Diálogo Ecuménico con Roshi Arokiasamy: Cristianismo Místico y Zen

 

Cristianismo Místico y Zen:  el resurgimiento de una Antigua Tradición

Por Maestro Buddha Maitreya

 

Los constituyentes internos de la transmisión del Maitriyana no sólo son la meditación analítica-existenciaria, con sus métodos de contemplación sentada (zazen) y el uso de la dialéctica paradojal (koan), sino también el aspecto del vínculo del aprendiz con el maestro espiritual junto con el apoyo mutuo de la Comuna (Sangha) como forma de dinamismo externo. Esto implica que la meditación libertaria, como la visión de una Tierra Pura o Reino de los Cielos, es la extensión de la mente despierta (bodhicitta) dentro del campo social. El Cristianismo Místico y Zen considera entonces el problema de la legitimidad y autenticidad de considerar a la Espiritualidad únicamente como el conocimiento y experiencia de las instituciones del Buddha-Dharma, omitiendo la conexión con un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) y su movimiento revolucionario de Salvación del Mundo. Así, la visión del Maitriyana postula una Espiritualidad compuesta por una articulación de Psicología-Filosofía-Política (Buddha-Dharma-Sangha), tratándose de la Verdad más profunda y de mayor alcance que puede tener el sujeto en su Camino hacia la plenitud y Despertar (Bodhi). La estructura y tradición del linaje son necesarias, pero no aseguran automáticamente la autenticidad[1] y veracidad espiritual del aprendiz, pues el diálogo con otras tradiciones junto con la búsqueda de la transformación del mundo son una dimensión vital de la transmisión espiritual.

El Cristianismo Místico y Zen es una práctica, por lo que su Propósito (Dharma) se encuentra en el mundo y no en una dimensión metafísica y supraterrenal. Ciertamente, el Maitriyana está totalmente separado tanto del Discurso religioso como del Discurso materialista, posicionándose más bien como un Camino Medio contracultural o transcultural. Así, el Discurso del Maestro Espiritual funciona como un modelo de transformación de la cultura y del mundo. Según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), la verdadera transmisión mística no debería ser una mera imitación de rituales religiosos, pues supone algo nuevo.[2] En este sentido, el Cristianismo Místico y Zen es fiel al espíritu originario de las fuentes sapienciales de Gautama y Jesús, al mismo tiempo que supone la vitalidad y el dinamismo de una transmisión creativa y novedosa.[3] Consecuentemente, el Maitriyana utiliza los grandes descubrimientos que proceden del Psicoanálisis, Existencialismo y Socialismo, con el fin de producir la Cura (Nirvana) de los males del mundo, como son la guerra, la injusticia, la ignorancia y la contaminación. El Cristianismo Místico y Zen es tanto una terapia ética como una acción revolucionaria en el mundo, señalando un marco espiritual para el modelo analítico-existenciario y la visión libertaria.

En el Maitriyana, la metapsicología y la terapia de la Liberación son un importante elemento constituyente de la contracultura espiritual, transformando el estilo de vida del sujeto por medio de un lenguaje poético y una lógica dialéctica-paradojal. Por ello, la Espiritualidad va más allá de la mera psicoterapia clínica, produciendo la superación metapsicológica del Ego, la trascendencia metafilosófica del dualismo y la revolución metapolítica del materialismo. Mientras que la psicoterapia clínica únicamente refuerza el Yo y adapta al psiquismo a la mundaneidad neurótica, la contemplación analítica-existenciaria promueve el Despertar (Bodhi) a través de la toma de consciencia de la Libertad intrínseca del Sí-Mismo. La Cura (Nirvana) es entonces la autorrealización del Verdadero Ser en tanto Vacuidad. El Cristianismo Místico y Zen es una práctica que lleva a la evanescencia de la frustración (dukkha) por medio de la supresión del narcisismo, individualismo y consumismo. Mientras que el maestro espiritual mantiene un contacto directo con los misterios de la vida, como la oscuridad y la muerte, tanto la religion como la psicoterapia clínica son dogmas que mantienen dependencia, control y manipulación. Así, el Maitriyana se sirve de disciplinas como el Psicoanálisis y el Transpersonalismo para reconstruir un Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) capaz de convertir a la religion en Espiritualidad y a la psicoterapia en Sanación.

El Cristianismo Místico y Zen es metaterapéutico, siendo un arte curativo que conduce a la integración analítica y al bienestar existencial. Pero su Propósito (Dharma) es confrontar las cuestiones trascendentales de la vida, desafiando al aprendiz para entrar en la experiencia oscura del Vacío. El Maitriyana es un llamado para que el sujeto aprenda a soltarse, pues a través de esta muerte del Ego es que se produce la resurrección espiritual y acontece la vida verdadera. El Cristianismo Místico y Zen es una práctica dura y exigente, pero sólo por medio de su visión utópica la humanidad podrá resolver éticamente la guerra, aliviar la pobreza, transformar la ignorancia y abordar de manera suficiente la contaminación.

El Maitriyana revela entonces cuál es la Vía para la evolución de la humanidad, mostrando que el autovaciamiento del apego, la codicia y el odio conducen a la Ascensión de un vivir cotidiano espiritual. En este sentido, el Cristianismo Místico y Zen es muy rico en sus directrices y orientaciones tanto para la vida interior como para los vínculos, enseñando que la Espiritualidad es una forma de ser-en-el-mundo pero sin Yo. El aprendiz adquiere sensibilidad y consciencia de la complejidad de la existencia por medio de un trabajo que va más allá de la identidad personal, por lo que es necesario un conocimiento psicológico, filosófico y sociológico para poder comprender el modo de transformar la psique y la sociedad.

Como el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no es omnisciente, continúa aprendiendo día a día con el fin de ser competente en los ámbitos disciplinarios que apuntan a la búsqueda de la Liberación y Salvación del ser humano. El Maitriyana ayuda al sujeto a curarse de las heridas y patrones inconscientes de repetición (karma) del pasado, religando a la mente a la experiencia del presente tras haber evanescido las tendencias narcisistas de la consciencia ordinaria y normal por medio de la meditación analítica-existenciaria. La verdadera práctica contemplativa resuelve los problemas psicológicos al mostrarlos como una ilusión, comprendiendo que el Ego es estructuralmente una forma o rasgo de inmadurez psíquica. En este sentido, el Despertar (Bodhi) del Verdadero Ser es el acontecimiento de la Nada y la Libertad, lo cual Cura (Nirvana) a la mente de todo carácter patológico.

El Cristianismo Místico y Zen establece una correlación entre santidad y salud mental, pues quien está psicológicamente enfermo no puede desempeñarse satisfactoriamente como maestro espiritual. Ciertamente, un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) puede padecer alguna dolencia física, en tanto que el Despertar (Bodhi) no anula la finitud e impermanencia de la condición humana, pero se ha despojado del apego y goce inconsciente al sufrimiento. La Cura (Nirvana) de la repetición (karma) permite al aprendiz poder abrazar los rasgos traumáticos de lo Real con felicidad y gratitud, puesto que el sujeto que se ha liberado experimenta la insatisfacción, impermanencia e insustancialidad como aquello que da valor e importancia al aquí y ahora.

En el Maitriyana hay confianza y fe madura entre el aprendiz y el maestro espiritual, por lo que esta coexistencia libera de cualquier dependencia. Concordantemente, la Comuna libertaria (Sangha) también contribuye a que el sujeto perpetúe relaciones y modelos de conducta sanos, al mismo tiempo que constituye por sí misma una sociedad utópica que persigue la Liberación y el Despertar (Bodhi) del mundo.

La meditación libertaria y la práctica analítica-existenciaria del Cristianismo Místico y Zen ayudan a los aprendices a llevar vidas productivas y a estar abiertos al cambio del mundo. Frecuentemente, la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) se convierten en la única práctica del sujeto, por lo que el Maitriyana muestra que la profesión y la vida familiar también son una práctica para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). La presencia de la apertura, cariño, júbilo y buen humor en la Comuna libertaria (Sangha) es una señal de que ésta es una organización social saludable. La meditación libertaria, que es la visión utópica y el trabajo revolucionario por un mundo mejor, constituye el criterio de la salud de la Comuna (Sangha) y también el criterio de la Cura (Nirvana) del aprendiz.

La Espiritualidad conlleva un sentido muy arraigado de autorrealización y autotrascendencia, por lo que el Cristianismo Místico y Zen intensifica ideales realistas que propician una vuelta al mundo. En lugar de huir del contacto con el prójimo en pos de la experiencia del vacío o la subjetividad absoluta, el maestro espiritual señala que es mejor tener una consciencia sin Yo dentro de la vida cotidiana. Aquí es donde el Psicoanálisis y el Transpersonalismo aparecen como movimientos internos del Maitriyana, transmitiendo la ética del Desapego y la ausencia del sentido del Ego de la patológica mente ordinaria. En realidad, el problema del sujeto que es neurótico, psicótico o perverso es que está aprisionado en el pasado o en el futuro, no pudiendo estar plenamente en el presente. Así, la Libertad y la espontaneidad de la Sublimación (Nirodh) es la única manera de superar la frustración (dukkha), por lo que el Cristianismo Místico y Zen posee los recursos para ayudar a todos los seres humanos.

El lenguaje poético y la lógica dialéctica-paradojal de la práctica contemplativa del Maitriyana pueden mejorar la situación de salud de cualquier ser humano, enseñándole al aprendiz cómo la religion transmite ilusiones y cómo la medicina crea enfermos. Pero por otro lado, el Despertar (Bodhi) tampoco es la panacea, en tanto que el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) está expuesto a los problemas derivados del Propósito (Dharma) de salvar al mundo. En concordancia con el Maestro Vimalakirti, el Cristianismo Místico o Zen afirma que el sufrimiento o la enfermedad de un Ser Despierto (Buddha) o Salvador (Cristo) provienen de su Compasión o Amor Espiritual hacia todos los seres. Buscar la Cura (Nirvana) de la humanidad es un Camino que debe ser transmitido con mucha paciencia y sabiduría, mostrándole al mundo que la raíz de los problemas mundiales es un malestar espiritual. El maestro espiritual es entonces el máximo experto para mostrar los pasos hacia la Salvación y Despertar (Bodhi) universal.

El sujeto tiene dos básicas tendencias inconscientes: la pulsión de vida y la pulsión de muerte. Pero a ambas subyace el Deseo del Otro (Atman), el cual es la búsqueda de la completud y Totalidad, es decir, el Deseo de Ser Dios. De este modo, la Verdad de la Vacuidad e incognoscibilidad del Todo (Anatman) es un hecho traumático para el aprendiz, aunque libera a la consciencia de toda codicia o anhelo de gratificación, aceptación y aprobación. La meditación libertaria sublima el Deseo, encaminándolo hacia la luz, esperanza, belleza y Amor. Así, la sabiduría de la compasión evanesce cualquier tipo de celos o violencia que pueda existir en el sujeto, reconciliándolo (maitri) con el hecho de que el apego (tanha) no conduce a la satisfacción.

Para el Maitriyana, Gautama y Jesús fueron avatares de una Espiritualidad Libertaria y no meros fundadores de una religión. El Cristianismo Místico y Zen es desde luego una Espiritualidad singular y extraordinaria, abriendo sus puertas a todos los seres humanos. En el Maitriyana, la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) son prácticas disponibles a cualquier persona. Sin embargo, la meditación libertaria requiere no sólo la adopción de principios analíticos y existenciales, sino también que el aprendiz comprenda que recibir la transmisión espiritual es asumirse como un agente de cambio y revolución en el mundo. Esto implica, por ejemplo, que el sujeto se desapegue de lo religioso para abrirse a lo espiritual, prescindiendo de cualquier ritual para posicionarse en un estilo de vida libertario que busca tanto la Cura (Nirvana) del sujeto como el Despertar (Bodhi) de la sociedad.

En concordancia con Yamada Koun Roshi, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) afirma que el Cristianismo Místico y Zen es como el sabor del café, pues tiene el mismo gusto para cualquier ser humano. La Cura (Nirvana) consiste en un vaciamiento de toda religiosidad, ideología, institucionalidad social y estructura psíquica narcisista, liberando al Ser del aprendiz de todo tipo de opresión o alienación.

El Maitriyana es un Discurso Espiritual que proporciona un marco analítico-existencial y una pertenencia libertaria (Buddha-Dharma-Sangha), a partir de la cual el sujeto puede seguir la práctica hacia la Salvación y Despertar (Bodhi) tanto de sí mismo como del prójimo. El aprendiz no necesita de la religion para llegar a la Cura (Nirvana), ya que el propio Despertar (Bodhi) va más allá de cualquier religión e institución. Sin embargo, el maestro espiritual enseña que si las religiones son convertidas en espiritualidades pueden desempeñar una función trascendental dentro del Proyecto de Transpersonalización y Liberación de toda la humanidad. Así, el Cristianismo Místico y Zen representa el próximo estadio evolutivo de una religión convertida en Espiritualidad. El Maitriyana establece una diferencia entre el sujeto religioso y el maestro espiritual, pues mientras el primero pertenece a una institución y sistema de creencias, códigos, símbolos, autoridades y estructuras ministeriales, el segundo únicamente rinde tributo a la experiencia contemplativa, la esperanza de la Cura (Nirvana), la confianza en las enseñanzas espirituales y la entrega al prójimo. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) señala que la religión tiene el mero objetivo de las cuestiones metafísicas, mientras que la Espiritualidad es un proceso de Despertar (Bodhi) en el aquí y ahora. De este modo, el Cristianismo Místico y Zen propone una alternativa a la fe religiosa: la tradición perenne de la Liberación. En lugar de construir templos, obras reveladas, sistemas teológicos, instituciones sociales, costumbres, mitos y códigos morales, el maestro espiritual sigue la orientación o respuesta de su Sí-Mismo, el cual está conectado con la sabiduría del Universo entero, reflejando la capacidad de sentir al prójimo que es propia de la dimensión trascendente y supramundana de la consciencia. La Espiritualidad trasciende a la fe religiosa, basándose en el conocimiento cumbre (Satori) producido por la Sublimación (Nirodh) del Deseo (Kama), lo cual conduce al aprendiz hacia el campo de la Verdad y la Responsabilidad sobre la propia existencia. Esta confianza en el Propósito (Dharma) posibilita que el sujeto quede poseído por el Espíritu Santo de la bondad y la compasión, que en definitiva es la sabiduría final de la vida. El Maitriyana afirma que el núcleo de la religión es la repetición obsesiva de rituales e ilusiones (karma-samsara), mientras que la Espiritualidad es una pasión inquebrantable por la Verdad. A diferencia de la religión y su sentido fijo y moral para la realidad, el Cristianismo Místico y Zen dice que el Universo no posee un sentido determinado. Esta Vacuidad absoluta y cósmica es la base del libre albedrío del sujeto, lo cual provee satisfacción ética y la experiencia del conocimiento cumbre (Satori) de lo Real.

La fidelidad al Deseo de Ser Despierto (Buddha), la confianza hacia el Propósito (Dharma) y la entrega hacia la realidad social y Comunitaria (Sangha) son lo que el Maitriyana denomina como Espiritualidad, al mismo tiempo que conducen a la práctica de meditación libertaria de la bondad y la compasión. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no busca cuestiones metafísicas, pues pertenece a la dimensión de la vida y del mundo, encontrándose en un estado de consciencia vinculado con el Camino Medio y que ha sido definido como experiencia meseta de valores como la felicidad, la belleza y el Amor Espiritual.

La experiencia contemplativa de los valores espirituales abre al aprendiz al misterio de la vida, llevándolo hasta el límite del razonamiento y pensamiento ordinario para entrar dentro del campo del Conocimiento cumbre (Satori). La Espiritualidad, entendida como un Camino de transformación del sujeto para acceder a la Verdad, trasciende los confines de la moral y lo conocido, pues se adentra en la ética y lo desconocido. Esto se debe a que la base de la existencia es un misterio, es decir, un Fundamento Dinámico de Vacuidad y Apertura en la que coparticipan todos los seres. Según el Cristianismo Místico y Zen esta experiencia del Ser Vacío es la Totalidad Implicada o base omniabarcadora que el maestro espiritual suele definir como Gracia. Al abarcar una realidad más allá de la metafísica y del nihilismo, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se caracteriza por realizar una práctica del absurdo y la dialéctica paradojal (koan) que se entrelaza con la meditación libertaria para formar la naturaleza de la consciencia espiritual. Así, el Maitriyana exhorta: No rezar, sino trabajar, porque todo depende de ti. A través del acto revolucionario de la contemplación sentada (zazen) todas las polaridades quedan unificadas y todas las paradojas pueden ser autorrealizadas.

El Cristianismo Místico y Zen es el hallazgo de un Camino que enseña al aprendiz que ser un maestro espiritual no implica pertenecer a una religion, sino mantener una estrecha conexión con la Totalidad sin la necesidad de recurrir a un sistema de ritos. Mientras que la tradición religiosa es meramente una fe en una representación simbólica y ritualista de lo metafísico que articula los dualistas códigos morales, la tradición espiritual del Maitriyana es la confianza y reafirmación de la experiencia del misterio tremendo de la existencia y la búsqueda de la Verdad, atravesando el valle oscuro de la falta de sentido de la vida. Sobre la base de un marco analítico y una orientación existencialista, el Cristianismo Místico y Zen es un punto de referencia libertario, articulando a través de su tradición perenne a la esperanza y la visión de un mundo mejor para todos los seres humanos. Según el Maitriyana, Gautama y Jesús han establecido la base de esta Tierra Pura o Reino de los Cielos, llamando al Compromiso y a la entrega a un estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S) capaz de Curar (Nirvana) a la mente del sufrimiento generado por la fuerza maligna del Ego.

Dado que todo componente de la realidad es esencialmente insatisfactorio, impermanente e insustancial, cada tradición religiosa es incompleta y ninguna agota la consciencia espiritual ni puede representar la Verdad en su totalidad. Desde la perspectiva libertaria del Cristianismo Místico y Zen, cada religión es parcial e imperfecta, implicando una historia de aberración, oscuridad, opresión y maldad, por ser una institución que depende de las fuerzas del conservadurismo, la competición, la obsesión y la paranoia.[4] Pero en la medida en que el Despertar (Bodhi) es la evolución de la humanidad, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) puede desapegarse de las instituciones y estructuras metafísicas. El Maitriyana considera entonces que la comunidad libertaria (Sangha) de aprendices no necesita de las ilusiones peligrosas de la religion, siendo hacia allí donde el mundo debería encaminarse: la Espiritualidad Pura y Perenne. En consecuencia, el Cristianismo Místico y Zen es espiritual o no es, enseñando al sujeto a alcanzar la Cura (Nirvana) en la vida diaria. Toda la enseñanza del maestro espiritual se relaciona con la cuestión del Ser incognoscible y el misterio profundo de la existencia que está más allá del control y manipulación del Yo.

En el mundo han existido dos tendencias extremas: la metafísica y el nihilismo. Mientras que el primero está representado por el Discurso religioso, el segundo está representado por el Discurso materialista. Así, la Espiritualidad Maitriyana, siguiendo las enseñanzas de Gautama y Jesús, se posiciona como un Camino Medio entre y por encima de ambos extremos. El Cristianismo Místico y Zen es entonces una tercera vía que trasciende tanto al fundamentalismo sectario como al ateísmo irreligioso. La vida del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) comprueba que no es necesario ser religioso para practicar meditación, ya que el Despertar (Bodhi) no es una conversión religiosa sino una transformación gnóstica.

Para el Maitriyana, la Espiritualidad Budista es la esperanza suprema de Salvación y Evolución de la humanidad. Sin embargo, en tanto los católicos y evangélicos constituyen el grupo mayoritario, en el Cristianismo Místico y Zen reside el futuro de la conversión búdica o espiritual de la humanidad. En un mundo previsiblemente cristiano, el trabajo revolucionario del maestro espiritual debe ser guiar a los pueblos a través de las enseñanzas libertarias de Gautama y Jesús, proveyendo un sentimiento y un comportamiento contemplativo frente a los problemas que el mundo necesita resolver para sobrevivir y pasar a la próxima fase evolutiva. Si pertenece o no a una religión, el aprendiz que desea adentrarse en la Vía hacia la Cura (Nirvana) tiene que acceder a la tradición perenne de la Espiritualidad, desapegándose del lenguaje metafísico y de los ritos simbólicos. Para practicar el Maitriyana genuinamente, el sujeto religioso –católico o evangélico- tiene que cruzar a la tradición y visión del Cristianismo Místico y Zen.

El Despertar (Bodhi) es una experiencia indisociable del marco revolucionario de Gautama y Jesús, por lo que se encuentra separado del Discurso Religioso. En efecto, la Espiritualidad posee un Discurso distinto: el Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha). Ése es el enfoque fructífero del Maitriyana, mostrando cómo las enseñanzas de un Salvador (Cristo) y un Ser Despierto (Buddha) son una y apuntan en la misma dirección: el Amor Espiritual. A pesar de que las tradiciones religiosas y sus símbolos rituales difieren entre sí, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) tiene la capacidad contemplativa de comprender sus semejanzas y realizar una nueva creación. Un aprendiz de meditación libertaria debe aprender a soltar sus estereotipos, dejar morir a su Ego y así poder volver a la vida. El maestro espiritual del Maitriyana, por medio de una lógica dialéctica paradojal (koan), enseña que el sujeto religioso –católico o evangélico- debe ser budista para poder convertirse en verdaderamente cristiano, pues alguien que únicamente tiene fe nunca podrá darse cuenta del alcance y profundidad de la misión de Jesús. Paradójicamente, el Cristianismo Místico y Zen enseña que sin la práctica contemplativa y la sabiduría de Gautama posiblemente no se pueda apreciar la riqueza espiritual de Jesús. Así que el Maitriyana es el mejor espacio para aprender del prójimo y realizar un diálogo interreligioso y ecuménico. La creatividad del maestro espiritual surge de este tipo de interacción.

Para el aprendiz, la meditación libertaria no debe tratarse de la mera fe ni de un conocimiento racional, sino más bien de ser un recipiente genuino de la Fuerza de vida, existiendo en y para-el-otro. En concordancia con los grandes pensadores anarquistas, el Cristianismo Místico y Zen afirma que el sujeto sólo puede ser plenamente liberado si el prójimo también reconoce y alcanza esa Libertad. De esa forma, el Maitriyana revela la Espiritualidad al cristiano, mostrándole que la Salvación de la humanidad es un Proyecto (Dharma) esencialmente búdico.

La práctica de la contemplación sentada (zazen) junto con la dialéctica paradojal (koan) va más allá de la comprensión intelectual, superando los problemas morales y emocionales del psiquismo. Esto favorece el desarrollo espiritual del aprendiz, pues incluso trasciende el mero crecimiento psicológico asociado con las etapas biológicas. En realidad, la Cura (Nirvana) no es una etapa vinculada con la madurez, pues más bien es la estructura psíquica de la Sublimación (Nirodh) a la que el sujeto puede acceder en cualquier momento de la vida por medio de una transformación psíquica capaz de aceptar el Vacío-de-Sentido del Universo. De esta manera, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) posee plenitud pero nunca completud. La Santidad o conversión espiritual es una sucesión interminable de un aprendizaje que implica desplazar al Ego y sus patrones emocionales y conductuales en pos de la adopción del Verdadero Sí-Mismo –que es la Nada- como centro de la consciencia.

El aprendiz tiene que entender y respetar que el leguaje religioso y los ritos simbólicos están relacionados a la etapa del crecimiento infantil, mientras que la comprensión meditativa libertaria y las enseñanzas éticas ofrecen un marco analítico-existencial que ayuda al sujeto a efectuar un Despertar (Bodhi) o Evolución Espiritual. Como establece el Cristianismo Místico y Zen, la conversión de la religion en Espiritualidad supone el pase desde el cuidado del Dios Paternal hasta la compañía del Dios Vacío. En concordancia, el Maitriyana comprende que la Espiritualidad es la conclusión o destino último de la fe, la cual debe progresar desde la construcción de una imagen infantil de la realidad hacia la comprensión de la Libertad y Responsabilidad sobre la propia vida. Mientras la fe religiosa genera dependencia a un significado satisfactorio, permanente y substancial, en cambio, la práctica contemplativa produce un Compromiso con el núcleo de los valores espirituales que unifican la vida.[5] El maestro espiritual propone que la fe está basada en una predisposición arquetípica de confianza y lealtad hacia la figura transindividual del Otro (Atman) que surge de la relación del bebé con sus padres. Esta fe primordial es rudimentaria e infantil, por lo que reprime la ansiedad de la separación y estructura las emociones y percepciones a través de imágenes de fantasía, como los relatos mitológicos y la moral dualista. A nivel interpersonal, la fe define el rol del Yo, haciéndolo conformista con la sociedad, por lo que adapta la subjetividad a las exigencias y demandas culturales de los demás.

En contraposición, cuando el aprendiz practica meditación libertaria examina críticamente los sistemas de carencia, rechazando la autoridad externa de las instituciones religiosas en pos de una reinterpretación de todo símbolo y rito. Este proceso de desmitologización permite al sujeto adquirir elección y responsabilidad sobre su existencia, evitando el autoengaño de confiar en el control del Ego y en las capacidades intelectuales. La práctica contemplativa trasciende a la fe porque es una visión de conjunto, desarrollando la consciencia por medio de una razón dialéctica y una lógica paradojal que puede abordar la Verdad. El aprendiz debe abrirse a otras tradiciones, dándose cuenta de que lo Real es un sustrato perenne que está al alcance de toda la humanidad y no sólo a disposición de una sola comunidad. Al adquirir la capacidad de estar desapegado totalmente de las expresiones simbólicas religiosas por reconocer su relatividad e inadecuación, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se caracteriza por una sabiduría universalizante que es producto del descentramiento del Yo, del autovaciamiento de los estereotipos y del desprendimiento de la repetición. Por ello, el maestro espiritual está comprometido con el amor-en-el-mundo, enseñándole a la humanidad cómo llegar a la paz, la justicia social, el conocimiento y la ecología. La Cura (Nirvana) es una transformación que conlleva la desidentificación del Ego y el centramiento en el Verdadero Ser, el cual es la Divinidad.

El Cristianismo Místico y Zen describe al sujeto que practica meditación libertaria como alguien que tiene una consciencia tranquila y ecuánime, identificándose con el Bien de todos los seres humanos, por lo que decide no cometer ninguna atrocidad ni ser seducido por los totalitarismos. Así, el aprendiz contemplativo tiene una deslealtad hacia las disposiciones mundanas del Poder o Discurso Social, desobedeciendo cualquier tipo de órdenes que sean contrarias a la Espiritualidad. A diferencia de la fe religiosa, la meditación libertaria tiene un Compromiso apasionado con el prójimo al mismo tiempo que se desapega de toda ideología social. Cuando un sujeto religioso se adentra de lleno en el Maitriyana ocurre algo milagroso, pues si bien se abandonan los rituales simbólicos y las creencias infantiles del catolicismo y evangelismo, ciertamente se descubren las verdaderas enseñanzas de Jesús. Paradójicamente, sólo cuando el aprendiz profundiza en la visión de Gautama es que llega al mismísimo corazón de la cristiandad. En lugar de tratarse de una mezcla de Budismo con Catolicismo o Evangelismo, el Cristianismo Místico y Zen es un Camino para ser verdaderamente cristiano y profundamente espiritual. El acontecimiento del Despertar (Bodhi), por lo tanto, no sólo convierte al aprendiz en un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), sino que también autentifica el estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S) de un Salvador (Cristo). En el Maitriyana, cuando el maestro espiritual enseña no sólo usa lenguaje budista sino que además recurre a los casos de Cura (Nirvana) que pueden extraerse de la tradición cristiana. En este sentido, el Cristianismo Místico y Zen va más allá del catolicismo y evangelismo, estableciendo una relación dialéctica con el Budismo para enraizarse en la Espiritualidad de Gautama y Jesús. En definitiva, el Maitriyana surge y se asienta sobre la experiencia profunda del propio Despertar (Bodhi) del sujeto, lo cual es lo que hace vivir a la Espiritualidad.

Sin embargo, el Cristianismo Místico y Zen no es una práctica dual ni un bilingüismo religioso, sino una transformación de los esquemas mentales ordinarios y la Evanescencia (Nirvana) del sistema cultural de símbolos. El sentido o naturaleza de la contemplación sentada (zazen) y de la dialéctica paradojal (koan) es el Desapego, que es la experiencia de soltar y dejar morir el aferramiento tanto al Ego como a la religiosidad, manteniéndose en la raíz vacía del Ser y adoptando como hogar a la ética de Gautama y Jesús. La analogía de la práctica dual o bilingüismo religioso no resulta apropiada para el Maitriyana, movimiento que no sólo busca meros paralelismos y equivalencias sino que en realidad apunta a entender los conceptos en un contexto contemporáneo. A partir de la comprensión de la meditación libertaria, el aprendiz puede desplazar el propio marco mental desde la religiosidad hacia la Espiritualidad, que es un estilo de vida en contacto directo con la Vacuidad y Totalidad.

Para practicar el Cristianismo Místico y Zen de forma verdadera y auténticamente es necesario que el sujeto abandone su religiosidad, dejando morir a su Yo para poder ser en imitación de Cristo, lo que en lenguaje búdico significa experimentar la Cura (Nirvana). No es necesario entonces venerar ni idolatrar a Gautama y Jesús, pues el aprendiz únicamente debe seguir las enseñanzas contemplativas de estos grandes Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), intentando acceder al mismo estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S) al que ellos llegaron. Pero esto requiere de una meditación libertaria madura, siendo fiel únicamente al Despertar (Bodhi) y no a una iglesia determinada. Para el Maitriyana, el misterio del Ser Despierto (Buddha) no es mayor que el revelado en Jesús, pero el Salvador (Cristo) no puede ser más que lo revelado en Gautama. Seguir al Cristianismo Místico y Zen es dejar morir al Ego y adentrarse en la misteriosa mente del Salvador (Cristo), la cual deja de ser un objeto de adoración para convertirse en un sujeto de emulación. En la Mente Crística el aprendiz puede encontrarse cara a cara con el Ser Despierto (Buddha) y los maestros espirituales, caminando de su mano hacia la Salvación del mundo.

El Maitriyana aclara que el estado del Ser Despierto (Buddha) es realmente el Verdadero Sí-Mismo, es decir, la Vacuidad sin forma que reside en lo profundo del sujeto. Pero dado que este vacío constituye la Totalidad Implicada del Cosmos, la naturaleza última de todas las cosas es la Mente Despierta (Buddha). Así es que el Cristianismo Místico y Zen afirma que Jesús fue un Ser Despierto (Buddha), reconociendo simultáneamente que el Ser Salvador (Cristo) no sólo es el Verdadero Sí-Mismo sino que también es la naturaleza misma de la divinidad universal. Cuando el aprendiz emprende la búsqueda de la Cura (Nirvana) entra en ese misterio múltiple que implica la unión dialéctica entre Gautama y Jesús. Al liberarse del literalismo y de la simbología religiosa, el sujeto puede llevar a cabo el acto contemplativo donde la Totalidad del Universo se congrega. A partir de este Despertar (Bodhi) es que el Maitriyana descubre a Jesús como un Despierto (Buddha) y a Gautama como un Salvador (Cristo).

Tomar refugio en el Cristianismo Místico y Zen, en definitiva, es arraigarse y conectarse con una Espiritualidad Analítica-Existencial-Libertaria (Buddha-Dharma-Sangha) que trasciende todas las religiones de la historia, religando al aprendiz con todos los antiguos Profetas y Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas). Así, el Maitriyana puede ser definido como la máxima muestra de gratitud hacia los tesoros espirituales, convocando al ser humano a volver a su Verdadero Sí-Mismo, que a su vez es el rostro original y transpersonal del Cosmos.

El genuino rostro del Maitriyana es una llamada a la transformación ética de la humanidad, por lo que la práctica del maestro espiritual tiene mucho que ver con la paz, la justicia social, la educación y la ecología. Aunque el Cristianismo Místico y Zen está desprovisto de moralidad, guarda una relación profunda con la ética y la acción revolucionaria en el mundo. Por ello, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) afirma que si la Cura (Nirvana) no se vincula con cuestiones éticas y con el Amor Espiritual hacia el prójimo, entonces el Despertar (Bodhi) es algo irrelevante.[6] Si la Cura (Nirvana) está indisociablemente unida a un Óctuple Camino Ético, entonces el Despertar (Bodhi) es una acción ética por uno, por los otros y por el Universo. En este sentido, el Maitriyana reintroduce la experiencia del Vacío-en-la-historia, produciendo una mediación del aprendiz con los acontecimientos del mundo y también una reconciliación (maitri) del sujeto con la Nada absoluta que aguarda ser autorrealizada artísticamente como Sí-Mismo. El Cristianismo Místico y Zen acontece en una etapa significativa de la historia de la humanidad, pues la mismísima supervivencia y Salvación del mundo depende de cuestiones éticas de vital importancia para todas las comunidades, como resolver los males de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación.

La historia de las religiones ha sido muy negativa al momento de hacer frente a cuestiones éticas de índole mundial, caracterizándose por un eternalismo trascendente, un orden espaciotemporal insalvable, un idealismo filosófico, una moral dualista, un determinismo metafísico, una degradación de la mujer y un fortalecimiento del Ego. En cambio, la Espiritualidad Maitriyana afirma que el progreso histórico en el espacio y el tiempo es algo inexistente, ya que la realidad es imperfecta, impermanente e insustancial. Esto significa que el orden social puede ser completamente transformado de forma constante, demostrando que el enfoque del maestro espiritual es filosóficamente realista y que el mal es algo que sólo puede ser combatido plenamente por una mente que ha alcanzado la Cura (Nirvana) y que percibe efectivamente cómo pueden resolverse las necesidades y conflictos del mundo. El Cristianismo Místico y Zen no sólo es proclive a liberar al aprendiz de la repetición (karma), sino que también critica la pasividad social y deslegitima al estatus quo. Esto implica, por ejemplo, ser contestatario frente al lugar que ocupa el género femenino dentro de las instituciones religiosas y gubernamentales. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) promueve entonces la insubordinación de las clases y pueblos oprimidos, declarándose abiertamente en contra del Poder institucional dominante. Debido a que es un sujeto que ha trascendido la experiencia ilusoria del Ego, el maestro espiritual encuentra en la Vacuidad-del-Ser una base realmente sustentable para los valores espirituales, pudiendo luchar por los derechos humanos y por la esperanza de un mundo mejor a través de la modalidad de la meditación libertaria. El Maitriyana es una Espiritualidad que realiza una crítica revolucionaria sobre la realidad social e histórica, embarcándose en la reconstrucción de un Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) capaz de ayudar a generar el Gran Despertar (Bodhi) de la humanidad.

El tipo de Liberación (Moksha) y Cura (Nirvana) perseguido por el Cristianismo Místico y Zen es el resultado de la Atención Plena, la Serenidad, el Desprendimiento y la Rectitud, basándose en la voz profética de Gautama y Jesús para poder construir una Tierra Pura o Reino de los Cielos. Todo genuino Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) propicia reformas socialistas a favor del pacifismo, la justicia social, la educación y la armonía (wa) ecológica, pues ha renunciado a las tentaciones del Poder materialista. Así, la cuestiones de cuál es la mejor forma de instaurar una reforma social tiene mucha repercusión para el Maitriyana, condenando la guerra, la explotación económica y el clasismo. El maestro espiritual combate entonces al apego, la avaricia y la opresión tanto en el mundo interior como en el mundo exterior, en tanto que no existe ninguna diferencia entre ambos.

El Cristianismo Místico y Zen es una forma de actuar pacíficamente frente a las sociedades más represivas, salvajes y brutales. La religión históricamente ha formado parte de estas estructuras sociales opresivas, aliándose con la clase alta para mantener el estatus quo. En cambio, por medio de la práctica contemplativa, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es la encarnación de un elemento de cambio y revolución en el mundo, siendo una anomalía sistémica frente al Poder de los gobernantes. La Espiritualidad utiliza la meditación libertaria para producir la desalienación del pueblo, promoviendo la trascendencia del egoísmo a través del Despertar (Bodhi) del Ser Vacío (Sunyasattva). El maestro espiritual enseña al aprendiz a superar el dualismo con el prójimo, por lo que su búsqueda de la igualdad lo convierte en un arquetipo de los derechos humanos. El Maitriyana busca entonces la protección del mundo mediante la promoción de la Espiritualidad, pues el interés de la Salvación de la humanidad es idéntico al Propósito (Dharma) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). Por ello, el Cristianismo Místico y Zen considera a Gautama y Jesús como modelos de un Ser Despierto y Salvador (Buddha-Cristo). La contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) son formas que ayudan al sujeto a autovaciarse de toda ideología, nacionalismo e imperialismo, incorporando una ética del Desapego que se pone al servicio de la revolución y manteniendo una actitud crítica frente a las estructuras feudales y pseudodemocráticas del Estado y la cultura. El Maitriyana afirma pues que la Cura (Nirvana) de la consciencia es la base perfecta para practicar una meditación libertaria capaz de evanescer las ilusiones de la sociedad y cambiar el mundo. Dado que las ideas y fantasías (Maya) de la mente son una función del orden histórico social, determinando qué puede percibir la consciencia, el maestro espiritual enseña al aprendiz un modo de actuar espontáneo y liberado. Instaurando al Conocimiento Cumbre (Satori) como centro de la consciencia y de la acción frente a los condicionamientos de las estructuras sociales.

El Cristianismo Místico y Zen se siente fascinado por la actividad del Sí-Mismo, el cual representa una naturaleza analítica-existencial de movimiento espontáneo y totalizante, por la que el sujeto se encuentra liberado de las restricciones y planificaciones del Ego, actuando y eligiendo sin un pensamiento dualista. La contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) adiestran al aprendiz en esta actividad pura y artística que se emplea en la vida y en la muerte. Tal inspiradora actividad del Verdadero Ser es considerado por el Maitriyana como la autorrealización del Ser Nada (Muga), siendo un estado de consciencia ampliada y superior (ECA-S) en el que el sujeto actúa sin el Ego como centro de la consciencia, dejando que la Vacuidad ocupe este lugar para estar espiritualmente al máximo de todas sus posibilidades. Este olvido del Yo es simultáneamente una apertura (sunyata) al prójimo, logrando que el aprendiz comprenda que debe ser uno con su trabajo o praxis en el mundo. La clara expresión de la más alta sabiduría búdica del Cristianismo Místico y Zen es la unidad del Amor y el Trabajo.

A diferencia del sujeto religioso, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no es ciego, cerrado ni inmoral, pues aquél que ha alcanzado el Despertar (Bodhi) es la encarnación viviente de una ética superior a las antinomias de la moral social. En concordancia con Nietzsche, el Maitriyana considera al maestro espiritual como el advenimiento del superhumano, trascendiendo al intelectualismo para erigir un estilo de vida evolucionada y nutrida por la sabiduría crítica y experiencial. El Cristianismo Místico y Zen es entonces una forma de ofrecer resistencia pacífica al Poder estatal y religioso, posicionándose contra el militarismo y la intolerancia, ya que armoniza la Libertad con la Responsabilidad respecto al bien del prójimo.

Para el Maitriyana, es posible que se asomen cambios en el mundo si la humanidad comienza a inspirarse en los valores e ideales de la Espiritualidad. La articulación del Psicoanálisis, Existencialismo y Socialismo en un único Discurso revolucionario es una señal extraordinaria de este cambio que se avecina, pero ciertamente la transformación radical de la humanidad no podría producirse sin la notable alianza del Cristianismo Místico y Zen, el cual reconfigura y encuentra un nuevo arraigo de la visión libertaria en el pensamiento de Gautama y Jesús. Dado que la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) no pueden producir por sí solos la transformación de la Espiritualidad Budista ni la del mundo,[7] es fundamental para el aprendiz poder practicar meditación libertaria, atravesando la ilusión social para acceder a lo Real y trabajar por un mundo mejor. Las estructuras psicológicas e internas del sujeto necesitan ser curadas (Nirvana) en la misma medida que las estructuras sociales y externas necesitan una conversión y transformación revolucionaria. Si la Espiritualidad se separa de las realidades del mundo es una Espiritualidad muerta, una religión, por lo el Maitriyana es una Ética y una visión utópica. En concordancia con Gautama y Jesús, el Cristianismo Místico y Zen es una Espiritualidad ética con un profundo compromiso con el mundo, ya que únicamente promueve el abandono del egoísmo y materialismo. En este sentido, el Camino del Desapego es una renuncia que trasciende tanto al apego como al no-apego, tanto a la codicia como a la aversión, disfrutando de la vida al mismo tiempo que se critica los males de la sociedad. El ideal del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se erige como un referente ético central para el Proyecto del Despertar (Bodhi) de los pueblos. Este modelo no es idealista, pues es algo a lo que puede accederse en el aquí y ahora.

El maestro espiritual es un transformador del mundo, por lo que su ética es más bien libertaria y transmoral. Las cuestiones de la paz, la justicia social, la educación y la ecología, están muy presentes en el Maitriyana, cuya dinámica de la transformación de la sociedad es la consideración de la igualdad del prójimo. Así, la ética del Cristianismo Místico y Zen se basa en la experiencia contemplativa de la interexistencia, la cual es el verdadero rostro vacío del aprendiz. Aunque el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) no postula una moral acorde con el Estado y la Religion, ciertamente posee una ética pero de naturaleza revolucionaria y libertaria, desapegándose de todas las perspectivas y puntos de vista mundanos. El Despertar (Bodhi) es soltar el Ego sin negar el mundo, produciendo un autovaciamiento de toda moralidad, religiosidad y materialismo. Esta dimensión de trascendencia, sin embargo, se encuentra en el aquí y ahora, que es la experiencia directa de la Verdad sin la intermediación del símbolo, superando tanto la afirmación como la negación. Esta fase esencial de la Cura (Nirvana) es el Conocimiento Cumbre (Satori) de que la moralidad no es la Espiritualidad, mientras que la ética surgida de la meditación libertaria es un paso directo hacia la compasión y rectitud-en-el-vacío. De ahí que el maestro espiritual prefiere ir al infierno en lugar del cielo, pues siempre tiene el fin de ayudar al prójimo. El Maitriyana considera al Amor Espiritual como la Gracia de la divinidad, pues el más alto mérito y virtud es proclamar y actuar por el Propósito (Dharma) de salvar a todos los seres. Aquí hay claramente una superación de la fe en pos del Despertar (Bodhi) de la Vacuidad, la Gracia y la ética transmoral. Esta Liberación del dominio de la religion permite al sujeto ser libre para el otro, siendo la manifestación viva del Vacío como Plenitud (Sunyata) y Totalidad (Mahabindu). La Espiritualidad, tal como Gautama y Jesús la comprendieron, es estar en el mundo sin pertenecerle, siendo un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) aquél que experimenta la vida y la muerte como Gracia y Reconciliación (Maitri) tanto consigo mismo como con todas las cosas del mundo. Por medio de la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) el aprendiz puede vivenciar la belleza y bondad que se encuentran en el núcleo de cada partícula del Cosmos. El Cristianismo Místico y Zen considera al Vacío como el misterio de la Gracia, por lo que el Verdadero Sí-Mismo es el lugar donde acontece esta experiencia reveladora. Para el maestro espiritual todo es milagroso y todo es gracia:[8] incluso la visión de un yuyo junto al cerco o el modo en cómo el río fluye. Esta descripción señala el corazón del Maitriyana, el cual puede ser definido como un Camino para que el sujeto alcance la Cura (Nirvana) y se dé cuenta de su rostro original transpersonal en el eterno presente. Por ello, esta Espiritualidad Ética está más allá de la moral religiosa y del conocimiento académico, por lo que la finalidad de su práctica es ayudar a que toda la humanidad logre el Despertar (Bodhi) de esa realidad.

Para el Cristianismo Místico y Zen, pasar de la fe religiosa al compromiso espiritual implica que el aprendiz elija vivir en la dimensión de la Luz Infinita (Amitabha). Lejos de ser un salto de fe, se trata de la experiencia directa del propio Ser y existencia. En concordancia con Dostoievski, el Maitriyana define que la apertura (sunyata) a la Gracia es realmente una apertura al mundo, rechazando el encierro en uno mismo en pos de evanescer el mal de la sociedad. Al considerar al prójimo como parte de una interexistencia, el sujeto que practica meditación libertaria percibe la bondad subyacente de la humanidad, siendo una fuerza poderosa que contrarresta toda la codicia, odio e ignorancia. Interexistir implica asumir una responsabilidad ética por la situación del mundo que trasciende a la mera culpa. Aceptar la Vacuidad conduce al aprendiz al Amor compasivo hacia el prójimo. Según el Cristianismo Místico y Zen, el sujeto no puede llegar a la autorrealización y autotrascendencia separándose del mundo, en tanto que interexiste con el mismo. El Desapego es la forma ética de liberarse de la insatisfacción (dukkha), al mismo tiempo que busca con valentía la Cura (Nirvana) del mundo por medio de la contemplación de la Luz Infinita (Amitabha). Para el Maitriyana, aceptar y amar al prójimo es la Vía hacia el Gran Despertar (Bodhi) de toda la humanidad, momento a partir del cual todo individuo es libre de ser genuinamente.

El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) recibe al prójimo en toda su Gracia debido a que la transpersonalización acontece en la respuesta al llamado del mundo. Cuando la Vacuidad-en-Ser se convierte en el centro de la consciencia del aprendiz, desplazando previamente al Ego, la orientación ética hacia el Bien del otro actúa como una llamada o vocación espiritual. Así, el sujeto se convierte en maestro espiritual cuando percibe al prójimo como uno mismo. Durante la meditación libertaria el aprendiz experimenta al mundo o a la humanidad como su propio rostro original o como la voz de su corazón. En esta práctica contemplativa el prójimo deja de aparecer como un extraño y se revela como un don o una llamada ineludible del Cosmos, interexistiendo con el sujeto a modo de un hermoso y amable Compañero-de-Camino.

Frente a los males de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación, el Maitriyana apela a la tendencia altruista universal de la humanidad. Siguiendo como modelo a la vida de los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas), el Cristianismo Místico y Zen ayuda a los necesitados independientemente de cualquier condicionamiento cultural o promesa de recompensa moral. El maestro espiritual enseña al aprendiz, por medio de la meditación libertaria, que la Redención es encontrar la bondad inherente al ser humano tanto en uno como en el rostro del prójimo. Por ello, el prójimo es el criterio de autenticidad del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva).[9] El secreto del Sí-Mismo queda revelado en el rostro del prójimo, cuya vista puede venir bajo la forma del maestro espiritual o bajo la forma del sujeto sufriente que necesita ayuda, impulsando al aprendiz hacia el autoanálisis, la veracidad, la valentía, la compasión y el perdón. El prójimo constituye un hecho ineludible en la existencia del sujeto, por lo que la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) logran que su presencia deje de ser considera como opresiva para ser percibida y sentida como Gracia, llamada y voto espiritual. En este sentido, dada la interexistencia fundamental de toda la realidad, cuando el aprendiz experimenta la Cura (Nirvana) entra a través de la compañía del prójimo, el cual es una puerta de acceso a la auténtica apertura (sunyata) del Cosmos. Por ello, el ser amado ocupa un lugar fundamental en el Maitriyana, siendo un ejemplo de cómo el prójimo puede dejar de ser un extraño para convertirse en uno mismo, entrando en la vida del sujeto y encontrando a su Verdadero Ser. La meditación libertaria muestra que la llamada del otro requiere una Atención Plena, justa, amable y dirigida tanto a la realidad individual como a la social. La mirada del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) muestra que el prójimo no es una abstracción, sino que es una presencia Real, por lo que el aprendiz puede convertir a su propia existencia en verdadera sólo cuando se conmueve ante el prójimo a través de la Atención Plena y Compasiva. Para el Cristianismo Místico y Zen, el Amor Espiritual es el Despertar (Bodhi) del Verdadero Sí-Mismo, vaciando a la consciencia del dominio del Ego para abrirla a la interexistencia y llamada del otro. Mientras el sujeto ordinario convierte al prójimo en un objeto, el maestro espiritual contempla profundamente el rostro de la humanidad y se deja guiar por el Amor Compasivo. Ese es el Camino del Maitriyana y de la vida espiritual. Si bien la Vía (Tao) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) abre la consciencia al sufrimiento asociado a la dimensión trágica de la condición humana, también genera júbilo y éxtasis por ser una Fuerza de Bien en el mundo. El aprendiz debe superar toda la inseguridad e incertidumbre que yace en el núcleo de la vida, evitando huir hacia las seguridades absolutas de la metafísica y el nihilismo, para así reconciliarse con la experiencia del Vacío que es la vulnerabilidad e indefensión del Ser ante el rostro del prójimo. En concordancia con Dostoievski y Kierkegaard, el Cristianismo Místico y Zen señala que el Camino de la verdadera Salvación y Cura (Nirvana) se encuentra en el Compromiso hacia el misterio infinito de la Vacuidad (Sunyata) y en la Entrega hacia los demás. Esto se trata la actualización de una Sabiduría (Prajña) que se autentifica por medio de la Compasión (Karuna).

Libre de todo condicionamiento cultural, el maestro espiritual atraviesa la oscuridad del corazón para ir hacia la condición humana y encontrarse a sí mismo en el rostro del prójimo. Por medio de la meditación libertaria, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) está desapegado de las tendencias absolutistas y totalitarias que consumen al sujeto a través del aferramiento a una emoción o idea condicionada por el ámbito cultural. Esto explica el hecho de que el maestro espiritual del Maitriyana se desidentifica de las políticas nacionalistas e imperialistas, pues no defiende los intereses de ningún gobierno particular, predicando únicamente a favor de la paz, la justicia social, la educación y la ecología. El Cristianismo Místico y Zen proclama que la conjunción analítica-existencial del Ser y la Nada permite al aprendiz desidentificarse de cualquier forma de autoengaño como el nacionalismo, el fascismo, el imperialismo o el totalitarismo ideológico. El Maitriyana apunta entonces a la Liberación y Autodeterminación de los pueblos, despertando al mundo para curar el cáncer del capitalismo en el Cuerpo de la Tierra (Gaia). Esta reconstrucción de un Reino de los Cielos (Sukkhavati) entraña una transformación libertaria de la realidad. Al percibir contemplativamente el mundo el sujeto puede tocar el corazón del prójimo, lo cual confiere un Discurso Espiritual revolucionario dentro del cual todos los seres humanos pueden sentir y actuar desde la Sabiduría Compasiva (Prajña-Karuna). El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) encuentra sentido principalmente en el trabajo de ayudar al prójimo, la cual es la tarea cotidiana de un maestro espiritual. Al no ceder ante el proyecto capitalista, prescinde de cualquier vínculo corporativo que vaya en contra del honor de la meditación libertaria, la cual siempre es un servicio a la existencia. Frente a los ritos y apariencias ordinarias de la vida materialista, el aprendiz debe comprender que estos compromisos del Yo se encuentran muy lejos del sendero hacia la Verdad de la existencia: el vacío. Aquí el Cristianismo Místico y Zen actúa como una forma de purificación social, dando lugar a una secuencia colectiva de eventos que conducen hacia el Despertar (Bodhi) de los pueblos. Dado que no es cobarde ni tiene miedo a perder prestigio, un Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) lucha contra el conformismo en todo momento, pues un sentido de la interexistencia hace que proteja y salve a la humanidad. De este modo, la práctica del Maitriyana nunca tendrá el peligro de perder la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y encaminarse hacia el mal.

La llamada del rostro del prójimo es el voto del maestro espiritual, el cual es asumido a partir de la conexión esencial que tiene el Sí-Mismo con la existencia del otro. Responde a la llamada del prójimo no es entonces una cuestión de moral religiosa, sino más una orientación analítica-existenciaria donde la Libertad es indisociable de la Gracia, la vocación y el Propósito (Dharma). El Cristianismo Místico y Zen supone la Redención tanto por medio de la actualización del Verdadero Ser como a través de una Ética Libertaria que busca salvar al mundo. Esto se debe a que la mismidad auténtica del ser humano es la Nada, por lo que el sujeto como agente independiente es una ilusión, y sólo existe una interhumanidad. El proceso de la Cura (Nirvana) se autentifica plenamente bajo esta orientación libertaria de la realización del Amor compasivo hacia el prójimo. Ésta es la dimensión ética desde la que vive el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). Sin embargo, esta ética transpersonal comprende preceptos y principios implícitos, prescindiendo de las clásicas prohibiciones y virtudes morales, pues en realidad se trata más de un carácter o estilo de vida (ethos). La orientación revolucionaria de la compasión y el Amor Espiritual hacia todos los seres vivos y el Universo en general constituye el núcleo de la Ética del Maitriyana. La contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan) ayudan muchísimo para poder formar esa clase de corazón que debe resucitar un aprendiz en el Camino de la Ética Libertaria.

Según el Cristianismo Místico y Zen, un sujeto que ha alcanzado el Despertar (Bodhi) percibe que toda forma es Vacío y Gracia, motivo por el cual el maestro espiritual vivencia ecuánimemente cada una de las cosas del Universo. Aunque el Maitriyana no valora ni estima al Ego, considerando como ilusoria a la existencia separada, ciertamente cree que el Propósito (Dharma) de la diversidad-en-la-Unidad es altamente valioso y precioso: nada menos que el aprendizaje del Cosmos. El Cristianismo Místico y Zen parece unificarse con esta sensación de consciencia cósmica tan espontánea e impersonal en la cual cada elemento tiene un cosurgimiento interdependiente (pratitya samutpada), siendo un eslabón importante dentro de la Totalidad. Por ello el aprendiz no debe nunca prescindir de la mirada del prójimo, en tanto que coexiste junto a él. La sabiduría compasiva (prajña-karuna) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es auténtico Amor Espiritual, superando todos los dualismos entre el sujeto, el objeto y el prójimo, ya que toda dicotomía y discriminación es fundamentalmente ilusoria. El Discurso del Maestro Espiritual es entonces el abandono de los intereses egoístas en pos del bienestar de los demás y de todo el mundo, salvando a la humanidad de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación. El Propósito (Dharma) del Maitriyana queda descrito aquí como paz, justicia, conocimiento y armonía con la naturaleza. Pero también se trata de la búsqueda de la belleza y la Verdad, clamando la Cura (Nirvana) en el aquí y ahora. La ley o principio de la interexistencia es el marco o regla general del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), acudiendo a la llamada de aquellos que no tienen ni rostro ni nombre, con el fin de ayudarles a encontrar una identidad genuina.

En el Cristianismo Místico y Zen el ser humano ocupa un lugar importante en el Cosmos, pero nunca el centro. Así, el Maitriyana se desidentifica de cualquier perspectiva antropocéntrica y continúa con la revolución de Gautama, Copérnico, Darwin y Freud en su intento de destronar de su pedestal imaginario al Ego. En concordancia con Nietzsche, el maestro espiritual sostiene que el ser humano no se encuentra a la misma altura que otros seres vivos, aunque no es el pináculo de la evolución, sino sólo un puente entre el animal y el superhumano. En este sentido, la humanidad es especial e importante porque posee una gran potencialidad para alcanzar el Despertar (Bodhi) de la Mente Cósmica, que es el verdadero centro del Universo, tal como Gautama y Jesús lo hicieron. Esta es una visión revolucionaria y libertaria de la igualdad. El Ser Despierto y Salvador (Buddha-Cristo) incorpora y refleja la Totalidad de la naturaleza, ante la cual es su servidor y gestor.[10] El mundo sólo puede ser liberado y autorrealizado como Tierra Pura o Reino de los Cielos (Sukkhavati) a través de la mente despierta (bodhicitta) del ser humano. Únicamente por medio de la transpersonalización el aprendiz puede ir más allá de lo humano, estimando y valorando todos los seres vivos al incluir toda la naturaleza dentro de su corazón transformado.

El Cristianismo Místico y Zen es una Vía para que el sujeto tome consciencia de su rostro original por medio de la contemplación sentada (zazen) y la dialéctica paradojal (koan), incorporando la escucha de la llamada del prójimo a través de la meditación libertaria. El Maitriyana puede transformar y purificar auténtica y efectivamente el interior del aprendiz, abriéndolo simultáneamente a la contemplación del otro de una forma humilde y amorosa. En el momento en el que el sujeto se abre a la Vacuidad y encuentra su morada en la Nada-en-Ser, surge desde aquí una entrega incondicional al prójimo. Una vez que los sentimientos y el pensamiento han sido transformados por la práctica analítica-existencial, la meditación libertaria reforma la conducta y la redirige hacia un compromiso y fidelidad hacia el mundo. Aunque el Cristianismo Místico y Zen no posee principios y preceptos de la moral religiosa, ciertamente clarifica un proceso ético como cuidado y reafirmación de las prácticas virtuosas de la paz, la justicia, la sabiduría y la ecología. Este racionalismo espiritual se relaciona con el contexto contemporáneo y la forma en cómo la compasión puede salvar al mundo. El Maitriyana asume entonces los ideales de la propia responsabilidad y de la bondad imparcial hacia todo el Universo.

El Cristianismo Místico y Zen es un Camino para que el aprendiz alcance la Sublimación (Nirodh) del Deseo y la evanescencia de la miseria neurótica (dukkha). Éste sendero produce una transformación ética de la comprensión, el pensamiento, el habla, la acción, el trabajo, el esfuerzo, la atención y la concentración. Sin la presencia de esta transformación ética, según Siddharta Gautama, no hay Cura (Nirvana) ni Espiritualidad. Según el Maitriyana, la ética (sila) del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se encuentra sintetizada con la práctica contemplativa y la sabiduría compasiva (prajña-karuna), por lo que no es una moralidad sino una rectitud generada a través de la Atención Plena de la interioridad y el desarrollo de la generosidad, la paciencia y el vigor. Desde el Discurso del Maestro Espiritual, sólo la transformación ética de la humanidad puede salvar al mundo del contexto contemporáneo capitalista, construyendo una alternativa factible y viable para el futuro por medio de un marco ético transcultural. Así, la motivación ética del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) tiene un tono analítico, una textura existencialista y una orientación libertaria, tomando como único principio general el Propósito (Dharma) del Despertar (Bodhi) de todos los seres. El Cristianismo Místico y Zen articula esta Vía (Tao) a través de una dialéctica con el pensamiento y los valores perennes de Gautama y Jesús, fundando dentro del mundo un grupo revolucionario que puede compartir con el prójimo un lenguaje ético trascendental. Aunque este posicionamiento del maestro espiritual no es cómodo ni agradable, pues implica vivenciar el desprecio de la ortodoxia y el conservadurismo global, ciertamente es eficaz y creativo.

El Camino del Maitriyana tiene como principal preocupación la Cura (Nirvana), enseñándole al sujeto cómo poder evolucionar y Despertar (Bodhi), percibiendo el rostro del prójimo como llamada. A partir de la meditación libertaria, el Cristianismo Místico y Zen clarifica el significado de la llamada del prójimo, considerando que el verdadero rostro del otro es uno mismo. El prójimo es entonces la orientación ética del paradigma del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), siendo una orientación que se basa en la compasión y el Amor Espiritual hacia todos (incluso a los que ofenden). De ahí que el Maitriyana es una Ética del corazón purificado y de la mente transformada como respuesta al sufrimiento del prójimo. El desarrollo y la formación analítica-existenciaria de esta sabiduría compasiva (prajña-karuna) es el instrumento de la ética revolucionaria que deben aprender los seguidores del Cristianismo Místico y Zen en su búsqueda de la Salvación (Cristiandad) del mundo. La experiencia del Maitriyana está compuesta por valores y principios espirituales que conforman un pensamiento libertario y un Deseo sublimado por un mundo mejor, desarrollando una sensibilidad y estrategia práctica capaz de abordar la pluralidad y diversidad. Así, la tradición ética del Cristianismo Místico y Zen supera las ambigüedades y tinieblas de la moral religiosa, realizando una constante purificación espiritual por medio de la reevaluación y transformación de los símbolos de fe. Mientras que el error y el autoengaño son constantes en la actitud religiosa, los principios y valores espirituales actúan como compañeros-de-Camino del aprendiz. La Cura (Nirvana) de toda religiosidad consiste en desocultar dentro del sujeto una apertura (sunyata) al prójimo, colaborando con los demás para poder transformar la sociedad planetaria.

El Maitriyana aclara que el Amor Espiritual no es un sentimiento sino una práctica del ser-en-el-mundo, por lo que el único precepto o principio del Cristianismo Místico y Zen es centrarse en la compasión, transformando y despertando la mente (bodhicitta). La compasión es la emoción del estado supraconsciente, pues el aprendiz que alcanza el Despertar (Bodhi) tiene emociones y una cognición que incluyen valores espirituales y un significado existencial. Para el Maitriyana, la compasión provoca o hace salir al Verdadero Ser, siendo un movimiento vincular de aprecio por el acontecimiento del prójimo. Así, si el sujeto quiere entender la compasión debe comprender las relaciones, motivaciones y metas del maestro espiritual, incorporando un Sentido de Propósito (Dharma) a su existencia. Además, la compasión funciona como una fuente de intensa mismidad, la cual a su vez sirve como una experiencia que evoca los valores espirituales asociados con la preocupación por el mundo. El Amor Espiritual retrata el significado personal y vital del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), lo cual debe ser algo irrevocable para todo aprendiz que busca la Salvación de la humanidad, pues únicamente cuando las emociones reflejan la sabiduría compasiva (prajña-karuna) es que se puede comprender la Verdad.

La ética del Cristianismo Místico y Zen es profundamente libertaria porque se relaciona con la construcción de una civilización de empatía (einfühlung) y compasión, la cual es el símbolo espiritual del núcleo primordial del sujeto en su dimensión psicofísica. La compasión representa el Deseo más sublimado por relacionarse con el cuidado y Amor Espiritual hacia el prójimo, siendo la experiencia perenne del altruismo y la empatía (einfühlung) que se encuentra de forma natural en la vida del maestro espiritual. A partir del misterio tremendo de la Vacuidad (Sunyata), la compasión es el centro de la elección del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) y el lugar donde se expresa la divinidad oculta del ser humano. El Maitriyana en su conjunto es una práctica femenina, de tipo artística y sublime, que reafirma la Atención Plena sobre el mundo vincular y afectivo. Por ende, el seguidor del Cristianismo Místico y Zen debe desarrollar la compasión, aprendiendo a ser sensible y responsable por la humanidad. Al realizar la transformación ética de las emociones, el aprendiz que practica los principios guía del Desapego puede atravesar el umbral que da paso a la Cura (Nirvana) y la madurez espiritual. Aunque el Maitriyana descarta a la moral religiosa por ser un ámbito ilusorio, la Espiritualidad Libertaria pertenece a la vida práctica de la sabiduría compasiva (prajña-karuna), perteneciendo al ámbito de los vínculos con el mundo. Esta contemplación revolucionaria necesita la visión utópica de un mundo mejor, a la cual la articulación Gautama-Jesús llama Tierra Pura o Reino de los Cielos. Esta visión libertaria es una Espiritualidad Socialmente Comprometida de la que se nutre la compasión. La visión utópica es la meditación libertaria que desarrolla el Cristianismo Místico y Zen cuando sustituye los símbolos de fe, transformando los sentimientos y la cognición a la luz de la llamada del Sí-Mismo, del prójimo y del mundo.[11] En definitiva, la compasión es la encarnación de la mente despierta (bodhicitta).

Para el Maitriyana, mientras el ser humano tenga compasión podrá vivir con sencillez y sabiduría, hablando siempre desde la fuente eterna que trasciende al espacio y el tiempo. Al renunciar completa y definitivamente al dominio del Ego, el sujeto puede tener espacio suficiente en su interior como para poder entregar su corazón al prójimo. Superando el abismo oscuro del Ser, el maestro espiritual existe religado a la felicidad del Vacío, glorificando la restauración de la Gracia en el mundo por medio del Espíritu Santo de la Compasión. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se conforta ante el sufrimiento al sentir que la Totalidad y la estrella del mañana vive en su corazón. Por ello, el Cristianismo Místico y Zen apunta a resurgir la pureza y la bondad intrínseca a través de la práctica contemplativa del perdón.

En consecuencia, el Maitriyana asume los grandes Votos espirituales de querer la Salvación de todos los seres vivos, liberando a la mente de los sentimientos y pensamientos ilusorios para así poder darse cuenta plenamente de la Verdad insondable. Aunque el Camino hacia el Despertar (Bodhi) del Cosmos no tiene fin, el Deseo Sublimado del maestro espiritual es seguirlo hasta el final.

 

A partir de la articulación Gautama-Jesús el Cristianismo Místico y Zen surge como un principio filosófico perenne que trasciende tanto al materialismo como a la metafísica, creyendo que los pueblos del mundo deben ser convertidos y dirigidos por la Espiritualidad contenida dentro del proceso de la Cura (Nirvana). El Maitriyana es un movimiento internacional de Espiritualidad que plantea una nueva forma de vida personal y social que contiene la más completa enseñanza acerca de lo Real. Aunque las fuerzas predominantes del mundo son el materialismo capitalista y la religiosidad monoteísta, estas perspectivas carecen de una práctica y teoría que conduzca al Despertar (Bodhi).

La religiosidad católica o evangélica es indudablemente dualista, premiando a los que tienen fe en ilusiones y discriminando a los que no creen, por lo que no quiere o no puede mantener la paz en el mundo. En cambio, el Cristianismo Místico y Zen es una Espiritualidad Libertaria que tiene el Propósito (Dharma) de la paz, la justicia social, la educación y la ecología.

El Cristianismo Místico y Zen enseña que Dios es una Mente Cósmica Vacía, siendo imperfecta, impermanente e insustancial. La mirada del maestro espiritual puede percibir este hecho con claridad, reconociendo que la creación del Universo fue producida por un proceso de repetición (karma) y no por una sucesión de eventos al azar. Según el Maitriyana, el Cosmos es un ser viviente que está constantemente aprendiendo diversidades de experiencias y multiplicidades de escenarios, por lo que el aprendiz que practica meditación libertaria puede desarrollar una sintonía especial con el fluir de la Totalidad. Sin embargo, el Maitriyana no es una mera filosofía idealista, ya que es consecuencia de la experiencia contemplativa del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), quien ha superado el ciclo de generación de la codicia, odio e ignorancia dentro de su mente. A diferencia de los seguidores de la metafísica o del materialismo, el sujeto que practica meditación libertaria puede reconocer que el mundo interior crea el mundo social.

El ámbito religioso está basado en la dualidad moral del bien y el mal. En cambio, el maestro espiritual percibe lo Real claramente, enseñando que la dualidad es una ilusión que puede ser atravesada por cualquier aprendiz que practique contemplación analítica-existencial. La meditación libertaria es el cultivo de una sabiduría compasiva (prajña-karuna) que percibe el mundo claramente en el aquí y ahora, reconciliando al sujeto con la experiencia del presente. De hecho, la Cura (Nirvana) es la evanescencia de la interferencia del pasado. La mente neurótica y dualista no percibe la Totalidad de lo Real, siendo una visión incompleta que reprime la traumática condición de que la mente es la creadora de la realidad. La práctica contemplativa del Cristianismo Místico y Zen es un método efectivo para despejar toda ilusión y dualismo dentro del campo de la consciencia.

El Maitriyana es una compleja articulación de Metapsicología, Metafilosofía y Metapolítica, no sólo enseñando que la repetición inconsciente (karma-avidya) crea a la realidad psíquica dentro de la cual se encuentra el cuerpo, sino que además transmite concisamente cómo el aprendiz puede deconstruirse para que el Fundamento Dinámico de la Vacuidad sea autorrealizado a través de la meditación libertaria.

Como la realidad dualista emerge de la mente ilusoria, el Cristianismo Místico y Zen enseña al sujeto un Camino hacia el Desapego del Ego. Este entendimiento analítico y existencial de la vida y la muerte puede ser redefinido como una ciencia contemplativa, ya que también ayuda a comprender la realidad física del Universo. En definitiva, tras superar el falso dualismo entre el mundo interior y el mundo exterior, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) tiene el Supremo Propósito (Dharma) de la Salvación de todos los seres, por lo que la compasión es la fuente del más grande servicio hacia al mundo.

El Maitriyana es una Espiritualidad Integral que prescinde de los engaños o confusiones de la superstición, liberando a los pueblos para que sigan un Camino-de-vida hacia el Despertar (Bodhi). Los profetas del Cristianismo Místico y Zen, como Aluoben y Jingjing, saben que esta Vía trasciende dialécticamente a la religión y la ciencia, al mismo tiempo que es una Espiritualidad que está armónicamente sintetizada con las grandes Espiritualidades de China, como el Taoísmo, el Confucionismo y Budismo. El Maitriyana sintetiza todas las sabidurías espirituales de manera conjunta, reconociendo el esencial e inmutable origen perenne de todas las cosas.

El Cristianismo Místico y Zen del mundo contemporáneo es una Espiritualidad Transnacional que lidera a los pueblos al educarlos en las verdaderas enseñanzas de Gautama y Jesús, las cuales están basadas en la compasión y el Amor Espiritual hacia toda la vida. Frente a la política tradicional que genera guerra, pobreza, ignorancia y contaminación, el maestro espiritual evanesce el pensamiento distorsionado y encarna un ejemplo de cómo la sabiduría budista puede salvar el mundo. Mientras que la superstición religiosa generalmente apoya la engañosa política gubernamental y los objetivos militares, el Maitriyana tiene regulaciones claras que guían hacia la presencia de la Cura (Nirvana) dentro de la sociedad. Así que la Espiritualidad se mantiene libre de las corrupciones que suelen tener las religiones. La articulación Gautama-Jesús explica a la humanidad cómo retornar pacíficamente a una Era Socialista de Compasión por medio de la meditación libertaria, concentrando al aprendiz en torno al Fundamento Dinámico de la Vacuidad. El Cristianismo Místico y Zen es un antídoto para la confusión tanto del mundo interior como del mundo exterior, ayudando a que el sujeto se unifique con la Totalidad con el fin de emanar Amor Compasivo a todos los seres de cada planeta del Cosmos. Debido a que el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) continuamente trabaja por el bienestar y el Despertar (Bodhi) de todos los seres vivos, el Maitriyana puede ser utilizado como una Fuerza revolucionaria dentro del mundo político, mostrando que el asesinato del prójimo únicamente es la expresión de la ignorancia y conduce a la maldad. Pero si el sujeto practica contemplación sentada (zazen) y dialéctica paradojal (koan) puede erradicar este tipo de conductas destructivas y producir la Sublimación (Nirodh) de la mente. Esta es la guía del Camino de un Ser Despierto y Salvador (Buddha-Cristo), revelando la Verdad en una manera libertaria.

El Cristianismo Místico y Zen se deriva de una sabiduría compasiva (prajña-karuna) de naturaleza ilimitada y universal que es cultivada en la meditación libertaria, la cual no evita los peligros y dificultades que implica la vida cotidiana. Las conductas de un maestro espiritual del Maitriyana manifiestan una motivación de Amor Espiritual y compasión hacia todos, por lo que carece de cualquier tipo de egoísmo o discriminación, intentando que exista una redistribución equitativa dentro de la sociedad. El Cristianismo Místico y Zen, por ser una Espiritualidad Libertaria que comprende la Verdad de la existencia, enseña de manera directa al pueblo la visión de Gautama y Jesús, aconsejando a la humanidad asumir el compromiso de proteger la vida. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es un ejemplo de cómo podría ser una humanidad evolucionada y unida por la sabiduría altruista, actuando siempre en pos del Bien del prójimo y de la naturaleza. Este logro del maestro espiritual se debe a que ha comprendido plenamente el Verdadero Ser de los demás. Por ello, el Camino del Maitriyana es positivo para la sociedad y para el mundo entero.

El Cristianismo Místico y Zen es una enseñanza que trasciende a los caminos del materialismo y la religión, cultivando una disciplina contemplativa y una práctica ética. Como el Maitriyana –el Camino de la Reconciliación– está abierto a todos los seres, es una enseñanza universalmente útil para todos los pueblos que deseen alcanzar la autodeterminación y la Cura (Nirvana) de los males del mundo. Una de las prácticas del maestro espiritual es la meditación libertaria, la cual está basada en la visión sincera de una Gran Comunidad (Datong), Tierra Pura o Reino de los Cielos, mostrando el futuro Gran Despertar (Bodhi) del mundo. Este método directo es considerado por el materialismo como algo meramente utópico, pero en realidad es una práctica revolucionaria capaz de transformar el presente por medio de la poderosa Atención Plena. Así, el Cristianismo Místico y Zen prescinde de cualquier fe ciega, superstición, magia o imaginación, penetrando dentro del Fundamento Dinámico de la Vacuidad para actuar siempre con sabiduría contemplativa.

El Camino del Maitriyana es una suprema Vía (Tao) abierta a todos los seres humanos, independientemente del género o clase social al que pertenezcan. La meditación libertaria puede ser practicada dentro de la propia familia o puede ser desarrollada en el contacto con el medio ambiente natural. Pero a través de la práctica de la contemplación analítica-existenciaria, el aprendiz entiende que el concepto de familia no se reduce a lo biológico y que son mucho más importantes los vínculos de amistad y compañerismo basados en la sabiduría compasiva (prajña-karuna) hacia el prójimo. Cumpliendo con el voto espiritual de buscar la Salvación de todos los seres, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) es la esencia de la benevolencia. El Cristianismo Místico y Zen es la madre de una meta-religión, pero al mismo tiempo es la fundación de una comunidad libertaria (Sangha) que apoya la Cura (Nirvana) de la sociedad. Aunque las personas suelen elegir entre la religión o la ciencia, el Maitriyana muestra la luz hacia una superadora Tercera Vía.

Al carecer de las limitaciones de la fe religiosa en cuestiones metafísicas, el Cristianismo Místico y Zen tiene el potencial de unir a los pueblos del mundo bajo la bandera de la sabiduría compasiva (prajña-karuna) y la Gran Comunidad (Datong). El Maitriyana es una Espiritualidad Analítica Existencial Libertaria (Buddha-Dharma-Sangha) que libera al sujeto del monoteísmo y del materialismo, conduciéndolo hacia un pensamiento y una práctica gnóstica. En este sentido, el Cristianismo Místico y Zen no sólo es un proceso de espiritualización o purificación del catolicismo y evangelismo, sino que además mantiene una unidad esencial con las tres espiritualidades de la China antigua: el Taoísmo, el Confucionismo y el Budismo. A través del entrenamiento de la meditación libertaria, el aprendiz puede Despertar (Bodhi) su mente y comenzar la tarea revolucionaria de ayudar a que el mundo abandone la superstición y alcance la Cura (Nirvana) de la guerra, la pobreza, la ignorancia y la contaminación.

[1] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[2] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[3] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[4] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[5] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[6] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[7] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[8] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[9] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[10] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

[11] Arul Maria Arokiasamy, ¿Por qué Bodhidharma vino a occidente? La Transmisión del Zen: problemas, peligros y promesa.

 

 

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