Psicoanálisis Existencial Budista

 

Psicoanálisis Existencial Budista: Gautama con Sartre

El modo correcto de entender al Psicoanálisis Budista es que se trata de la articulación de borde entre metapsicología y metafilosofía inherente a la transformación mental generada por el acto analítico contemplativo. Así, el Maitriyana tiene el Propósito (Dharma) de renovar las condiciones y el lenguaje de la Espiritualidad a través del Discurso Analítico Existencial Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) y su proyecto de evolución de la consciencia y emancipación de las posibilidades del sujeto. El Psicoanálisis Budista se trata pues de una disciplina relacionada con el singular pensamiento abierto por Siddharta Gautama y Jean Paul Sartre, cuya perspectiva transcultural tiene consecuencias psicológicas, filosóficas y políticas de gran envergadura. Tanto Gautama como Sartre desarrollaron un pensamiento que no emergió en el ámbito universitario, sino que estuvo presente en el campo social, llegando incluso a compartir el hecho de que inicialmente pasaron etapas de ostracismo, pues mientras uno estuvo inmerso en prácticas ascéticas el otro estuvo en un campo de concentración. Por ello, el Maitriyana confirma que la articulación Gautama-Sartre trasciende la mera fundación de una escuela psicológica o filosófica para construir un verdadero estilo de vida, el cual es efectivamente un decisionismo espiritual en tanto práctica y teoría de la Elección.

La meditación analítica transforma la mente por medio de un captable consentimiento de la insondable decisión del Sí-Mismo, posicionando un nuevo ser humano con la intervención del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva). De esta manera, la lección del maestro espiritual es que el único modo de alcanzar la Cura (Nirvana) de la neurosis, psicosis y perversión es con el advenimiento de una nueva estructura subjetiva: la Sublimación o Despertar (Bodhi). Esto se debe a que ninguna identificación psíquica es permanente, perfecta y sustancial, siendo más bien un signo operativo de la decisión del Ser. Estas formulaciones analíticas existenciarias muestran que en la ética del Camino Medio hay una interdependencia entre estructura y elección al momento de teorizar la subjetividad, simultáneamente preparando las condiciones para una genuina síntesis dialéctica del Existencialismo con el Estructuralismo. Así, el Psicoanálisis Budista es un cosurgimiento con la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), trascendiendo los polos opuestos del libertinaje y la sobredeterminación. Esto significa que cuando el aprendiz se sumerge en la experiencia analítica contemplativa descubre que lo único que lo puede apresar y determinar no es el mundo exterior sino su propia decisión o deseo inconsciente. Así, en el Maitriyana, a través de la articulación Gautama-Sartre, la idea de Liberación y Cura (Nirvana) se conjuga con la idea de estructura y determinación. Por lo tanto, practicar Psicoanálisis Budista es tomar consciencia del oscuro Propósito (Dharma) del Ser, comprendiendo que la causalidad psíquica o repetición (karma) del sufrimiento es algo que el sujeto puede abandonar o desapegarse por medio de la meditación analítica que aporte al aprendiz un Sentido de Responsabilidad sobre la propia vida. El Maitriyana es entonces el antídoto de la enfermiza y alienante creencia metafísica en un Destino no elegido.

El Psicoanálisis Budista es un análisis existencial perteneciente al campo humanista, por lo que se libera del quietismo a través de la práctica analítica contemplativa, comprendiendo que la única determinación de las leyes de la historia son los caminos de la Libertad. El trabajo artístico, precisamente, ayuda a que el sujeto aprenda el arte de la Sublimación (Nirodh) de todas las situaciones desbordantes y atrapantes, convirtiendo al sufrimiento a través de la sabiduría compasiva (prajña-karuna). Así, la intervención del maestro espiritual es una lectura de resistencia ante el poder alienante tanto del mundo externo como interno. Por ello, el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) del Maitriyana tiene la gran posibilidad de renovar el panorama de la psicología, filosofía y política. Esto muestra en gran medida el coraje espiritual del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), sosteniendo una posición revolucionaria y transformadora del pensamiento al producir el descentramiento del ser humano. Aunque se enseña la ética del conocimiento de sí mismo, el Psicoanálisis Budista abandona al Ego como centro y amo de la consciencia, produciendo una subversión y descentramiento del aprendiz. Luego de la deconstrucción de la subjetividad, el Maitriyana libera la mente de la creencia ilusoria en un Otro Trascendental (Atman). Las consecuencias de este vaciamiento no sólo son el agnosticismo ante la existencia de Dios, sino también la vivencia de que la única garantía con respecto a lo que sucede es la propia Libertad. En este sentido, el Psicoanálisis Budista es agnóstico y no busca garantías metafísicas para la existencia libre e iluminada del Sí-Mismo. Sin embargo, esta inexistencia o Vacuidad del Otro (Anatman) no conduce al mero nihilismo, pues es reemplazada por las leyes de la razón mística y por las condiciones perennes de la sabiduría compasiva (prajña-karuna) de un sujeto que se ha reconciliado consigo mismo. A partir de la articulación Gautama-Sartre, la tesis central del manifiesto analítico existencial del Maitriyana es que una Verdadera Espiritualidad es cuando acontece la práctica de la Responsabilidad en la escena de la vida.[1]

El Psicoanálisis Budista formula que no hay esencia que precede a la existencia, sino únicamente elecciones y acciones. Esto implica que el Maitriyana es una ciencia mística que abandona las ideologías metafísicas y materialistas para producir la desrrepresión en el aprendiz. En este sentido, el maestro espiritual libera al ser humano de todo sentido de destino y sustancia, haciéndole comprender que se encuentra vacío de esencia y por lo tanto libre para poder construir su propia vida. Así, la meditación analítica conduce siempre a la Responsabilidad Existencial del sujeto por su Camino en el mundo.

En concordancia con Lacan, la articulación Gautama-Sartre muestra que el acto contemplativo se relaciona con un pase desde la certeza angustiante a la acción espontánea, lo cual implica que consciente o inconscientemente el aprendiz siempre se elige a sí mismo, incluso en cada circunstancia desventurada de la vida. Por lo tanto, el Psicoanálisis Budista afirma radicalmente que las leyes de la historia son determinadas por la ineliminable Libertad del Ser. Sin embargo, el Ego parece ceder y entregar al mundo la Libertad intrínseca del Sí-Mismo, motivo por el cual para el Maitriyana el Yo es una estructura de mala fe que instaura un sistema determinista de excusas o mecanismos defensivos que reprimen la autorrealización o Despertar (Bodhi) inherente del Ser. La articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista no niega que haya determinaciones psíquicas, sino que más bien aclara que las mismas son asumidas o elegidas por el sujeto a medida que se hace a sí mismo en el mundo. De este modo, según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), la Responsabilidad de la propia situación es siempre del aprendiz ante cada elección tomada, siendo la excusa o la justificación un proceso de mala fe del Ego. Así, la Cura (Nirvana) de la enfermedad de la mala fe es la angustia de la Vacuidad, que es la vivencia de la falta-en-Ser o ausencia de esencia. Por ello, en el Maitriyana no hay elecciones que provengan de antemano, diferenciándose de la creencia en el alma o en las vidas pasadas. De esta manera, en el Psicoanálisis Budista la repetición (karma) es una causalidad o determinismo psíquico que nace con una identificación inconsciente o elección originaria, no siendo de ningún modo la mera reiteración de elementos heredados. No obstante, el maestro espiritual aclara que esta elección no es realizada conscientemente por el sujeto, sino que más bien es inconsciente, pues la elección es lo que constituye y estructura a la mente. Comprender esta Liberación intrínseca es una experiencia que la articulación Gautama-Sartre llama angustia de la Nada. Así, al Maitriyana no se le puede reprochar ser pesimista o nihilista, pues más bien se trata de un movimiento profundamente optimista, defendiendo que cualquiera que sea la situación mundana el ser humano siempre puede elegir.[2] Obviamente, este encuentro con uno mismo, con lo Real del Ser como campo vacío de determinaciones instintivas pero lleno de Libertad existencial, es algo que produce angustia en el aprendiz por ser llevado ante su elección fundamental o Propósito (Dharma). Así, la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista capta esta angustia existencial por medio de la práctica de la meditación analítica, extendiendo la responsabilidad del sujeto al desapegarlo de la mala fe del Yo.[3] Efectivamente, la idea de la transpersonalización del aprendiz es el escenario de toda la práctica y teoría del decisionismo en la articulación Gautama-Sartre, mostrando que la desrrepresión del sujeto de lo inconsciente es una transformación ética que sublima la pulsión de vida y muerte y que está vinculada con la apertura y cierre del Ser. En la medida en que el ser humano está condenado a ser libre por su vacío de esencia, la decisión es forzada en la constitución originaria de la mente. Pero luego de la operación alienación-separación aparece la Sublimación (Nirodh) como nueva instancia de elección no-forzada que es el saber hacer ahí con el síntoma.[4] Este tipo de decisión existencial es el Ser como Acontecimiento que posiciona al aprendiz en un más allá del Ego, respondiendo al Propósito (Dharma) o a la Voluntad con una fidelidad supraconsciente y auténtica. Esto conduce a la dimensión heroica del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) como alguien que toma las riendas de su destino. Por supuesto, esta Liberación requiere un pase por la experiencia del Despertar (Bodhi), abandonando la mala fe o fantasía (maya) del Yo para alcanzar la angustiante transformación de la Cura (Nirvana). Por ello, la articulación Gautama-Sartre afirma que la elección existencial es algo completamente distinto del querer, del anhelo o de la decisión yoica, siendo más bien un acto no-voluntarista, inconsciente e intersubjetivo.[5] Por lo tanto, el maestro espiritual comprende perfectamente esto afirmando que en toda elección hay una elección por la humanidad entera.

En concordancia con Sartre, el Psicoanálisis Existencial Budista tiene un gran respeto por Freud y Lacan, considerando que lo verdaderamente importante en la práctica analítica contemplativa es la falta de Ser junto con la experiencia fáctica del ser para la muerte como finitud, elección y responsabilidad.[6] No obstante, la diferencia de la articulación Gautama-Sartre con Sigmund Freud es que se centra en el Deseo (Kama) y no en cada uno de los anhelos o inclinaciones del sujeto, estando así el Maitriyana mucho más cerca de Jacques Lacan. Por ello, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) funda el Psicoanálisis Budista con un desapego de la avidez mundana, considerando simultáneamente que lo más auténtico de la experiencia del pensar se da en la relación dialéctica y transferencial con otro. A partir de esta meditación analítica el Maitriyana conduce al aprendiz a comprender su Elección originaria e inconsciente, por lo que el sujeto alcanza el Despertar (Bodhi) cuando se vacía de las justificaciones yoicas y acepta su Responsabilidad ante la existencia. El Psicoanálisis Budista es precisamente el modo en cómo el aprendiz descifra e interpreta retroactivamente su Falta de Ser,[7] que es el suelo vacío y angustiante de la mente, considerando que la elección no es resultado de la reflexión consciente. De este modo, la elección no-reflexiva propuesta por el Maitriyana concuerda con Freud, Heidegger, Sartre y Lacan. En efecto, el Psicoanálisis Budista de la articulación Gautama-Sartre es el Camino que conduce a cada sujeto frente a su elección originaria, lo cual a su vez desidentifica al aprendiz del síntoma de la disfunción y la perturbación para reconciliarlo con el sentido gozado del síntoma de la cotidianeidad y la frustración (dukkha). Bajo la enseñanza del maestro espiritual, la insatisfactoriedad, la impermanencia y la insustancialidad son el sostén de la existencia propia, siendo el modo en cómo es contenida la vida humana. Por ello, cuando Freud afirma que donde Eso estaba el sujeto debe advenir, el Maitriyana establece que en lo Real de la insatisfacción (dukkha) se debe sostener el Ser.[8] De esta manera, la estructura sublimatoria de la Cura (Nirvana) es la transformación analítica existencial del aprendiz que se construye contemplativamente en el saber hacer ahí con el síntoma como Reconciliación (Maitri) con la frustración (dukkha) de la vida. Sólo así se comprende el motivo por el cual el Psicoanálisis Budista de Siddharta Gautama es un itinerario sartreano-lacaniano que conduce a la evanescencia de la dimensión patológica y masoquista del Goce, purificando la mente hasta que el malestar quede reducido a la presencia de la palabra que sostiene la existencia. Por lo tanto, la ética del Maitriyana para la reconciliación (maitri) con el síntoma se vincula a la definición de Amor Espiritual no sólo como amar la presencia de la semilla del Despertar (Bodhi) en el otro, sino más bien como amar las marcas que hay en el otro del vacío o falta de completud, lo cual es nada menos que amar al prójimo porque él sufre y está incompleto del mismo modo que uno. Así, el nuevo tipo de respeto que hay en la última enseñanza de Lacan,[9] según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), no es más que la sabiduría compasiva (prajña-karuna) hacia lo Real o Fundamento Dinámico Vacío de la existencia de todos los seres.

 

La existencia es imperfecta, impermanente e insustancial, por lo que cada ser humano es único, irrepetible y singular.[10] Sin embargo, el campo del lenguaje precede a la existencia del sujeto, capturándolo e imponiéndole un modo de satisfacción anómalo y sin utilidad. La teoría de la incompletud inconsciente es precisamente un modo de concebir la Vacuidad del ser humano por la captura del lenguaje, por lo que resulta imposible establecer la satisfacción del Deseo como completud. Así, el Psicoanálisis Budista revela que lo inconsciente es incompleto, conectando lingüísticamente el ámbito del Sentido con el del goce en una relación de unión y separación. Por ello, la aceptación ética de lo reprimido es tener el coraje de aceptar la fractura existencial o Vacío-de-Ser.

Las tres determinaciones del existir, que son la imperfección, impermanencia e insustancialidad, imponen la imposibilidad de completud, siendo esta fractura de la subjetividad una escisión inaugural incurable que transpersonaliza la existencia al no permitirle estar sólo consigo misma. Esto implica que la vida humana es vincular o que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Pero frente a la imposibilidad de lograr una identidad completa, el maestro espiritual enseña que la reflexión consciente o dominio del Yo no es más que un ilusorio proceso de autocontrol que reprime el Ser como ausencia. Este exilio de toda sustancialidad deja una huella transhistórica en la mente a partir de la cual se convoca a las palabras que pretenden suturar la falla o vacío incurable de la existencia. Ante esta imposibilidad de establecer una relación perfecta, permanente y sustancial con la vida, el aprendiz sólo puede encontrar un cierto grado de paz en la experiencia de reconciliación (maitri) con el vacío en tanto Verdadero Ser. Esta relación de Libertad se postula con la fórmula universal de la interexistencia de todos los seres. Sin embargo, esta Totalidad-en-la-Nada no implica la ilusión del goce absoluto y sin fallas. Por lo tanto, para el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), más allá del placer no hay más que un intento por capturarlo todo y retornar a una unidad perdida y una completud fantasmática. Pero este intento por colonizar el vacío de la existencia está condenado al fracaso, pues la Nada-en-Ser no puede ser borrada ya que es lo único perenne en el ser humano. No obstante, el acontecimiento del Sí-Mismo está reprimido por la repetición (karma) de la pulsion en su búsqueda infructuosa de completud a través de múltiples objetos suplementarios que proveen un frágil e inestable sentido de identidad personal.

El Amor Espiritual, por su parte, es un vínculo social sano que instaura una nueva estructura elemental de parentesco, vaciando al sujeto de las identificaciones con el pasado por medio de dispositivos éticos-disciplinarios que constituyen diversas modalidades de responsabilidad o hacerse cargo del vacío irreductible.[11] El estilo de vida de la Espiritualidad Analítica es la Cura (Nirvana) del aspecto mortificante de la repetición (karma), siendo la ética del cuidado de sí la reconciliación (maitri) con el Deber o Propósito (Dharma) del Deseo, cuyos objetos nunca logran satisfacer o llenar el hueco o vacío del Ser. Así, la Sublimación (Nirodh) del Deseo conjuga un saber hacer ante la ausencia de sentido y completud en el mundo interno y externo, dándole consistencia ontológica a la identidad despierta del maestro espiritual como respuesta no-sintomática al Deber o Propósito (Dharma) del Deseo. Por lo tanto, el Despertar (Bodhi) conduce a una forma de satisfacción armónica y ética porque deja de asociarse al goce masoquista y sintomático del individuo normal. Esta es la Cura (Nirvana) del síntoma o sufrir (dukkha) que es propio de la identidad ordinaria construida sobre la represión de lo Real como existencia imperfecta, impermanente e insustancial.

 

En un mundo neurótico que impone a la vida cotidiana materialista con el fin de intentar eliminar la huella del Ser, el Maitriyana realiza la pregunta por el propio Sí-Mismo o existencia a través de la experiencia angustiante de la Vacuidad como Libertad originaria o falta-de-fundamento. La experiencia de meditación analítica de la angustia, referida a la presencia del Ser Nada (Sunyata), remite inexorablemente a la elección del estilo de cómo vivir y morir. Por ello, la angustia entendida como algo distinto del mero miedo es verdaderamente una oportunidad de cambio y renovación del Propósito (Dharma) existencial, pues hace referencia al vacío o desamparo esencial de la vida del aprendiz cuya estructura es inexcusable.

En torno a la articulación Gautama-Sartre se deconstruye al sujeto, captando la encrucijada constitutiva de la mente tejida por el lenguaje vincular. La contemplación analítica abre a una experiencia donde la existencia se revela como insatisfactoria, impermanente e insustancial, donde el aprendiz que alcanza la singularidad del Despertar (Bodhi) nunca está consigo mismo de forma sustancial, firme y sin fisuras. Este desamparo o vacío estructural es el motivo por el cual la angustia o situación límite muestra cómo la existencia-en-el-mundo es una red de elección.

En concordancia con Freud, el Psicoanálisis Budista no busca el mero fortalecimiento del Ego o la reparación de sus averías, sino más bien la autorrealización del Ser Nada. Esto evanesce el apego identificatorio, la aversión esquivadora y la inconsciencia fantasmática por medio de la oportunidad de la crisis de angustia, cuya sorpresa ontológica está más allá de lo negativo al desbordar los mecanismos defensivos del Yo. Este impacto sublimatorio de la angustia es utilizado por la meditación analítica cuando confronta la Verdad de la propia existencia, que es la Apertura del Ser (Sunyata) como conocimiento cumbre (Satori) del Sí-Mismo y saber-no-sabido por el Yo.

Según el Maitriyana, la angustia remite al sujeto a su poder ser más singular, el cual es un Propósito (Dharma) que no puede ser apropiado por el Ego. En efecto, la angustia muestra al aprendiz su existencia tal como es, siempre vacía pero también siempre elegida. Por ello, la angustia opera sobre lo inconsciente, remitiendo a la castración ontológica o falla estructural que es la Falta de Ser o Fundamento Dinámico Vacío. Esto implica que no hay posible relación de completud entre sujeto y objeto. Así, la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista revela que la matriz estructural de la constitución subjetiva es un campo probabilístico de Libertad.

Aunque el materialismo concibe un Universo sustancial, la ciencia mística demuestra que tanto el mundo interno como externo son una existencia vacía o escindida, por lo que el individuo y el objeto se constituyen ambos sobre un agujero abismal e irreductible que trenza y vincula entre sí a todas las cosas. De esta manera, la topología del Maitriyana tiene como punto de origen al Vacío y la Apertura (Sunyata) que la angustia expresa frente a lo nuevo y oculto del Ser.

En la articulación Gautama-Sartre del Psicoanálisis Budista se concibe a la angustia como la imposible completud subjetiva que desempeña una función determinante en cómo la existencia es elegida ante la falta de instintos. En este sentido, el Yo es un velo o cobertizo (samsara) que intenta tapar la apertura topológica de lo Real que se llama Vacuidad (Sunyata) y que es incurable. En efecto, ningún aprendiz puede curarse del Propósito (Dharma) o Deseo insondable que la existencia elige en el mundo, sólo pudiendo alcanzar la Cura (Nirvana) de lo vano en la elección de sí mismo. Pero esta autorrealización o autoinvención debe lidiar en todo momento con la ausencia o falta de fundamento estático (anatman) que subyace a la transmisión generacional del malestar en la cultura.

 

 

 

[1] J. P. Sartre, El Existencialismo es un humanismo.

[2] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[3] J. P. Sartre, El Existencialismo es un Humanismo.

[4] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[5] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[6] J. P. Sartre, El Ser y la Nada.

[7] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[8] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[9] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[10] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

[11] Jorge Alemán, Notas antifilosóficas.

Un comentario en “Psicoanálisis Existencial Budista

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