Introducción al Estoicismo Zen

Introducción al Estoicismo Zen

Yan Maitri-Shi

El Estoicismo Zen es una articulación entre la filosofía de la Antigua Grecia y las enseñanzas del Ser Despierto (Buddha). Es una evolución de la consciencia al ser una participación mística y una integración dialéctica con el Universo. Es un arte de trascender sin obrar (wu wei).

El Propósito (Dharma) del Estoicismo Budista es la preocupación por los grandes problemas de la existencia, a saber, la ilusión del ego, el poder del dualismo y el dominio del consumismo.

Heráclito, Pitágoras, Platón, Pirrón, Séneca, Epícteto y Marco Aurelio profundizaron mucho más allá del saber filosófico, consiguiendo la aprehensión del campo del misticismo.

El Estoicismo Zen trabaja y se preocupa por el lenguaje poético, el ideal ético, el conocimiento cumbre (Satori) y la ilusoriedad del Yo; asumiendo como misión al no-lenguaje, el Desapego, la Verdad y el Vacío de significación. El Estoicismo Zen va más allá de la tesis y la antítesis por medio de la paradoja, que es el vacío considerado no como algo negativo, sino como pura libertad de posibilidades.

A través de la meditación existencial se logra una dignificación y autovaloración de la vida misma. El Propósito (Dharma) de un aprendiz del Estoicismo Zen es vivir conforme a la naturaleza (vivere secundum natura); es decir, de acuerdo a su naturaleza búdica, haciendo que la existencia despierta sea una virtud y bondad de la condición humana. Esto es lo que distingue a la raza humana del resto de las otras especies animales. Sólo una práctica ética, brindada por el espacio de la meditación existencial demuestra una coherencia y sentido divinos.

Al no poseer una finalidad académica, el pensamiento estoico zen brinda una igualdad entre lo que se enuncia y lo que se hace, simplemente prestando Atención Plena a la relación establecida con lo Real desde una racionalidad intuitiva. De ahí que el maestro espiritual sólo se preocupa por su recto accionar, incluso aunque eso sea sacar agua del pozo.

La sabiduría-compasiva (prajna-karuna) es el contenido esencial que supera al egocentrismo, al dualismo y al consumismo. A través de la práctica contemplativa se pueden advertir los errores de la vanidad, el materialismo y el hedonismo. Es por eso que la receta del Estoicismo Zen es el desapego, la humildad y la unidad como acontecimiento del Devenir del Verdadero Ser.

El actuar del maestro espiritual no experimenta contradicción ni dualismo, a diferencia de la neurosis que padecen los sujetos corrientes, quienes desean la felicidad y el bien pero repetida y compulsivamente caen en el mal y el sufrimiento. Pese a esto, el ser humano alberga cierto grado de Espiritualidad en las profundidades de su Ser. Por lo tanto, todo individuo debe tender a la virtud, avanzando y evolucionando espiritualmente; incluso aunque dicho individuo pueda triunfar en un plano material.

Al aprendiz se le enseña que no debe conocer nada de manera académica, dado que ya sabe y conoce todo de antemano por medio de su naturaleza espiritual, la cual es una razón intuitiva despojada de cualquier contenido intelectual proveniente del ego.

La ecuanimidad (ataraxia) es una actitud de Despego y Serenidad, experimentando un bienestar existencial que emerge como una forma de sabiduría-compasiva (prajna-karuna). En el plano de lo político y social, esto no implica una postura apolítica, sino más bien que plantea un desacatamiento pacífico y una desobediencia civil frente a la tiranía del Poder, siendo una actitud de imperturbabilidad y renuncia. Por ende, la ecuanimidad (ataraxia) no implica una quietud absoluta, sino una participación mística en la realidad.

Existir de acuerdo a la naturaleza del Ser es entregarse por completo, admirando y cultivando la ecuanimidad mediante la acción y la contemplación, puesto que no existe meditación existencial sin acción. La meditación existencial es el entrenamiento en pos del desarrollo de un tipo de pensamiento que trasciende tanto al  intelecto como al lenguaje ordinario, haciendo que el individuo supere paulatinamente la angustia que genera la Vacuidad de la Existencia, a la vez que la mente comienza a integrarse con el Universo, al igual que lo hace una planta en relación a la Tierra (Gaia).

Concordantemente con Séneca, el Maitriyana propone una meditación existencial activa, es decir, productiva a la vez que es de naturaleza sublimatoria, lo que conduce a que el sujeto comprenda intuitiva y claramente lo Real. El conocimiento cumbre (Satori) es lo natural, por lo que no es necesario hacer un gran esfuerzo por representarlo o justificarlo.

El Ser Libre e Iluminado combate el estado de distracción en el que vive el individuo corriente. Cuando un aprendiz cae en la distracción, está eludiendo la responsabilidad de la Atención Plena y el cuidado de Sí-Mismo. La virtud es la personalidad central declarada por la razón intuitiva. Para el Estoicismo Zen, tanto la racionalidad como la irracionalidad se trascienden ambas mediante la raíz superadora que es el Verdadero Ser (Hgemonikon).

El maestro espiritual practica un Desapego que no es una dejadez o apatía sobre lo que ocurre externamente, al mismo tiempo que no es desbordado por los acontecimientos, pues la ética del Desapego no equivale a la ausencia o abandono de la Voluntad.

En el Maitriyana se enseña que el renunciamiento o Desapego es el abandono del Yo, es decir que el desafío genuino no implica renunciar a lo externo, sino alcanzar la Cura (Nirvana) de la enfermedad yoica.

La metafilosofía, en el Estoicismo Zen, es el estudio de la virtud como Sublimación (Nirodh) de la pasión convertida en sabiduría-compasiva (prajna-karuna).

El koan o paradoja es un objeto esencial en meditación existencial y tiene la ventaja de transmitir la enseñanza directa del maestro espiritual: la ética del Silencio. En cada paradoja (koan) que el Ser Libre e Iluminado le propone al aprendiz está contenido el extracto de todo el Maitriyana. El ejercicio de la contemplación es un metapensar que obliga al sujeto a salirse de su percepción ordinaria de lo que le rodea; arrancándolo de su mente individualista, dualista y clasificadora en pos de la revelación del Sentido Real de la Existencia. La búsqueda y esfuerzo por el conocimiento cumbre (Satori) es la cuestión más importante en el Estoicismo Zen, pues el sólo cultivo y práctica de la ética no son suficientes para lograr una comprensión directa y certera de la realidad.

La esencia del Maitriyana consiste en enseñar a que el individuo abandone su vieja forma de percibir la realidad, en pos de una percepción sustentada en el vaciamiento de todo estereotipo. Esto  produce que el individuo alcance el conocimiento cumbre (Satori) por medio de la meditación existencial, la cual trasciende todo tipo de lenguaje intelectual con el fin de que el sujeto perciba tanto su existencia como la del Cosmos mediante la razón intuitiva.

La naturaleza de la mente es el estado de consciencia despierta, de modo que si no se logra una plena comprensión y reconciliación con el Sí-Mismo, la contemplación, el estudio de Sutras o seguir preceptos será en vano. En el Estoicismo Zen el Sí-Mismo funciona a la vez como inteligencia y divinidad, siendo esta mente y razón mística el guardián y guía del individuo. En el Maitriyana, la mente funciona como un sistema viviente, el cual se encuentra en constante formación. Esto posibilita el cambio, la transformación y evolución tanto del mundo interior como del exterior.

El Estoicismo Zen no es una metafísica, pues su principal instrumento, que es la contemplación, trasciende la razón ordinaria, diferenciándose así de la religión, la cual puede ser entendida mediante la razón.

La Espiritualidad del Maitriyana se sirve de numerosas técnicas o instrumentos de sublimación (Nirodh), con el  fin de ayudar en el aquí y ahora a que los individuos alienados y oprimidos por la cultura puedan alcanzar la Cura (Nirvana) para este mal. Algunas de estas herramientas son las distintas formas de arte, las cuales son medios que reflejan la naturaleza espiritual lo más claramente posible. Una de estas formas artísticas es el Estoicismo Zen, el cual es un arte filosofal que enseña que para lograr el Despertar (Bodhi) no es necesario abandonar la cotidianeidad.

En el Estoicismo Zen, la meditación es desarrollada como un silencio profundo que establece un contacto con la Nada, la cual es la base del Verdadero Ser.

El Maitriyana trasciende el dualismo del lenguaje ordinario mediante la ética del silencio y el lenguaje poético, siendo una Espiritualidad Perenne que no se ocupa meramente del marco de entrenamiento gradual o repentino, sino más bien que su pasión es la búsqueda inagotable de la Verdad, la rectitud y la virtud, conectando al aprendiz con su naturaleza espiritual e integrándolo en el Cosmos, lo cual produce la Cura (Nirvana) de la enajenación de sí mismo que padece el sujeto.

El conocimiento cumbre (Satori) de lo Real va más allá de la distinción intelectual entre lo subjetivo y objetivo, entre mundo interno y externo, de modo que el Estoicismo Zen declara que la mera razón intelectual es incapaz de responder satisfactoriamente acerca del Sentido de la existencia, por lo que tiene que ser superada a través de la razón intuitiva con el fin de alcanzar la Verdad, la Serenidad, la Ecuanimidad (ataraxia) y el Despertar (Bodhi).

La práctica del Estoicismo Zen se basa en tres pilares: el estado de consciencia despierto (Buddha), las enseñanzas del Propósito (Dharma) de la existencia y el apoyo mutuo y reconocimiento de la Comuna de aprendices y maestros (Sangha).

A diferencia del pensamiento religioso que considera a la naturaleza humana como maligna, la Espiritualidad Existencial considera que la naturaleza de los seres humanos es pura bondad, la cual se ve corrompida por la noción de un Yo o Ego impuesta por la cultura y por el lenguaje dualista.

De manera que, a través de la práctica de la contemplación existencial y de la ética del silencio profundo, el sujeto puede reencontrarse con el Sí-Mismo y así comprender el Sentido y Propósito (Dharma) de su existencia.

El ser humano nace con una propensión al bien, por eso no existe necesidad de un cultivo de la bondad. Simplemente el individuo debe entregarse a la práctica de la meditación existencial y al aprendizaje de las enseñanzas y, de ese modo podrá ser capaz de experimentar su verdadera naturaleza, que es pura libertad, e identificar los momentos en que este individuo se vea inmerso y perdido en las ilusiones del apego, la aversión y la inconsciencia, los cuales son fuentes de sufrimiento al contaminar la pureza innata del Ser.

El Discurso de la Espiritualidad Existencial se asienta en la fe racional pura, realizando una crítica a la razón eclesiástica. La razón pura, según el Estoicismo Zen, es una confianza tanto en el Verdadero Ser como en el Orden Cósmico. El fin para la razón intuitiva es el bienestar, en cambio para la religión la finalidad es la moral.

El conocimiento cumbre (Satori) no puede ser enseñado, pues el cuerpo de lo Real es imperceptible y esquivo ante el pensamiento y el estudio; únicamente puede señalarse el camino hacia dicho conocimiento cumbre (Satori), el cual es una experiencia y no un concepto o idea.

Dado que la Espiritualidad del Maitriyana apunta a liberar al sujeto de la opresión y la alienación, esta emancipación y reconocimiento del Verdadero Ser y de la naturaleza bondadosa inherente a cada ser vivo conecta al individuo con la interexistencia y lo une a la Totalidad del Cosmos, generando la experiencia de que el sujeto sienta necesidad de que el prójimo y todo ser viviente que lo rodea alcance también esa Liberación y Despertar (Bodhi). Esta idea es completamente opuesta a la opresión generada por la religiosidad y la moral, puesto que éstas imponen valores ilusorios. El problema esencial de la religión es precisamente no apuntar al Despertar (Bodhi) de los seres, imponiendo un modo de conducta proveniente de una idea de lo que es la bondad, pero careciendo de la guía y la práctica espiritual, las cuales llevan a que el individuo sea plenamente consciente al momento de elegir el acto y la virtud de amar al prójimo.

Al instaurar un funcionamiento no-binario de la mente, la Espiritualidad Maitriyana, mediante la práctica del arte contemplativo y del silencio místico, trasciende el lenguaje dualista, siendo un Camino Medio basado en la Nada-en-Ser, lo cual supera el dualismo, egoísmo y consumismo en el aprendiz.

De este modo se evanesce la distinción entre significado y Vacuidad, resolviendo silenciosamente cualquier vestigio dualista, lo cual genera la culminación del lenguaje, dando así origen a una metafilosofía del silencio. Esta trascendencia de los opuestos reconcilia el mundo externo e interno del sujeto, al superar la incapacidad de la palabra ordinaria a la hora de aproximarse al inefable Significado del Ser.

El metapensamiento que surge de la meditación existencial es la síntesis entre el Ser y la Nada. Esta síntesis es el silencio místico, no siendo afirmación ni negación, sino vacío y plenitud simultáneamente. La contemplación como percepción de lo Real tal y como es constituye la base práctica y teórica del Estoicismo Zen. En la práctica contemplativa, los elementos se relacionan poética y estéticamente como en el abrazo erótico entre dos cuerpos, al igual que la representación artística del símbolo Yin y Yang donde se armonizan los fragmentos de la Totalidad Cósmica.  De este modo, la mente es el mejor símbolo del Universo, pues trasciende y engloba integralmente tanto al cuerpo y el no-cuerpo.

La Espiritualidad del Maitriyana refleja en el aquí y ahora los 2.600 años de esfuerzo y dedicación del Propósito de Siddhartha Gautama de Despertar a todos los seres.

Mediante la Sublimación (Nirodh) de la impermanencia, la insustancialidad y la insatisfacción, a través del arte y el lenguaje poético, los Seres Libres e Iluminados (Arhats-Bodhisattvas) guían tanto a individuos como a pueblos y sociedades hacia la Liberación y Despertar, reconciliándolos con la Verdad del Ser en pos de la comprensión cumbre (Satori) del Propósito (Dharma) del Cosmos. Esta apertura a la Verdad Universal es la Meta Suprema del Estoicismo Zen, el cual es una Vía o herramienta de la Espiritualidad Maitriyana –compuesta de nueve vías internas-, siendo guardiana y custodia de la Sabiduría y el Despertar del Cosmos.

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