Diálogo Cultural con China: revolución contracultural del Maitriyana

 

La Revolución Contracultural del Maitriyana: el Marxismo del Futuro

Karl Marx sostuvo que él mismo no era marxista. Esto fue claramente una crítica a los seguidores que malinterpretaban su obra, pero también fue un posicionamiento de desapego hacia toda ideología. Esto coloca la contribución teórica social de Marx en concordancia profunda con la praxis contemplativa revolucionaria de Siddharta Gautama. Como el Maitriyana produce una articulación entre Gautama y Marx, desarrolla el método de la meditación libertaria como forma de interdialogar con la realidad, obligando al aprendiz a por sí mismo tensar sus facultades de pensar.[1] De este modo, el Socialismo Budista contempla los procesos históricos como autoconstrucciones complejas y no-lineales, siendo una corriente de pensamiento que supera al determinismo científico-filosófico que impone un destino sobre el pueblo, por lo que es una posibilidad para la Liberación de la humanidad, cualesquiera sean las circunstancias históricas en que se encuentre.[2] Esto implica que el Maitriyana propone una forma revolucionaria de economía y política como forma de expandir las potencias productivas del pueblo, al mismo tiempo que hace emerger una transformación cultural que asegura el desarrollo pleno del ser humano. Por lo tanto, la teoría metapolítica del Socialismo Budista es un pasaporte universal cuya suprema virtud ética consiste en ser suprahistórica.[3]

La amplitud y profundidad que acompañan a la meditación libertaria se deben a que forman parte de un Camino mayor al mero estudio de inquietudes políticas, pues el Maitriyana apunta a una revitalización del pensamiento social revolucionario a través de una metodología científica contemplativa que transforma la cultura. La esencia de esta reorganización es proponer una civilización alternativa que sea capaz de lograr la Cura (Nirvana) de los problemas que enfrenta el mundo, como la guerra, la injusticia, la ignorancia y la contaminación. Así, el maestro espiritual es crítico hacia la civilización capitalista, pero también asume una posición activa que propone la construcción de una nueva sociedad por medio de una revolución contracultural basada en la investigación y enseñanza del conocimiento cumbre (Satori). Uno de los ejes centrales del paradigma transcultural del Socialismo Budista se propone reorganizar la comunidad internacional en torno a la poderosa noción del Despertar (Bodhi) espiritual de toda la humanidad, lo cual implica asumir la búsqueda de una transformación social inspirada en el pensamiento y estilo de vida del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), que es nada menos que la visión perenne de todos los pueblos. Cuando se habla de esta evolución de la consciencia se alude a la cuestión compleja que se relaciona con la capacidad del sujeto para abrir su pensamiento hacia la imperfección, impermanencia e insustancialidad de lo Real. La metapolítica del Maitriyana gira en torno a la reorganización económica, política y cultural de la civilización capitalista, liberando la sociedad por medio de la potenciación ética de la consciencia. En este sentido, el papel de la meditación libertaria es tener una responsabilidad ética y científica dentro el campo político en la medida en que el conocimiento cumbre (Satori) constituye una base de soporte a decisiones revolucionarias. En consecuencia, la contemplación revolucionaria (kakumei-zen) implica un conjunto diferente de toma de decisiones. Cuando el maestro espiritual se preocupa por la paz, la igualdad, la educación y la ecología no busca contribuir a consolidar el funcionamiento del orden establecido sino más bien a generar proyectos de una sociedad distinta. El Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) se posiciona frente a la realidad con una agenda que es completamente alternativa con respecto a las burocracias estatales y los organismos internacionales, rompiendo con los parámetros que impone la lógica dualista del Poder. Los temas que preocupan a la meditación libertaria del Socialismo Budista surgen de una Atención Plena, alerta y rupturista, no siendo funcional a los proyectos dominantes de la sociedad. Para poder transformar el mundo hay que ver realidades nuevas y utópicas, lo que significa saber reconocer y distanciarse del orden establecido. Para salvar el mundo el Maitriyana practica este desapego, reconociendo la realidad circundante al saber ubicarse como una contracultura de la etapa histórica en la que se existe. La contemplación revolucionaria (kakumei-zen) obliga al aprendiz a colocarse en un umbral desde el que se percibe lo Real, actuando siempre éticamente en el presente.

El Socialismo Budista es una interrelación de proyectos utópicos pero que pueden ser implementados en el aquí y ahora, razón por la cual es un asunto que le atañe a todos los pueblos y del que el sujeto no puede sustraerse sin hipotecar el futuro del mundo. Por ello, la crisis económica y política que experimenta la humanidad es una crisis de valores espirituales. En todas las formas de cultura hay una producción que posee el mayor rango e influencia por sobre las demás, siendo éste el caso de los valores espirituales. Se trata de una iluminación general o éter particular que transforma las características específicas de todas las formas de existencia.[4] De este modo, el Maitriyana considera que es momento de repensar y reconstruir las obsoletas formas de dirigir la cultura, incluso la marxista, pues el maestro espiritual se desapega de todo lo alcanzado en el pasado y se conduce a una nueva manera de experimentar la existencia, creando un espacio de inspiración para las generaciones futuras donde pueda afianzarse la Cura (Nirvana) y la Libertad del pueblo. Así, una aproximación a la comprensión multidimensional de la revolución contracultural del Socialismo Budista revela que es una organización de disciplina ética del Sí-Mismo, enseñando al aprendiz a autorrealizar su personalidad y conquistar un estado de consciencia ampliada y superior (ECAS) a través del cual se llega a entender la función que se tiene en la historia y el Propósito (Dharma) de la propia vida. Pero esta evolución espiritual no ocurre espontáneamente, siendo una creación de la meditación libertaria como forma de conocimiento de uno mismo y como forma de ser dueño de sí  mismo. Esto no puede obtenerse sin contemplar a los demás, conociendo el Ser del otro y su conjunto de esfuerzos. Así, para crear la civilización socialista libertaria, el Maitriyana aconseja aprender de todas las disciplinas y saberes pero sin perder de vista el Propósito (Dharma), que es conocerse mejor a sí mismo a través de los demás y conocer a los demás a través de sí mismo.[5]

La finalidad de transformar el paradigma cultural constituye el eje de la desalienación que preconiza el Socialismo Budista, interactuando con la multidimensionalidad del sujeto al proponer una transformación del mundo interno y externo. La metapolítica del Maitriyana no es una idea de reorganización social abstracta o despersonalizada, sino que es una propuesta de transformar la existencia completa del aprendiz. Dado que la meditación libertaria opera como un espacio transicional entre la estructura subjetiva y la estructura social, posibilita abrir una vía intervincular plural. Sin este horizonte del Despertar (Bodhi) del sujeto y del mundo no hay civilización alternativa ni progreso real alguno. Sin embargo, en el Socialismo Budista, el concepto de progreso no debe ser aprehendido en su usual visión materialista y tecnológica, sino en el sentido de desarrollo del arte, la igualdad y la libertad. Estos valores son el esqueleto de la organización de la civilización socialista libertaria. Desde tal postura espiritual se construye este modelo de comunismo de derechos humanos como una Vía comprometida con el porvenir de la Tierra (Gaiayana). Los avances alcanzados en la investigación y enseñanza en la que se encuentran inmersos los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas)  los posicionan con un potencial indiscutible para producir un impacto mundial.

La transpersonalización e integralidad en el ámbito de las ciencias contemplativas produce seres humanos con una visión más amplia y con objetivos civilizatorios más complejos. Esta finalidad no es sólo específica del Maitriyana, pues se encuentra presente en las modalidades propias de los grandes maestros espirituales del mundo, quienes se han propuesto preparar eficazmente aprendices que sean capaces de cruzar las líneas y realizar un mundo mejor. No obstante, para enraizar la Libertad y la Cura (Nirvana) en todo el pueblo no sólo hay que socializar la economía y la política, desarrollando un sistema comunista con democracia directa, sino que también hay que socializar la cultura, universalizando la educación avanzada y gratuita para toda la humanidad. Esto conduce a la complejización de las circunstancias existenciales, donde la transformación revolucionaria de los procesos sociales ya no constituye un tabú sino que son percibidas como medidas necesarias destinadas al bien de todo el pueblo.

El Socialismo Budista ciertamente es una praxis social pero también se arraiga en el Despertar (Bodhi) de la consciencia, actuando tanto en el entramado social como en la transformación del cerebro del sujeto, pues el desapego hacia los dogmas religiosos o políticos ejerce una radical influencia sobre la forma neurobiológica de la mente. En este sentido, el eje medular del Maitriyana es un desenvolvimiento como contracultura integradora y reconciliadora, superando la segmentación y parcelación tanto del saber como de la vida de los pueblos. El viaje desde el dualismo y la fragmentación hacia la integración y la Reconciliación (Maitri) es un desafío que trasciende a la cultura tanto local como internacional. Incluso el Marxismo es superado por el Proyecto del Socialismo Budista, cuya capacidad para atravesar todo tipo de fronteras en pos del análisis de la realidad subjetiva y social contribuye a la Cura (Nirvana) de los problemas del mundo. Desde la tradición Maitriyana la idea de meditación libertaria siempre fue vista como un tributo a la concepción reconciliadora propia de la visión del mundo de la contracultura revolucionaria y como el producto de una búsqueda de una civilización postcapitalista. Aunque el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) suele abocarse al ámbito de la educación, obviamente sobrepasa al mismo, impulsando una revolución transcultural como forma de solucionar los problemas centrales de la sociedad, como la fragmentación y la discriminación. El maestro espiritual preside el desempeño del Socialismo Budista en general, mientras que se dedica a la investigación y enseñanza en lo particular, pues la educación es su objeto de reflexión contemplativa por su condición articuladora y promotora del conocimiento cumbre (Satori) para el desarrollo de todos los pueblos. Desde esta perspectiva, el Maitriyana crea universidades de vanguardia dispuestas a enfrentar los profundos males de la sociedad a través de la transmisión de sabiduría compasiva (prajña-karuna), influenciando así al desarrollo económico, político y cultural de una civilización socialista libertaria. El Socialismo Budista es una perspectiva que genuinamente expresa la visión de Gautama y Marx, siendo el más firme baluarte de la revolución transnacional y transcultural. Así, el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) gesta la configuración de un mundo mejor donde las fuerzas económicas, políticas y culturales estén a favor de la emancipación y Despertar (Bodhi) del pueblo. Esta interrelación orgánica de distintos campos y disciplinas indica que la revolución debe ser lo más integradora y compleja posible, trabajando con una metodología dialéctica paradojal, pero sin perder de vista los problemas particulares que se presenten.

En concordancia con Marx, el Maitriyana entiende que es imposible comprender el campo económico al margen del complejo sistema político, social y cultural que lo sustenta. Al igual que Antonio Gramsci, el Socialismo Budista afirma que las separaciones entre estos campos de reflexión son recortes conceptuales o simbólicos y no realidades independientes o autónomas. Esto demuestra que la metapsicología, metafilosofía y metapolítica del Maitriyana son meras distinciones metodológicas dentro de una visión orgánica. Ante una realidad interrelacionada, la teoría metapolítica del Socialismo Budista no hace más que empeñarse por construir saberes transdisciplinarios y teorías no-fragmentadas, pues el dualismo deforma la realidad que pretende abordar. Así, la articulación Gautama-Marx no es sólo una teoría económica del comunismo ni tampoco una teoría sociológica de la sociedad despierta, debido a que el Maitriyana es un corpus práctico-teórico reconciliador, totalizador y unificador de diversas visiones e interpretaciones sobre el mundo, ninguna de las cuales puede por sí misma iluminar satisfactoriamente la compleja interconectividad de lo Real. Precisamente, este es el rasgo distintivo del Socialismo Budista, cuya epistemología totalizante e integradora –es decir, marxista[6] de la diversidad de factores y elementos de la economía, política y cultura, combinan las esferas analítica, existencial y libertaria de la vida social. Así, en el Maitriyana hay una teoría postcapitalista y postmaterialista que está planteada sobre la base de una reflexión integral sobre la totalidad de los aspectos constitutivos de la existencia, superando el egoísmo, dualismo y consumismo que caracterizan a la cosmovisión burguesa.

La propuesta del maestro espiritual no es únicamente pensar y actuar como una disciplina sino también funcionar como una visión amplia y dinámica de lo Real, interrelacionando múltiples objetos de estudio dentro de un tejido paradigmático. El desempeño científico de la meditación libertaria contribuye a una práctica de organización contracultural capaz de producir una revolución que regenere la naturaleza espiritual de la humanidad, dando curso al surgimiento pleno de cualidades sabias y compasivas dentro de la civilización. Por lo tanto, la contemplación revolucionaria (kakumei-zen) transgrede el status quo, instaurando un funcionamiento social que es causado por su estilo analítico y existencial. El formato integrador del Socialismo Budista enseña la Cura (Nirvana) de la fragmentación social, transmitiendo una reconciliación basada en la unidad a la que puede llegar la mente del aprendiz, en tanto restauración emancipadora del vínculo perdido del sujeto con el Todo.

Según la concepción de la articulación Gautama-Marx, todos los acontecimientos de la historia de los pueblos se han producido de forma inconsciente, pues los hechos no han sido consecuencia de la voluntad consciente del ser humano.[7] Por ello, el Maitriyana muestra la Vía para que los acontecimientos históricos sean concordantes al Bien, la Libertad y el Despertar (Bodhi) del pueblo. Para esto es fundamental la enseñanza del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) y su revolución contracultural, la cual va más allá de lo económico y político. Incluso el mismo Engels reconoció que el hecho de que los discípulos marxistas hayan priorizado indebidamente al aspecto económico era culpa tanto de él como del mismo Marx, pues no se le daba la debida importancia a los otros factores que interfieren en el juego de la causalidad.[8]

La extrema dualidad de la mente y de la sociedad no constituye un inconveniente privativo del Socialismo Budista porque este movimiento está enraizado en la Sublimación (Nirodh) de los impulsos subjetivos del apego, la aversión y la inconsciencia, que en las organizaciones sociales funcionan como codicia, odio y engaño. Así, la meditación libertaria es una acción crítica hacia la consciencia ordinaria y la cultura moderna del mundo. Todas las diversas variantes del Maitriyana son singularidades históricas que dan origen a una mente superior y a una civilización socialista libertaria, pues cuando se despliegan las enseñanzas espirituales en la sociedad esto produce efectos a escala planetaria. Las ciencias contemplativas realizan varias operaciones de complejización que potencian su poder deconstructivo y liberador de la cultura, garantizando con esto su condición de ir más allá de lo normal. Estas operaciones son las de integración o Reconciliación (Maitri), las cuales son un proceso fundacional de estas disciplinas espirituales que han evolucionado durante miles de años, abordando la realidad a través de la unidad que subyace a todas las separaciones. El Socialismo Budista asume entonces una lógica dialéctica paradojal como vía de complejización e interrelación de los fenómenos, considerando a la integración como la única manera de hacer ciencia verdadera. Ciertamente, esta búsqueda es difícil de alcanzar, pero el activismo social del Maitriyana trabaja para afrontar este desafío de una revolución cultural universal de alta calidad. Dado que la construcción de una civilización alternativa implica convocar un proyecto en común para todos los pueblos del planeta, el Socialismo Budista apunta a la Cura (Nirvana) de los procesos económicos, políticos y culturales, abriendo nuevas opciones y posibilidades para el mundo entero. Por lo tanto, la meditación libertaria plantea un modo recto de pensar y actuar que abandona las costumbres, haciendo que aflore la espontaneidad y creatividad inherente a los espacios contraculturales. En este sentido, la simultaneidad de voces presentes en la tradición Maitriyana es una coevolución multidimensional del ser humano y de la Tierra (Gaia), logrando la unidad en la diversidad al trabajar por el Propósito (Dharma) común del futuro. Pero esto sólo sucederá a través de la hermandad y reconciliación entre los pueblos, superando las autolimitaciones que impiden el desarrollo de la paz, la igualdad, la sabiduría y la compasión. De esta manera es cómo la comuna libertaria (Sangha) de aprendices espirituales puede tener incidencia en el rumbo social de la humanidad. Los maestros espirituales no sólo generan una guía trascendente en los procesos educativos, sino que también funcionan como un faro del futuro, siendo la encarnación de una enseñanza superior que puede comprender y transformar el Universo entero. Esta apertura práctica y teórica del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) muestra que el comunismo autoritario ha sido un enfoque parcial e incompleto, no logrando rescatar los temas esenciales del mundo contemporáneo. Por lo tanto, el Socialismo Budista es una especie de enriquecimiento del uso del marxismo, desidentificándolo de su versión soviética elitista para no desdeñar superficialmente sus potencialidades de resolución de los problemas de la sociedad global actual.[9] En cambio, los gobiernos pseudo-revolucionarios han hecho precisamente todo lo contrario, traicionando el pensamiento de los fundadores a través de un esquema despótico y vacío de libertad. Así, el Maitriyana es un Discurso Libertario configurado como un retorno al espíritu original de Gautama y Marx, al mismo tiempo que su Tercera Vía considera tanto a la metafísica como al materialismo como un cementerio de despertares. El Socialismo Budista enseña entonces que la institución religiosa y el gobierno autoritario son espacios perversos llenos de cadáveres de libertades, careciendo de un pensamiento complejo y original. En la queja contracultural del Maitriyana hay una actitud pedagógica de erigirse como el reconciliador y complejizador de la realidad, ayudando al sujeto a comprender el conocimiento cumbre (Satori) que puede salvar el mundo. La contemplación revolucionaria (kakumei-zen) abre las posibilidades de aprender a comprender, iniciando en el aprendiz una actitud libertaria que es concordante con la visión original de Gautama y Marx. De este modo, el Socialismo Budista ayuda al sujeto a convertirse en un maestro espiritual capaz de remediar las circunstancias de sufrimiento del mundo. Aquí, la capacidad de desapegarse de las ficciones del status quo –como el progreso de la tecnología- estructura la concepción crítica y revolucionaria de la sociedad.

El entrenamiento del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) genera en el aprendiz una transformación total del sentido de la realidad, mostrando cuáles son las raíces de los procesos civilizatorios que lo rodean, al mismo tiempo que se comprende cómo realizar la magna labor de asistir al proyecto de transformar la cultura como la Vía Única (Ekayana) de la Libertad. Pero esta responsabilidad científica de formar seres humanos evolucionados demanda de una sabiduría perenne o meditación libertaria sobre quién es uno, de dónde se viene y hacia dónde se va. La prueba de lo valioso que es el modelo de la civilización socialista es que produce una especie superior de ser humano, pero sin necesidad de tener una optimización tecnológica. Sólo es necesaria la excelencia de la Atención Plena a lo Real, ampliando las posibilidades del conocimiento cumbre (Satori) dentro de la vida cotidiana. Desde la especificidad de los avatares del Maitriyana, la historia de la humanidad es cíclica y repetitiva, por lo que el Despertar (Bodhi) es la única posibilidad para el acontecimiento del ser humano nuevo. Precisamente, el valor pasado, presente y futuro del Socialismo Budista es ser una cosmovisión mesiánica, no por haber engendrado con su contemplación revolucionaria (kakumei-zen) una visión original del mundo sino porque es una Vía para superar lo fragmentario, irrealizado e inmaduro de la humanidad,[10] encaminando a los pueblos hacia la unidad, la autorrealización y la evolución espiritual. En concordancia con Marx, el Maitriyana interpreta toda la historia del mundo y no sólo su pasado, puntualizando que la aproximación al aspecto primordial del Ser radica en el hacer, pues la verdadera mismidad no es substancial sino un acontecer en movimiento. Así, el maestro espiritual impulsa al sujeto a irrumpir atravesando los imperativos categóricos y las normas sociales, criticando las condiciones imperantes para poder transformar la realidad. Aunque el ser humano que nace no es responsable del sistema de relaciones opresivas de la civilización capitalista de la que él mismo es un producto social,[11] ciertamente es responsable de su mantención futura siempre que no intente acercarse a los procesos de transformación de la realidad.

El Socialismo Budista es un progreso científico místico que proviene de una dialéctica paradojal que es autoformativa de un constante ascenso de ideas analíticas, existenciales y libertarias. Este Discurso Espiritual es una perspectiva esperanzadora con la potencialidad de transformar el mundo, logrando la recomposición ética de la sociedad a través de una praxis característica de la civilización del futuro. A diferencia del mundo contemporáneo que simplemente tiende al estancamiento y la autodestrucción, el Maitriyana es un posicionamiento que evalúa cómo iniciar un Nuevo Génesis sobre la base de la experiencia de los aspectos imperfectos, impermanentes e insustanciales de lo Real. Por ello, el Socialismo Budista es una Vía de optimismo y buena voluntad, siendo un paso directo hacia la evolución de la consciencia de toda la humanidad. Esto implica que es una enseñanza contracultural que critica la concepción capitalista del mundo para construir una sociedad unitaria, coherente y adelantada.[12] Por lo tanto, esto significa criticar toda filosofía académica y ciencia materialista, elaborando una consciencia de la realidad tal como es. Esta práctica del conócete a ti mismo es capaz de dejar huellas históricas que beneficien a todo el pueblo, forjando el progreso de una cultura revolucionaria a nivel mundial que funcione como Cura (Nirvana) de los problemas de la contemporaneidad. Únicamente la articulación Gautama-Marx puede aclarar este futuro, pues de la praxis de la meditación libertaria emerge un sistema de relaciones sociales que impulsa direcciones políticas capaces de salvar el mundo. Esta unidad no sólo es necesaria para mantener la integridad ante el acoso brutal del imperio capitalista, sino también es la condición para el desarrollo de un movimiento social que anule y supere el status quo imperante. Por lo tanto, el Maitriyana es una subversión de la realidad, buscando incluso perfeccionar al mismo marxismo para convertirlo en una interpretación crítica que interactúa con el mundo por medio de una transformación dialéctica paradojal que es desplegada desde la génesis de procesos integradores, superando la fragmentación y articulando múltiples perspectivas desde la realidad tal como es. Así, el Socialismo Budista es un modo de ser y hacer, contribuyendo a la terrenalidad de los procesos del Despertar (Bodhi).

Uno de los logros asociados a la presencia del Propósito (Dharma) en el análisis contemplativo social es un seguimiento crítico de la herencia marxista, desapegando a la obra de Marx de las corrientes comunistas autoritarias. Puesto que el Maitriyana es un pensamiento que desentraña la obra de Gautama y Marx, posiciona al Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva) como un nuevo ícono del ser humano revolucionario, cuestionando las ilusiones de la sociedad a través de contribuciones éticas que son capaces de realmente hacer un mundo mejor. Así, cuando el aprendiz se aproxima a los procesos dinámicos de la sociedad puede observar que existe la posibilidad de transformar la vida cotidiana siempre que la mente se distancie del egoísmo, dualismo y consumismo. El Socialismo Budista es entonces una Revolución Cultural Universal que deslumbra al ser humano al mostrarle una Vía de abandono del aspecto repetitivo e irreflexivo, fecundando un pensamiento activo y cuestionador que activa recursos analíticos, existenciales y libertarios frente a las necesidades de la Tierra (Gaia). La sentencia del maestro espiritual muestra qué hacer para dar el próximo paso evolutivo en la historia de la humanidad, haciendo despegar la contracultura del Maitriyana como una herencia práctica y teórica para la Cura (Nirvana) de los pueblos. Pero esta Revolución Cultural Universal implica que la vasta difusión del Socialismo Budista deberá ir acompañada de cierto aprecio por un buen nivel teórico, diferenciándose de lo sucedido con el movimiento marxista donde la tendencia fue que muchas personas sin preparación teórica alguna se adhirieran al movimiento sólo por su significación práctica y exitosa, caracterizando a dicha etapa como una unión de practicismo mezquino con una completa despreocupación por la teoría. Por lo tanto, el Maitriyana debe ser una teoría revolucionaria integral en lugar de convertirse en una mezcolanza.[13] El Socialismo Budista nunca se someterá a una difusión de sus ideas desde el menosprecio teórico, pero tampoco incurrirá en un menosprecio hacia la práctica, pues ésta es la base para producir la reconciliación (Maitri) y no la mezcolanza indiscriminada entre lo viejo y lo nuevo. El Maitriyana, como centro de investigación e intervincularidad analítica, existencial y libertaria, va más allá de lo conocido y establecido, identificando el Propósito (Dharma) de la labor de la civilización del futuro, que es con lo que interactúa permanentemente a partir de las potencialidades propias que se tienen. Este horizonte es propulsor de un nuevo amanecer de la Verdad, reencauzando la inteligencia hacia el compromiso con el progreso de la Libertad e Iluminación del mundo.

Los acercamientos que propone el Socialismo Budista mejoran la sociedad, impulsando la comunidad científica mística como modelo del resplandor cultural al propiciar saberes interconectados. Desde la perspectiva del Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), la efectividad de la investigación y educación de la Revolución Cultural del Maitriyana constituye un eje filosófico perenne que abre múltiples caminos hacia el futuro. En concordancia con Marx, la metodología de la investigación de la meditación libertaria asimila el objeto estudiado, analizando sus desarrollos y descubriendo sus nexos para así poder exponer correctamente el movimiento de lo Real.[14] Por lo tanto, la dinámica de la civilización socialista libertaria establece su teorización sobre la base de la Revolución Cultural, sustituyendo a la metafísica y el materialismo para dar lugar a la aproximación de la ciencia contemplativa, la cual nunca propone verdades acabadas y fragmentadas. Esto implica que la Revolución Cultural debe enseñar verdades abiertas e integrales, investigando y promoviendo una especialización en las complejas y significativas formas de la Interexistencia. Aquí, la formación de sujetos revolucionarios conlleva el desarrollo de la capacidad de dilucidación crítica que es inherente a la Atención Plena, haciendo progresar la consciencia frente a los diversos contenidos de la realidad. Para ello, la meditación libertaria impulsa una dinámica totalizadora en perpetua revolución, autocambiando constantemente para religarse a lo Real, por lo que el Discurso Analítico-Existencial-Libertario (Buddha-Dharma-Sangha) de la Espiritualidad va más allá de ser una investigación revolucionaria en los campos de la psicología, filosofía, ciencia, política y religión, generando una praxis y teoría que alcanza la mayor integralidad del conocimiento cumbre (Satori). Por lo tanto, la veracidad de las ciencias contemplativas se despliega como una demostración continua del ejercicio de comprensión y transformación de la realidad, deconstruyendo y creando una nueva forma de vida. Así, la sabiduría compasiva (prajña-karuna) se une con la imperfección, impermanencia e insustancialidad, dado que la incompletud es necesaria para toda creación y evolución.

Cuando el Socialismo Budista asume la responsabilidad de ser un representante de Gautama y Marx penetra serenamente las doctrinas sociales, estando con una visión vacía de prejuicios y estereotipos, al mismo tiempo que se trasciende el dualismo entre objetividad y subjetividad. Sólo la meditación libertaria utiliza múltiples criterios y perspectivas para proponer –y nunca imponer- diversas soluciones, pues el espíritu científico contemplativo es la tolerancia y la ecuanimidad, nutriéndose y enraizándose en la investigación crítica del maestro espiritual. A diferencia de los dogmas de la fe o la ideología, la tolerancia es una extensión del conócete a ti mismo, purificando la inteligencia, ampliando la sensibilidad y satisfaciendo la actividad científica en su búsqueda de la Verdad. El más alto deber de la razón es ser inquebrantablemente fiel a la misión o Propósito (Dharma) de enraizarse en la Verdad,[15] que es el genuino progreso humano y la auténtica revolución cultural que emana de la perspectiva del Maitriyana, la cual integra pasado y futuro en la experiencia del aquí y ahora. La meditación libertaria es la posibilidad vital que tiene el aprendiz para liberarse de sus propias ataduras, por lo que el Socialismo Budista propone una transformación emancipadora tanto de lo social como de lo cognitivo. Esto significa que el despliegue de la reconciliación e integración no es una mera declaración de objetivos sino un programa práctico para el acontecimiento del Despertar (Bodhi) del mundo interno y externo, a los que se aspira purificar perennemente. Según el Ser Libre e Iluminado (Arhat-Bodhisattva), una revolución no sólo debe rebasar de buena voluntad, sino también de conocimiento cumbre (Satori) y de un proceso de socialización sabia y compasiva, enseñando a la humanidad a convertirse en una comuna libertaria (Sangha) llena de apoyo mutuo, comunicación provechosa e inteligencia esperanzadora, siendo vías amplias que cultivan preceptos luminosos y uniones bellas que nunca se olvidan cuando se han disfrutado.[16] En la comuna libertaria (Sangha) se encuentra un ambiente elemental para la unificación de diversos saberes útiles para la valiosa resolución de problemas inmediatos y para la identificación de alternativas civilizatorias a largo plazo, lo cual abre vías amplias hacia la evolución y Ascensión del ser humano. De esta manera, la contemplación revolucionaria (kakumei-zen) tiene dispositivos generadores de la transformación del mundo interno y externo del sujeto, instaurando una revolución cultural desde abajo (que es la mente misma) y no desde arriba (que es la burocracia estatal). Así, sólo partiendo desde la raíz del problema se puede influir realmente sobre el fundamento de lo existente, construyendo diariamente la oportunidad para que nazca lo nuevo. Dado que la Revolución Cultural Verdadera únicamente puede ser instaurada desde la transformación de las bases de la sociedad, el maestro espiritual indica que la educación es la instancia o sector más importante para la transformación social del futuro. Aquí, el Maitriyana como Camino de reforma o revolución es un desafío para la política actual, pues articula a Gautama y Marx dentro de un movimiento social que se manifiesta como una organización metapolítica internacional.

El Socialismo Budista es el florecimiento de potencialidades connaturales que son puestas en manifiesto a través de un activismo social multidimensional y de un servicio cultural revolucionario que gradualmente encamina a la humanidad desde la fragmentación hacia la integración, desenvolviendo una lógica dialéctica paradojal que propicia la ética de la reconciliación en una hibridación de ámbitos cognitivos y sociales. En efecto, el Maitriyana clarifica una combinación armónica y sintética de disciplinas diversas, superando las contradicciones del pensamiento ordinario a través de un progreso psicológico, filosófico y político que es controversial por excelencia. Al mismo tiempo, el Socialismo Budista se presenta como una fuerza adicional que dota al aprendiz de una visión socializadora libertaria frente a las disposiciones irracionales formuladas desde las altas esferas del Poder capitalista global, pero que también se encuentran dentro del sujeto a modo de impulsos de muerte.

La praxis metacientífica del Maitriyana crea un eje práctico y teórico que demuestra que la articulación Gautama-Marx es la forma en cómo progresará el Marxismo del futuro, el cual se revitalizará a través del método de investigación de la meditación libertaria, actuando responsablemente al desarrollar escenarios globales en los que cada vez sea mayor el grado de Cura (Nirvana) y Libertad del pueblo. De esta manera, la ciencia de la contemplación revolucionaria (kakumei-zen) responde mancomunadamente a los problemas del mundo, haciendo que el sujeto cobre consciencia de que también es responsable por los resultados de la sociedad.

Aunque la Revolución Cultural del Socialismo Budista es una polémica forma de vida trans-académica, ciertamente se adapta a la época contemporánea donde abundan múltiples identidades culturales, por lo que nunca tiene una propensión al agotamiento teórico. Desde esta perspectiva, el Maitriyana articula soluciones estructurales para los problemas del mundo, ya que la evanescencia radical de los males de la guerra, la injusticia social, la ignorancia y la contaminación consiste en asumir un paradigma transcultural que se aproxime a la integración y Reconciliación (Maitri) de todos los enfoques fragmentados. En concordancia con Marx, el Socialismo Budista propone un debate constante sobre las relaciones entre las cosas, las cuales no son concebidas por el aprendiz como procesos fijos e inmutables, sino como acontecimientos transitorios. Esta misma lógica dialéctica paradojal sobre la imperfección, impermanencia e insustancialidad de lo Real también se aplica al campo de la mente, considerando que los conceptos dependen de cambios y transformaciones para no ser enmarcados en estereotipos o definiciones rígidas.[17] Esta actitud supra-ideológica es un proceso histórico que forma un nuevo tipo de consciencia y sociedad, la cual crece a partir de la ética del Desapego hacia los modelos psíquicos heredados culturalmente y de los que el sujeto debe desidentificarse para realizar nuevas búsquedas espirituales. Se trata de reconducir las interacciones sociales desde la metafísica y el materialismo hacia el centro del activismo científico místico que será el porvenir de la humanidad, actualizando todas las potencialidades del ser humano en el aquí y ahora. Esta Revolución Cultural del Maitriyana crea las pautas para un abordaje de los problemas complejos del mundo, pero también aporta un entretejido peculiar capaz de hacer evolucionar la consciencia y la sociedad al evanescer el egoísmo, dualismo y consumismo. Éste es el sentido avanzado y progresista que tiene el Socialismo Budista, cuya visión totalizadora e integradora instaura la revolución dentro de la vida cotidiana, lo cual permite que no se cosifique al marxismo como un mero movimiento económico alternativo. Los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) son portadores de una enseñanza espiritual que muestra que la Reconciliación (Maitri) no podrá ser instaurada en la Tierra (Gaia) sin antes internalizar el hecho de que debe haber una transfiguración del ser humano, respaldando su autoprogresión sobre la base de acciones prácticas que convierten a la cotidianeidad en activismo cultural. Sólo transformando al aprendiz en un portador real de la Revolución Contracultural podrá pasarse a una nueva etapa de la historia humana. Esto obviamente implica desapegarse de los discursos políticos y de las buenas intenciones de los líderes mundiales, pues la Revolución Contracultural es un fenómeno con una praxis real y perceptible en el aquí y ahora. La declaración de objetivos del Maitriyana parte de la articulación Gautama-Marx, por lo que posee la suficiente sabiduría compasiva (prajña-karuna) para conscientemente liderar al mundo hacia la Salvación. Según el maestro espiritual, la clave de la Salvación de la humanidad y de la Tierra (Gaia) es la Revolución Cultural del Socialismo Budista, y la guía para llevar a cabo rectamente este proceso libertario es la enseñanza e investigación de la visión de Gautama y Marx, cuyo resultado es el posicionamiento de una superhumanidad. Ciertamente, el modelo de la civilización socialista libertaria es la solución a los problemas del mundo y simultáneamente es una alternativa económica, política y cultural que reordena y refunda el paradigma social sobre la visión utópica de la sabiduría compasiva (prajña-karuna). El futuro colectivo del ser humano tiene raíces budistas y marxistas, por lo que el Maitriyana se distingue como hilo conductor de la palabra y praxis de las generaciones venideras.

 

[1] F. Engels, Carta a Werner Sombart, 11 de Marzo de 1895.

[2] K. Marx, Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski 1877.

[3] K. Marx, Carta al director de Otiechéstvennie Zapiski 1877.

[4] K. Marx, Líneas fundamentales de la crítica de la economía política.

[5] Antonio Gramsci, Socialismo y Cultura.

[6] Atilio Boron, Teoría política marxista o teoría marxista de la política.

[7] F. Engels, Carta a Werner Sombart, Londres 11 de Marzo de 1895.

[8] F. Engels, Carta a Jose Bloch, 21 de Septiembre de 1890.

[9] Mayra Espina, Cuba: la hora de las ciencias sociales.

[10] Antonio Gramsci, Antología.

[11] K. Marx, El Capital, Tomo I.

[12] Antonio Gramsci, Texto introductorio al Estudio de la Filosofía y el Materialismo Histórico y Tres Notas.

[13] V. I. Lenin, Obras Completas, Tomo Seis.

[14] K. Marx, El Capital, Tomo I.

[15] R. Roa, Historia de las doctrinas sociales.

[16] J. Martí, Obras completas en Dos Tomos, Volumen II.

[17] K. Marx, El Capital, Tomo III.

Un comentario en “Diálogo Cultural con China: revolución contracultural del Maitriyana

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