la categoría de la Unidad es impracticable como continuidad de la categoría de totalidad metafísica. La Unidad dialéctica no implica totalización alguna. La falsa unidad de la religión es una totalidad permanentemente opresiva, siendo un efecto de lo simbólico dominado por el ocultamiento de la inexistencia de la completud. Esta es una de las tesis que orientan la visión anarquista de Buda Maitreya: una reunificación del Budismo siempre debe tener presente la ausencia y el Vacío. La Unidad que se trata de producir en el Budismo a manos del Séptimo Concilio Budista no se deja capturar por ningún todo, pues desborda incesantemente a la palabra. Esto significa que la Unidad debe ser dialéctica y paradojal. Esta disyunción entre Unidad y totalidad no aparece, pues, como un límite a la reunificación del Budismo, pues es más bien su dirección de fondo y su diferenciación con respecto a lo religioso. Precisamente, porque es posible pensar la Unidad como separada de la totalidad, resulta factible una reunificación del movimiento budista que no implique un nuevo régimen institucional religioso. El espíritu del Séptimo Concilio Budista apunta a realizar un tratamiento de las Escuelas y linajes, siendo capaz de ejercer sobre ellos un efecto de aspiración hacia la Unidad. Aunque esta aspiración a la unificación pareciera imposible, los miembros del Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista prometen entregar sus vidas en pos de esta causa tan revolucionaria y singular, que no sólo puede salvar a la Espiritualidad Budista sino también a la humanidad misma de caer en las tinieblas del materialismo.

6 – La Unidad y el apego

El problema crucial es el de la discrepancia entre el ideal de la Unidad y el apego a lo religioso. La Unidad del Séptimo Concilio Budista salvaguarda el vacío central existencial para mantener a las Escuelas budistas bien próximas al Discurso analítico-existencial-libertario (Buddha-Dharma-Sangha). En cambio, este Vacío es completamente inexistente en el discurso religioso, lo cual conlleva un serio riesgo para la Espiritualidad. El Séptimo Concilio Budista debe conseguir evanescer eficazmente la tendencia de los pueblos a la fijación y el apego de lo religioso, el cual sumerge a las personas en una vida de ilusión, sufrimiento y alienación. La experiencia meditativa, en cambio, revela la estructura de lo Real. La Asociación Mundial de Budismo no es sólo una experiencia utópica de lo Ideal, sino sobre todo, una experiencia de lo Real. Constatamos entonces lo difícil que es el hecho de que los pueblos puedan liberarse de la opresión de lo religioso y asuman una relación transferencial con la Espiritualidad por medio del trabajo meditativo, cuya estructura principal es la Liberación del Ser. Lo religioso encuentra aquí una resistencia insuperable. Por ello, la AMB elogia el No-Todo, la Vacuidad, evitando así convertirse en una pura retórica que no tiene en cuenta la tendencia primitiva del ser humano a localizarse en un apego a las ilusiones de la religión. Negar este hecho en nombre de un Ideal es como afirmar que un maestro espiritual o un Ser Iluminado han reducido a cero su propio narcisismo, lo cual, como enseña el análisis meditativo, es realmente una auténtica forma de soberbia patológica. Siempre quedan restos, siempre queda algo que aprender. Es así, como el Budismo debe sintetizarse dialécticamente de las tradiciones espirituales del Socialismo y del Anarquismo.

7 – La fragmentación de la Unidad

¿Puede lograrse la Unidad del Séptimo Concilio Budista en la época de la fragmentación generalizada del materialismo y la religiosidad? El vacío de sustancialidad que marca su Ser no perjudica su existencia, ampliándola para ser la iluminación de un Ideal sublimado del Deseo. Se puede entonces verdaderamente pensar en una Unidad sin sustancia. Desustantificar la Unidad significa realizar la Evanescencia, es decir, la Liberación espiritual. La religiosidad de los pueblos intenta sustancializar la Unidad, y esto tiene como consecuencia la paradójica diseminación de múltiples corrientes, totalmente desmigajadas y fragmentadas en unidades particulares y contingentes, dando lugar a nuevas etnias, grupos y coagulaciones de apego siempre sujetas a lo ilusorio. La Unidad budista debe estar en constante transición dialéctica, en una interrelación e interexistencia. La Unidad del Séptimo Concilio Budista es la Unidad de una no-completud, aunque es preciso evitar que la Asociación Mundial de Budismo se convierta en un lugar que no deja rastro en la historia.

8 – La reunificación y la Unidad del Séptimo Concilio Budista

En el nuevo contexto en el cual Buda Maitreya nos ha introducido desde la fundación de la AMB, la reunificación del Budismo es la forma de interpretar el Proyecto del Séptimo Concilio Budista. Esa interpretación nos da la orientación para explorar las vías de una nueva conceptualización de la Unidad, la cual pone en primer plano la dimensión opresiva de lo religioso, el cual paradójicamente se promueve como plural y múltiple. Para que el Séptimo Concilio Budista tenga incidencia no sólo en el marco de las Escuelas de la AMB, para que todas las escuelas budistas salgan de su encierro y ensimismamiento, se abren las puertas a todas las Espiritualidades del mundo para que formen parte del horizonte del Budismo en el siglo XXI.

 

 

 

 

 

 

Un comentario en “Comité de Acción del Séptimo Concilio Budista

  1. Pingback: Séptimo Concilio Budista | Maitriyana Buddhist University (MBU)

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