Sentencia sobre China Buddhist Association

CASO 62-2021: China Buddhist Association

SENTENCIA ÉTICA

Estimados Fiscal, Embajador de Paz y Miembros del Jurado del Comité Internacional de Ética Budista (CIEB) y Tribunal Budista de Derechos Humanos (TBDH), respecto del Caso 62-2021 contra China Buddhist Association, por medio de la presente, en el día 2 de Julio de 2021, se deja constancia de que se ha concluido el juicio para analizar las violaciones a los Derechos Humanos y a la Ética Budista realizadas por el acusado. Este Caso ha sido llevado a cabo como consecuencia karmática de la Declaración Universal sobre el Genocidio Budista Tibetano.

Luego del análisis de la presentación del Caso y la validación de pruebas, se ha procedido con la votación de 3 Defensores de los Derechos Humanos, quienes votaron unánimemente que es Justa la Acusación contra la China Buddhist Associationpor los graves delitos de Crímenes contra la Humanidad, Genocidio y Limpieza Étnica contra la Civilización Budista Tibetana y contra la comunidad espiritual Falun Gong. Las evidencias del Caso han sido terribles, demostrándose un patrón genocida de China compuesto por la invasión de comunidades indefensas, el secuestro y tortura de líderes sociales, los abusos sexuales de mujeres, los infanticidios y abortos forzosos, las ejecuciones extrajudiciales masivas, la destrucción de templos, el confinamiento en campos de concentración, la cosecha de órganos y la prohibición de toda práctica cultural o espiritual no controlada por la dictadura maoísta, todo lo cual acontece con la complicidad y aprobación de la China Buddhist Association.

En la presente sentencia ética se analiza la influencia negativa que ha tenido el Comunismo Maoísta contra la Civilización Budista, traicionando al espíritu del Marxismo al desarrollar múltiples genocidios contra comunidades espirituales durante más de 70 años. Al carecer de la función de la utopía que dinamiza la sociedad por medio de la esperanza de un mundo mejor, el Comunismo Maoísta ha tenido una influencia negativa sobre el Budismo así como también ha mantenido relaciones de opresión con otros pueblos espirituales. Desde la perspectiva contemporánea resulta fácil comprender la magnitud del Comunismo Maoísta en la configuración de la crisis mundial, careciendo tanto de metas utópicas como de vínculos éticos con el pasado, por lo que su orientación es puramente materialista y nihilista.

A diferencia del Maitriyana que sistemáticamente ha vinculado el pensamiento utópico marxista con la visión socialista de Gautama, en lo que se podría considerar como un Discurso de Espiritualización (Budización) del Marxismo, en cambio, el Comunismo Maoísta ha intentado extinguir o controlar totalmente a las comunidades espirituales (sanghas) en lo que se puede entender como un proceso de maoización del Budismo por medio de la tortura y aniquilación de los líderes budistas independientes junto con la rendición y sumisión de los líderes budistas cómplices del régimen chino genocida. Este es el contexto político necesario que permite entender a la China Buddhist Association. Mientras que en el Budismo Verdadero del Maitriyana reina la independencia, liberación y el pensamiento utópico, en cambio, en el Falso Budismo del China Buddhist Association reina un entramado de control estatal, corrupción moral y destrucción cultural de todos los legados espirituales.

En este sentido, el Caso de la China Buddhist Association controlada por la dictadura maoísta justifica ser analizado en concordancia con los Casos del State Sangha Maha Nayaka Committee controlada por la dictadura de Myanmar,la International Buddhist Confederation controlada por el gobierno de la India, el Supreme Sangha Council controlado por la monarquía de Tailandia, y el Mondo Zen controlado por el Ejército de USA. De esta manera, se concluye que el Budismo está siendo manipulado políticamente por gobiernos tiránicos y opresivos que buscan anular su Propósito de Liberación.

El Maitriyana reinterpreta la función de la utopía para no limitarla a una simple imaginación de un mundo ideal. Por ello, produce una síntesis y unificación entre el Budismo, el Marxismo y el Utopismo, lo cual conduce a la corriente del Socialismo Budista donde Gautama y Marx encuentran su punto de unión. Sin embargo, para entender este pensamiento libertario no sólo es vital confluir en el campo utópico que permite pegar un salto al Reino de la Liberación, sino que también es imprescindible desidentificarse de todo materialismo que anule las relaciones de amor y justicia en la sociedad. En efecto, en las semillas de un mundo utópico de sabiduría compasiva se rastrean los elementos de la consciencia despierta, por lo que el Socialismo Budista busca la Evolución Ética de la humanidad y se diferencia del Comunismo Maoísta que únicamente pone su énfasis en la ilusión del crecimiento económico con el costo de desarrollar la opresión progresiva de los pueblos. Esta defensa de una sociedad utópica que realiza el Socialismo Budista puede entenderse como un fenómeno de esperanza mesiánica, pues aspira a la Salvación de la humanidad, lo cual lo diferencia del Comunismo Maoísta que es impulsado hacia el Apocalipsis de la civilización.

El Maitriyana desarrolla la tradición del Socialismo Budista a través de su articulación de Gautama y Marx, pero también por medio de la refutación práctica y teórica de los dictadores genocidas Stalin y Mao Zedong. El Maitriyana percibe en estos políticos tiránicos una referencia permanente al genocidio, siendo un obstáculo para la Liberación socialista de los pueblos. Efectivamente, con Mao Zedong se instauró en China un régimen estatal psicótico cuyos impulsos de muerte tendieron a la represión social y el aniquilamiento desenfrenado de forma sistemática y generalizada, secuestrando, torturando, abusando y asesinando a más de 70 millones de personas en lo que constituyó el peor genocidio de la historia humana. Esta tradición del Comunismo Maoísta ha violado los derechos humanos de miles de millones de personas, incluso produciendo 400 millones de abortos forzosos e infanticidios, y lo ha hecho sin ningún tipo de sentimiento o consciencia de culpa, pues en la base del materialismo hay un desprecio por la dignidad intrínseca de toda la vida. Evidentemente, el Comunismo Maoísta busca controlar absolutamente cada aspecto de la existencia de las personas, incluso intentando que el mundo interior quede a merced de fuerzas manipulables por los políticos poderosos.

De esta manera, lo que ha actuado en el Comunismo Maoísta no fue una tendencia revolucionaria, sino más bien un impulso de destrucción de la civilización que desvincula al ser humano de su naturaleza espiritual, lo que podría ser entendido como un retorno a la condición prehumana y salvaje. Para el Socialismo Budista los múltiples casos de genocidio realizados por el Comunismo Maoísta contra el Pueblo Budista, el Pueblo Musulmán y el Pueblo Cristiano, son evidencias rotundas de una política pseudo-revolucionaria que conduce a las más terribles condiciones sociales, como las masacres y la hambruna, pues se trata del olvido deliberado de los verdaderos principios libertarios del Marxismo. El Comunismo Maoísta ha ignorado a las ideas de la Libertad, Igualdad y Fraternidad, creando un Reino de Opresión, Injusticia y Discriminación, e incluso pervirtiendo a la Espiritualidad al crear un Budismo Maoísta cómplice de genocidio: la China Buddhist Association.

Para el Maitriyana, cuando el genocidio se vuelve una condición social cotidiana entonces se trata de una amenaza para toda la vida, lo cual inevitablemente se resolverá mediante una verdadera revolución que responda a los intereses y valores de los derechos humanos. Frente a la angustia y horror del genocidio realizado por el Comunismo Maoísta, el Socialismo Budista antepone la función de la esperanza utópica, buscando que tanto las sociedades capitalistas como las sociedades comunistas sean espiritualizadas. Esta utopía de la Budización de Occidente y Oriente es la remodelación del mundo, el acontecimiento de una civilización socialista libertaria conducida por la contemplación, la sabiduría, la ética y la compasión. Aunque en determinadas ocasiones la única forma adecuada de subversión ante la persecución omnipresente del Poder Comunista Maoísta ha sido la huida, la meditación libertaria del Maitriyana permite percibir otro Camino en el que los seres humanos cumplan su sueño de vivir con paz, justicia, conocimiento y salud. Por ello, el Socialismo Budista es categórico respecto a los efectos peligrosos que tiene apegarse a regímenes dictatoriales genocidas pensando que son revoluciones utópicas, lo cual definitivamente implica salir de la realidad para pasar a un estado de psicosis.

La práctica contemplativa libertaria no sólo es una percepción de la realidad del presente cuyas necesidades sociales deben ser satisfechas, y también es un reconocimiento de la realidad del pasado cuyos errores deben dejar de ser repetidos, pero además se trata de la apertura a la realidad del futuro para que de una vez por todas pueda emerger un mundo mejor. Este emerger de la civilización utópica es la respuesta del Maitriyana frente a la angustia de las cientos de millones de muertes causadas por el tiránico y demencial Comunismo Maoísta.

El Socialismo Budista es un modelo social que intenta iluminar el mundo entero, guiando a los pueblos para que transiten un Camino fuera de las sombras del materialismo. Así, la enseñanza revolucionaria del Maitriyana permite la incubación del ser humano nuevo que inevitablemente deberá venir al mundo si es que éste desea ser salvado.

Por otra parte, el Socialismo Budista manifiesta que la estructura política del Comunismo Maoísta verdaderamente no ha sido influenciada por Marx, pues más bien ha tomado como herencia a la visión de Stalin, quien realizó genocidios antes y después de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, el Comunismo Stalinista y Maoísta ha sido el principal obstáculo para que las sociedades se orienten hacia el Verdadero Marxismo, cuyos elementos fundantes son democráticos y liberadores en lugar de ser genocidas y opresivos.

Para el Maitriyana, tanto el Nazismo como el Comunismo Maoísta han carecido de un adecuado marco teórico y práctico para concebir el futuro como una categoría utópica, debido a que con sus horrores genocidas han mostrado un miedo paranoico a la libertad de las personas. En cambio, el Socialismo Budista conserva el núcleo utópico del porvenir, mostrando que la humanidad del futuro sólo puede ser movilizada desde categorías libertarias. De esta manera, el Maitriyana establece que el Marxismo Verdadero únicamente puede ser entendido como una formulación utópica que trabaja por la esperanza factible y real de la Liberación de los pueblos. Esta visión se opone al falso socialismo materialista y genocida de Mao Zedong.

Según el Socialismo Budista, la función del Utopismo es la única ideología revolucionaria que merece permanecer, pues su horizonte definitivo siempre se encontrará eternamente en curso, aportando esperanza y optimismo frente a las adversidades, al mismo tiempo que encuentra una cierta culminación parcial en la consciencia despierta del individuo cuya subjetividad ha sida autorrealizada e impregnada por la función utópica. En este sentido, el Maitriyana confirma que la ideología comunista maoísta de la China Buddhist Association contiene ideas falsas, regresivas y dualistas que han asesinado todos los nobles sueños utópicos de los grandes líderes éticos de la Antigua Civilización China. De este modo, la Vía espiritual del Socialismo Budista no piensa en términos de polos opuestos, ni de individualismo o materialismo, redirigiendo todos los esfuerzos para resolver los problemas del mundo y así poder construir la Civilización Adecuada del futuro, incluso ofreciendo un modelo que no sólo se aplica a la política y economía sino también a la psicología, el arte, la filosofía y la ciencia.

Efectivamente, el Maitriyana recurre al arquetipo del mundo utópico aunque no a la esperanza de un mundo ideal, pues la revolución política y cultural del Socialismo Budista es factible de alcanzar en el aquí y ahora para construir la utopía de una civilización recta y adecuada que respete siempre la dignidad intrínseca de la vida, a diferencia de los modelos genocidas del Fascismo Nazi y el Comunismo Maoísta que han conducido a un culto a la muerte.

En la proposición iluminativa de la tradición del Maitriyana se promueve la evolución ética y el perfeccionamiento constante de la humanidad, siendo una perspectiva que tanto el capitalismo salvaje como el Comunismo Maoísta nunca han alcanzado ni comprendido debido a su obsesión con el apego estático a lo material. Efectivamente, a causa de su relación dualista y violenta para con la realidad, la ideología del Comunismo Maoísta carece de elementos rescatables tanto en la práctica como en la teoría, uniendo a la sociedad no por medio de sus ideales sino a través del miedo, la persecución y los genocidios.

Desde el enfoque del Socialismo Budista nunca se debe producir ningún tipo de aniquilamiento o violencia de Estado contra determinados grupos, pues más bien se debe mantener la armonía y cohesión social por medio de la empatía con el otro, respetando la multiplicidad de visiones individuales e incluso promoviendo el multiculturalismo y la unidad en la diversidad. Por lo tanto, el Maitriyana comprende la importancia de que la práctica crítica y revolucionaria libere a las personas y así se rebele contra el destino social que quieren fijar los gobiernos. Frente a dictaduras y tiranías como las del Comunismo Maoísta, el Socialismo Budista encuentra la esperanza de un mundo mejor en el desarrollo de la figura del Ser Iluminado, que es el modelo universal para el cambio social utópico.

El Maitriyana recurre a Marx para fundamentar que la perspectiva del Comunismo Maoísta constituye la mayor traición al núcleo de la dialéctica social revolucionaria, pues carece del horizonte utópico de la desalienación y del Camino al ser humano nuevo. En cambio, en la cosmovisión del Socialismo Budista acontece una liberación del ciclo de repetición del sufrimiento y opresión, dando paso a un nuevo ciclo de sanación y emancipación.

En concordancia con Bloch, el Maitriyana confirma que el Reino de la Liberación no es un retorno al pasado sino más bien es el Éxodo hacia la Tierra Pura que se construye en cada paso del Camino Espiritual. Al posicionar al Marxismo Verdadero en esta senda utópica de Salvación y Transformación del mundo, el Socialismo Budista reinterpreta la propia tradición comunista y así corrige para siempre al Maoísmo como un Socialismo Falso y Genocida. Precisamente, el Comunismo Maoísta anula al denominado ser-en-la-posibilidad, lo cual significa que representa la muerte de la utopía de la humanidad futura en el Reino de la Liberación.

El Maitriyana reinterpreta al Marxismo a partir de la resurrección de sus potencialidades utópicas, pero simultáneamente desarticula las ilusiones y falsedades del Comunismo vulgar maoísta obsesionado con la riqueza material, la represión de la democracia y la aniquilación de las diferencias sociales. Ciertamente, el Socialismo Budista es un movimiento utópico de transformación planetaria que desempeña la función de transmitir un nuevo horizonte de desarrollo y evolución para la humanidad del futuro.

Las obras de Gautama y Bloch han contemplado a través de vías distintas un mismo objetivo social, que es la esperanza de un futuro de Liberación y Salvación de la humanidad frente a un pasado de opresión y genocidio. Este inspirador proyecto del Maitriyana abre la posibilidad de un nuevo presente, considerando que si los pueblos deciden actuar con vigor en el aquí y ahora entonces pueden liberarse de las garras de Estados totalitarios como el del Comunismo Maoísta. Incluso aunque estas fuerzas del mal hayan producido cientos de millones de muertos, todavía no han vencido definitivamente a la Humanidad del Futuro, la cual crea las condiciones de su acontecimiento por medio de las acciones presentes del Ser Libre e Iluminado, quien siempre está nutriéndose de las imágenes de los antepasados oprimidos para así autosacrificarse por la misión mesiánica de emanciparlos.

Ciertamente, la misión del Socialismo Budista es fundamentalmente radical, siendo opuesta a las tesis del Nazismo y Comunismo Maoísta-Stalinista, cuyas catástrofes genocidas fueron programadas y realizadas de forma sistemática y generalizada. De este modo, el Mesianismo del Maitriyana no es más que una respuesta utópica frente a una era de crisis y decadencia de la civilización global liderada por el capitalismo de amigos y el comunismo maoísta. La Espiritualidad de la meta utópica del Socialismo Budista es precisamente conducir al ser humano hacia el conocimiento cumbre de la vida, posibilitando y anticipando su Liberación. Según el Maitriyana, la utopía de un mundo mejor es el punto de inflexión en el que los pueblos inscriben a la ética y la rectitud en el Propósito práctico de la política y la civilización, lo cual garantiza el acceso a la libertad individual y el compromiso social. Precisamente, la dirección adecuada para construir este horizonte iluminativo debe ser la práctica revolucionaria en la vida cotidiana, edificando la misión desde abajo hacia arriba, en lugar de someterse al cumplimiento de mandatos gubernamentales opresivos que vienen desde arriba hacia abajo. La meta revolucionaria del Socialismo Budista es que todas las personas aprendan el conocimiento utópico de la Liberación, y no que toda la sociedad simplemente acate órdenes del Estado, siendo este concepto una de las principales críticas que se pueden realizar al Falso Marxismo del Comunismo Maoísta-Stalinista dedicado a controlar la totalidad de la vida del pueblo en lugar de educarlos para vivir una existencia libre y responsable.

En concordancia con Marx, el Maitriyana no espera que las condiciones para transformar el mundo sean dadas por los gobiernos, sino que directamente impulsa a la sociedad a producirlas. Esto se debe a que los Estados, especialmente aquellos que son tiránicos y despóticos como el Comunismo Maoísta, están obsesionados con el culto a la riqueza material en lugar de buscar resolver los problemas sociales y promover la autonomía de las personas. En este sentido, el Comunismo Maoísta es una herejía en comparación con la utopía marxista revolucionaria, pues la Revolución Cultural China no ha sido más que una apertura a la historia de los genocidios, convirtiendo a las masacres de millones de personas en el nuevo status quo de oscuridad.

El Socialismo Budista critica el fetichismo de la mercancía que caracteriza al Comunismo Maoísta, el cual enajena al ser humano de toda dignidad intrínseca al reducirlo a un mero objeto de consumo y control del Estado. Frente a este Imperio del Mal, el Maitriyana propone el modelo de civilización utópica como antídoto fundamental que cristaliza la desalienación. Se trata de una utopía libertaria que muestra el Camino para luchar adecuadamente contra la codicia, el odio y el engaño de los Estados autoritarios. Obviamente, esto requiere que las personas se vacíen y desaprendan todas las ilusiones y adoctrinamientos que han recibido de los gobiernos, especialmente de aquellos que apoyan el militarismo.

El Socialismo Budista impulsa la transformación de la matriz del mundo para que la comunidad internacional deje de ser una mera reglamentación de producción y consumo y entonces pase a ser una civilización de empatía y evolución. Esta esperanza utópica no es una simple expectativa de futuro, sino que más bien se trata de una profunda práctica de crítica constructiva frente a las ilusiones de progreso de los Estados, por lo que el Propósito Utópico del movimiento libertario del Maitriyana definitivamente consiste en guiar a las personas para que alcancen el Despertar del sueño impuesto por los poderes sociales.

El pensamiento del Comunismo Maoísta tiene una incapacidad estructural para realizar el potencial utópico del ser humano y formular un proyecto revolucionario de Liberación, pues su pensamiento se caracteriza por ser estático y no dialéctico, bloqueando la construcción de un porvenir mejor por medio de actitudes antidemocráticas. La filosofía materialista, atea y nihilista del Comunismo Maoísta sólo busca controlar a la sociedad, en lugar de acceder al ser humano nuevo que proponen el Socialismo Budista y el Marxismo Utópico. Efectivamente, esta represión del devenir del futuro es realizada por medio de secuestros, torturas, violaciones, asesinatos y venta de órganos de millones de personas, por lo que indudablemente el Comunismo Maoísta conforma la dimensión política de la maldad en el mundo, buscando extinguir la esperanza de un futuro mejor.

En concordancia con Marx, el Maitriyana tiene una filosofía del Nuevo Ser Humano, siendo un pensamiento orientado a la transformación del mundo pasado y que simultáneamente instaura una apertura al mundo del futuro. Esta actitud contemplativa libertaria requiere producir una ruptura con el status quo del presente, despertando las más nobles potencialidades de autorrealización y autotrascendencia del ser humano tanto en el punto de inicio psicológico como en el horizonte político. En definitiva, la esencia del Socialismo Budista es el porvenir, siendo el Ser Libre e Iluminado la anticipación creativa de la evolución humana.

La filosofía social del Maitriyana requiere la reorganización de las categorías centrales de la humanidad en torno al concepto de construcción del futuro, que es precisamente el lugar desde donde proviene el Ser Despierto para autogenerar una humanidad libre e iluminada. Este es el motivo por el cual el Socialismo Budista aún encuentra esperanza para el mundo, continuando afirmando que el horizonte utópico de todo el proceso global es el emerger de un auténtico nuevo ser humano que ponga fin a la repetición infernal del sufrimiento.

En esta clarificación libertaria de lo que verdaderamente es el Utopismo, el Maitriyana evanesce las ilusiones del Comunismo Maoísta cuyo programa político finge ser revolucionario cuando en realidad no es más que un avance autoritario del Poder elitista que oprime al conjunto de la sociedad a través de medidas genocidas que son contrarias al Imperio de la Ley.

El Socialismo Budista pone fin al dualismo entre la humanidad y su Propósito (Dharma), entre el Ser y el Deber, inaugurando un Utopismo cargado de realismo que anticipa al futuro en el aquí y ahora de forma concreta. En efecto, en la utopía del Maitriyana se encuentra el suelo para poder sembrar el bien y la reconciliación en el mundo, despertando de la ilusión del destino fijado por el Poder establecido y construyendo conscientemente una nueva historia de libertad. Por ello, el Socialismo Budista promueve la resistencia a los Estados burocráticos y genocidas, bendiciendo a los grupos que establecen disidencias clandestinas, como son los casos del Pueblo Tibetano, la Comunidad Falun Gong, el Pueblo Islámico Uigur y la Comunidad Cristiana China.

El Utopismo del Maitriyana y su esperanza de una civilización empática se convierte en la principal línea de resistencia frente al orden burocrático y genocida del Comunismo Maoísta-Stalinista que imaginariamente se autoproclamó como socialista por simplemente destruir el orden social antiguo en lugar de construir una utopía de democracia directa. Incluso, el Socialismo Budista no considera que la llegada de un Salvador pueda realmente producir una reforma del mundo, pues la humanidad por sí misma es la que debe salvarse y evitar la decadencia de la civilización. En este sentido, el Ser Despierto y Salvador indudablemente ayuda a construir un Cosmos Ético, aunque siempre tiene en cuenta que no es quien efectivamente lo construye, en tanto que esta responsabilidad fundamental le compete a la humanidad.

Para el Maitriyana la revolución verdadera es un proceso cósmico que no obedece a las limitaciones del materialismo, por lo que debe trasladarse no sólo a cada lugar del espacio sino también a cada momento del tiempo, en tanto que los efectos presentes de un Ser Libre e Iluminado en el aquí y ahora repercuten plenamente tanto en el futuro como en el pasado. De este modo, el Socialismo Budista tiene un Propósito emancipador de la humanidad, practicando la obra revolucionaria de la Liberación de las generaciones oprimidas de la historia y también de las generaciones dominadas del porvenir. El Ser Despierto y Salvador es entonces el sujeto del conocimiento cumbre que combate a los Estados que esclavizan a las personas, entregando y autosacrificando su vida por la misión redentora para que los pueblos vencidos y oprimidos puedan liberarse, y así la humanidad pueda tener descendientes libres e iluminados.

El Maitriyana vive en el Camino pleno del aquí y ahora, evanesciendo los obstáculos tanto del pasado como del futuro, pues el presente es transformado en la instancia en la que se puede comenzar una Tierra Pura ahora mismo. Esta reconciliación con el presente es el origen de la verdadera revolución permanente, pues la meditación libertaria tiene el poder de resucitar lo mejor de la historia, y también el poder de profetizar lo mejor del porvenir.

El Socialismo Budista reivindica una síntesis entre el Marxismo Utópico y la Espiritualidad, pues mientras el primero inserta la redención en la transformación que posteriormente vendrá, en cambio el segundo inserta la Salvación en el retorno a lo que previamente fue. En este sentido, el Maitriyana proporciona el secreto de la síntesis del presente pleno de la persona que ha liberado su potencial mente despierta.

El Socialismo Budista pretende que toda la humanidad despierte de la pesadilla del materialismo, tanto capitalista salvaje como comunista maoísta, en tanto que una civilización obsesionada con la acumulación de mercancías y poder está dirigida a la catástrofe y el genocidio. De esta manera, el Despertar de los sueños que impone el materialismo es la revolución más grande que existe, siendo el progreso de la paz y la justicia en el mundo. En el Mesianismo adecuado del Maitriyana no se promueve la esperanza pasiva en la llegada de un Salvador, sino que más bien se produce una metamorfosis activa de esta función redentora, pues el Salvador no es aquel que salva a la humanidad sino que más bien sería aquel que enseña a la humanidad a dejar de sufrir y salvarse por sí  misma, haciendo posible la inauguración simultánea del fin de la antigua civilización materialista y del inicio de la nueva civilización despierta.

Dentro del espíritu del Socialismo Budista se conserva el mejor legado de la Espiritualidad de China, como las sabidurías del Taoísmo, el Confucionismo y el Budismo Zen, además de que se conserva el mejor legado socialista utópico de Occidente al valorar al Marxismo, lo que lo lleva a denunciar a la Dictadura China como un régimen maligno. La función utópica, profética y mesiánica del Maitriyana lo lleva a criticar profundamente a políticas autoritarias y genocidas como las del Fascismo Nazi, el Comunismo Stalinista-Maoísta y el Capitalismo Imperialista, produciendo el Despertar de un nuevo modo recto y adecuado de transformar al mundo.

En conclusión, el Tribunal Budista de Derechos Humanos tiene el Propósito (Dharma) de proteger el legado espiritual y cultural de la Civilización Budista, protegiendo los valores fundamentales de la paz, la justicia, la educación y la salud, juzgando y sentenciando éticamente a aquellos que cometen crímenes internacionales contra la sacralidad de la vida. Siguiendo al Maestro Gautama, quien en desarrolló un modo de civilización que llegó desde India hasta la Antigua China, el Tribunal Budista de Derechos Humanos supervisa que las instituciones no atenten contra la ética, los derechos humanos y las enseñanzas budistas, y que nunca estén aliadas a las fuerzas del mal en el mundo, por lo que se ha sentenciado a la “China Buddhist Association” como Responsable de Genocidio, Crímenes contra la Humanidad y Limpieza Étnica.

Con espíritu de reconciliación (maitri),

S.E. Maestro Maitreya Samyaksambuddha

Presidente y Juez Espiritual del Tribunal Budista de Derechos Humanos

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